Cultura y Espectáculos
HÉCTOR ALTERIO ACTOR

"Me siento más actor en el teatro; sobre el escenario estoy más vivo"

BENJAMÍN REYES, Tenerife
12/dic/08 7:34 AM
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Cuando uno piensa en teatro se le vienen a la cabeza una serie de nombres entre los que se encuentra por derecho propio el de Héctor Alterio (Buenos Aires, 1929), uno de los intérpretes de habla hispana más reputados en la actualidad. En las décadas de los 50 y 60 formó parte del movimiento del teatro independiente en Argentina, creando un caldo de cultivo para que actualmente Buenos Aires albergue más espectáculos teatrales que ciudades como Madrid o Londres. En 1974 presentó en el Festival de San Sebastián la película "La tregua", filme que le acarreó la amenaza del grupo terrorista Triple A, por lo que tuvo que exiliarse en España, donde se ha granjeado una sólida carrera gracias a éxitos como "A un Dios desconocido" (1977), con el que consiguió la Concha de Plata en San Sebastián, o la obra "Yo, Claudio", por la que obtuvo el premio Max en 2005. Esta noche protagonizará en el teatro Leal de La Laguna, a partir de las 21:00 horas, un recital de poesía sustentado en poemas de Esteban Agüero y Felipe León y secundado por la guitarra del virtuoso José Luis Merlín.

-¿Un monólogo es el mayor reto al que se puede enfrentar un actor?

-No son exactamente monólogos lo que voy a hacer sino recitar poemas de León Felipe (1884-1968). Se asemeja con un monólogo porque me enfrento solo ante el público interpretando a este poeta maldito español, que se exilió a México y que no obtuvo el reconocimiento como otros colegas suyos contemporáneos. Durante mi adolescencia en Buenos Aires tuve contacto con León Felipe. Desde muy joven ejerció en mí una atracción perdurable.

-¿Por qué el espectáculo se titula "Como hace 3.000 años?"?

-Interpreto este espectáculo junto al guitarrista José Luis Merlín desde hace diez años y da título al recital un poema del escritor argentino Esteban Agüero (1917-1970). En este poema, Agüero expresa el deseo de que volvamos a lo que hacía Homero hace tres mil años, que recitando sus poemas nucleaba a mucha gente a su alrededor. Es una intención de deseo y un poco fantasiosa. Es el único poema que difiere del resto porque todo lo demás gira en torno a León Felipe, cuyo poemario es una gama de versos cargados de metáforas. El espectáculo ha ido variando, antes interpretábamos poemas de Neruda. Tenemos la posibilidad de quitar y añadir cosas. Es un recital vivo en el que no hay nada consolidado.

-¿Qué importancia juega en la obra la guitarra de José Luis Merlín?

-Merlín es un virtuoso de la guitarra. Iniciamos juntos esta aventura hace diez años. La importancia de la guitarra hace que se enriquezca más la palabra. La guitarra no suena exclusivamente cuando recito los versos sino que también dispone de una serie de solos con obras escritas por él que le otorgan al recital un marco más completo y más atractivo.

-Su primera obra sobre un escenario fue "Cómo suicidarse en primavera" en 1948. ¿Qué recuerdos tiene de aquella época?

-Recuerdo un juego, un divertimento. El inicio de una vocación. Era adolescente, vivía en mi país ajeno a todo lo que no fuera teatro. Un deseo de actuar se despertó en mí mucho antes, en mi época escolar. Ya había hecho travesuras teatrales antes de "Cómo suicidarse en primavera".

-El periodo que estuvo al frente del grupo Nuevo Teatro entre 1950 y 1968, ¿ha sido el más fructífero de su carrera?

-En esta etapa se asentaron mis planteamientos estéticos e ideológicos. Entonces conocí a importantes autores del quehacer teatral. Fueron casi veinte años donde se consolidó mi profesión y donde encontré un sentido a mi vida y un enriquecimiento cultural. Nuevo Teatro fue una de la treintena de compañías que integraban el movimiento de teatro independiente. Cada una tenía sus propios alineamientos estéticos en un momento en el que Argentina estaba gobernada por el peronismo. Ejercíamos nuestra profesión sin darnos cuenta de lo que significaba. El enriquecimiento no sólo fue para nosotros sino para el público que asistió a los montajes. Era un momento en el que Perón ejercía una fuerza fundamental y nuestra importancia se solidificó mucho tiempo después. Hoy todavía da frutos en Argentina.

-¿Se siente más actor en el teatro?

-Sí, porque me siento patrón de mi trabajo. Siento la responsabilidad de que cada noche personas distintas paguen una entrada para ver mi actuación. Aunque tenga doscientas representaciones a mis espaldas tengo que estrenar esa obra para esas personas que se acercan por primera vez y se sientan en una butaca para esperar que los movilicen de alguna manera. Esa responsabilidad me da a mí la base fundamental de mi trabajo, cosa que no ocurre en el cine ni en la televisión. En el teatro estoy más vivo y más dueño de mi trabajo.

-Una frase que repite mucho es que "los actores son materiales descartables".

-Esta frase cabe fundamentalmente en televisión. Es un medio en el que siempre existe la posibilidad de reemplazar inmediatamente a un actor por otro. Los actores no tenemos nuestro trabajo programado como los tenores.

-¿Lleva más de cincuenta años siendo otra persona?

-Yo siempre soy el mismo. Lo que ocurre es que en mi profesión se juega a ser otra persona igual que cuando éramos niños jugábamos a ser policías y ladrones. Siempre me gustó hacer de alguien que transgrediera, que "molestara". Sigo jugando a ser otra persona.

-¿Se considera la cara del teatro y el cine argentinos?

-No (risas). Eso son títulos de los que no creo haberme hecho acreedor. Soy un trabajador de esta profesión y trato de hacerlo con la mayor honestidad posible. Mi único objetivo es que el público crea en lo que hago. Ahí está la base de todo. Lo demás no importa.

-Sus dos hijos, Malena y Ernesto, también son actores. ¿Qué actitud ha tomado usted ante la continuación de la saga familiar?

-Al principio no tenía ningún interés en que siguieran esta profesión. Deseaba denodadamente que tuvieran un basamento que yo no tuve. Cuando consiguieron esa base tuve que aceptar sus deseos y afortunadamente les fue bien. En este momento me siento muy tranquilo de cómo están encarando la profesión.

-¿Cómo ha sido trabajar junto a su hijo en la serie "Vientos de agua" o en la película "Semen, una historia de amor"?

-Nos divertimos mucho cuando trabajamos juntos. Como resultado de este encuentro surgen, inevitablemente, códigos familiares.

-En 2005 recibió el premio Max por su rol en "Yo, Claudio", ¿considera que ha sido uno de sus mejores papeles?

-Ese papel tuvo una trascendencia realmente importante. Ese premio fue un reconocimiento a mi trabajo. Si esa ha sido mi mejor interpretación, espero poder superarme. Espero repetir con su director, José Carlos Plaza.

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