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Mujeres maltratadas

12/dic/08 07:35
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AUNQUE parezca mentira, en el siglo XXI continúa dominando el patriarcado en los pueblos occidentales, y no digamos de los países orientales, donde en muchos de ellos la mujer es un ser dominado de tal forma que hasta se le exige salir a la calle cubierta de la cabeza a los pies. Claro que así no se les deja margen a los varones mal pensantes.

Aquí es donde radica el dominio desde los tratos psicológicos o los físicos dentro de la pareja. Y subrayemos las actuales posturas que encierran las mismas actitudes y contenidos que los medios de comunicación publicitarios y cinematográficos ponen de relieve, haciendo de la mujer una imagen frívola y siempre pronta para la ocasión de cualquier ejemplo que dé margen a la degradación.

La experiencia demuestra que al final se acaba recurriendo, en la mayoría de los casos, a un asesor clínico. No estimo que no sea necesario, pero, en general, lo que se deriva a ese lugar es la falta de fe y religiosidad de las personas. Si no hay fe en Dios flaquean las fuerzas y entra a la palestra la falta de espíritu de sacrificio y confianza que las parejas deben aportar a la convivencia. Máxime cuando ese malestar se produce entre la pareja con alta dosis degradante y ofensiva del contrincante agresor, si el enemigo vive bajo el mismo techo. Para la mayoría es un horror pensarlo seriamente, pero en muchísimos hogares, por desgracia, está presente un enemigo en potencia.

Muchos se preguntarán cuál es la causa que desencadena esta situación y sentirse obligada a tener que convivir con su propio enemigo y además compartiendo mesa y lecho. Lejos de entender psicología clínica, a nadie se le escapa que influyen varios aspectos psicológicos, llamados por distintos nombres científicos que al final se podrían resumir en un mismo factor denominador: malos tratos.

Todo en la vida viene enlazado por eslabones de una cadena, pero a este tipo de cadenas hay que meter tenazas pro medio cuanto antes. Entre esta clase de personas se pone de manifiesto el mismo perfil psicológico anteponiendo a sus respectivas excusas: la prepotencia de los celos que generan envidia y venganza, la ira incontrolada que elabora tensión interna, la confusión, los fracasos de cualquier tipo, los problemas familiares y sociales que se arrastran y se pueden abordar desde la infancia, y un sinfín de causas que motivan este comportamiento agresivo y al final injustificado. ¿Por qué? ¿Quién no ha sufrido alguno de estos trastornos patológicos en su vida?

Creo que muy pocos escapan de su realidad, sin contar con los múltiples vicios que aporta la vida social, tan perjudiciales como los anteriores. Este cúmulo de elementos da origen a esta presión, que luego, como una olla a vapor, explota sobre el ama de casa, madre, esposa, compañera y obrera también fuera del hogar, sin reconocer su merecido.

Una mala estructura termina por caerse por su propio peso si no sabemos o no podemos apuntalar a tiempo. Pero cuando la casa está muy deteriorada, habrá que salir de las cuatro paredes aprisa para no quedar atrapada sin vida entre los escombros. Esta es una metáfora que, por desgracia, se ha hecho realidad en muchos casos. Por lo cual es hora de poner manos a la obra, nunca mejor dicho, y edificar de nuevo; no hay otro remedio.

Pero lo principal después es abordar el problema de las necesidades económicas y psicológicas y no dejarse caer por inercia entre los mismos materiales. Hay que dar un tiempo a las cosas; solucionarlas y sanearlas, para no salir corriendo de la propia casa y meterse en la del primer postor que ofrece el oro y el moro. Dar prioridad al cuidado y seguridad de los hijos, que son los más vulnerables y más perjudicados, evitándoles secuelas para que no vuelvan a reproducir nuevos maltratadores en el futuro.

Todo es cuestión de respeto y educación. Claro que siempre se necesita ayuda. Hay que dar las gracias a la intervención del Gobierno a través de las políticas sociales, con magníficos equipos en el área de la violencia de género, que han tenido la sensibilidad de poner su propio hombro para que muchos rostros de mujeres derramaran sus lágrimas.

Me parece que no hay manera humana de poner fin al problema de mujeres maltratadas si no es llevando a los agresores y agredidos ante los tribunales con la correspondiente retahíla propia de los trapos sucios. Se me escapan cifras estadísticas de tanto abuso, pero lo que no ignora nadie es lo exhaustos que están los juzgados de tanta saturación por denuncias familiares.

Si no ponemos pronto remedio, nos faltarán los calificativos para semejantes individuos. Y de no saber cómo arreglar este cúmulo de cosas, al final la presencia de agresores tendrá que aprender a enfrentarse con la entereza de mujeres heroínas.

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