SI VALLE-INCLÁN hubiese estado entre nosotros y hubiera querido desarrollar en el estilo literario que él creo lo acontecido en el mal llamado Día de la Constitución, en su trigésimo aniversario, capaz que no le habría salido tan profundamente esperpéntico.
Un tal Sr. Tardá, a la sazón diputado en el Congreso por la izquierda republicana de Cataluña (en catalán ERC), utilizó ese día para, con sus huestes, quemar ejemplares de la Constitución española, imprecar al Tribunal Constitucional, imprecar al presidente del Congreso y gritar (no sé si como fin del aquelarre) a pleno pulmón: "¡Viva la República! ¡Muerte al Borbón!".
Siendo esperpéntico lo anterior, desde el punto de vista de quienes sentimos y respetamos la Constitución, a pesar de sus imperfecciones y ambigüedades, el esperpento ha crecido en los días sucesivos con declaraciones del presidente del Congreso, Sr. Bono. Éste ha venido a justificar lo actuado por el Sr. Tardá en razón a que él, el Sr. Bono, siempre que pueda protegerá a los diputados. ¿Acaso considera que su función como presidente del Congreso es proteger a los diputados en plan corporativo? El artículo 71.1 de la Constitución, "celebrada" en el Congreso con la presencia del Rey (el Borbón) y vilipendiada por el Sr. Tardá con sus huestes en Cataluña, dice: "Los diputados y senadores gozarán de inviolabilidad por las opiniones manifestadas en el ejercicio de sus funciones". ¿Acaso lo vomitado por el Sr. Tardá era una manifestación en el ejercicio de sus funciones?
Pero es más. Al tratar de justificar al Sr. Tardá, el presidente del Congreso dice que aquel se expresó como lo hizo porque es un hombre primario. Supongo que lo decía considerando al Sr. Tardá "primitivo, poco civilizado". Y que le había confesado que cuando dijo "¡muerte al Borbón!" se refería a Felipe V. ¡Manda huevos!, hubiese dicho el Sr. Trillo. Muerte a alguien que lleva criando malvas desde su fallecimiento en Madrid el 9 de junio de 1746. Si tal le confesó al Sr. Bono, viene a deducirse que el Sr. Tardá es, además de un hombre primario, un primario (primero en orden) en cobardía.
Ha de ser que el muy católico, apostólico y romano Sr. Bono, presidente del Congreso, y fiel a la doctrina religiosa, se ha sentido confesor del "primario" Sr. Tardá y le ha absuelto de los pecados de "lesa constitución" y de "lesa majestad".
De cualquier forma, el más esperpéntico ha resultado ser el Sr. Bono, por muy presidente del Congreso que sea, o quizás por ello, al manifestarse como lo ha hecho respecto a lo actuado por el primitivo Sr. Tardá. Éste, si no fuese por su muestra de cobardía al tratar de desdecirse del sentido que realmente había manifestado, estaría a lo suyo: en el republicanismo y contra la monarquía. Y por añadidura contra la Constitución y todo lo que de ella deviene. Pero eso, también habría de llevarle a renunciar a su acta de diputado; porque aunque fuese "por imperativo legal" prometió cumplir y hacer cumplir el contenido de la Constitución.
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