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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Una oportunidad para la progresía local

12/dic/08 07:34
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LLEGA en un momento muy oportuno la decisión de la Consejería de Bienestar Social sobre los niños de los cayucos. Quiere Inés Rojas buscar familias canarias que acojan a estos menores. Me rebosa de la memoria la lista de quienes se han rasgado las vestiduras, además de proferir gritos de escándalo, siempre que alguien del Gobierno de Canarias ha dicho que la capacidad de la Comunidad autónoma para acoger a tales niños está al límite. El más virulento de esta tribu de fariseos llegó a ridiculizar a Adán Martín cuando afirmó, siendo presidente, que la atención de cada uno de ellos le supone 30.000 euros al año a las arcas regionales. Para mayor mofa, mencionó que si a una familia le costase tal cantidad de dinero cada una de sus hijos, mal andaríamos. No analizó, porque le interesaba que así fuese para su discurso desacreditador, que los hijos de una familia normal están atendidos por sus padres las veinticuatro horas del día durante los 365 días de cada año. De un menor inmigrante no acompañado, en cambio, han de ocuparse varias personas en ese mismo tiempo; es decir, con numerosos turnos laborales para que nunca esté desatendido. Personas, por lo demás, que requieren una preparación técnica para realizar su trabajo; justo es que también aspiren a una remuneración acorde con su formación. Todo ello sin considerar que dichos jóvenes necesitan una formación especial, habida cuenta de que no han estado integrados en el sistema educativo tradicional.

Estamos ante una gran oportunidad, insisto, para que el bocazas de la tribu, así como toda la caterva adicional de plumillas que le han cogido el gusto a los términos racismo y xenofobia -delitos de los que acusan sin mesura a cuantos discrepan de sus ideas-, hagan el gesto altruista de amparar en sus casas a estos menores. Espacio seguro que no les falta; la mayoría habita en amplias viviendas, pues desde que Boyer y la Presley estrenaron una casa con dieciocho cuartos de baño y calefacción en la caseta del perro, el socialismo, y el progresismo no están reñidos con la buena vida.

Eso, por una parte; por otra, cabría asombrarse ante el hecho de que no sea posible la reagrupación de estos niños con sus padres en África. No será porque no están localizados. Algunos -diría que muchos, pero lo dejo en algunos- hablan con sus progenitores por teléfono al menos una vez cada semana. El problema no está, por consiguiente, en la localización de los padres. Asunto distinto es que esas personas resulten idóneas para retomar la custodia de sus hijos. Cuesta pensar que sean buenos padres y buenas madres quienes meten a su vástago en un cayuco, con una travesía de mil kilómetros en mar abierto por delante. Pero claro, en este punto ya estoy cruzando la línea de lo políticamente correcto. Corrección esta -lo repito por si alguien todavía no se ha enterado- que me paso a diario por el arco de triunfo. Decir que es un mal progenitor quien embarca a su hijo para un viaje dramático resulta inadecuado por una razón esencial: desbarata el argumento de que todos los buenos están en África, y todos los malos en este lado de la orilla. La realidad es que buenos y malos los hay en todas partes. También aquí. Por eso estoy seguro de que los progres vernáculos ya están haciendo cola para asilar a estos menores.

rpeyt@yahoo.es

 

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