1.- Los empresarios del Sur acaban de contar a este periódico lo que yo vengo diciendo durante años. Sencillamente, que llegará un día en que nadie quiera invertir en Canarias, a causa del desastre de normativa urbanística que rige en las islas. Los padres de la autonomía, sus primeros legisladores, no advirtieron que iban a coexistir demasiados poderes en este territorio: el municipal, el insular, el autonómico y el estatal. Dije en su día (pero a mí nadie me hace caso) que Canarias disfrutaba de una autonomía singular antes de la autonomía oficial. Yo soy cabildista y por eso sostengo que los cabildos insulares hubieran sido el mejor gobierno para Canarias, con unificación de doctrina y de gobierno establecida por una mancomunidad fuerte y bien dotada económicamente. Se perdió una oportunidad histórica y se redactó y aprobó el Estatuto de Las Cañadas, que no ha hecho otra cosa que añadir gasto público, cuando los cabildos y su mancomunidad podrían haberse adaptado a los estatutos históricos y no a los de segunda vía, como fue el caso.
2.- Los empresarios del Sur, integrados en el Círculo que preside Pedro Suárez , otro ejemplo de self made man, se lamentan de que siempre acaban en los juzgados, aún haciendo las cosas bien, porque las normas contradictorias los conducen al Código Penal. Tienen toda la razón. Un país con reglas sencillas, e incluso no escritas, como ocurre con casi todos los anglosajones, funciona mucho mejor que otro -el latino- metido en un laberinto de leyes farragosas, contradictorias e incomprensibles. Suscribo, pues, la desazón de los empresarios sureños, preocupados por su futuro.
3.- Ahora que se habla de reformas de estatutos, reconducir la autonomía me parece imposible. Sencillamente porque Madrid no entiende nunca nada cuando los asuntos se refieren a Canarias. Seguimos estando muy lejos del núcleo del Estado; por eso comprendo también las voces que claman la soberanía de las islas. Son voces absolutamente respetables, a la vista de la incomprensión y la desidia que mueve a España con Canarias. Porque nuestra sociedad, pacata, tradicional y españolista, todavía se asombra cuando se disocia a España de Canarias. Ya lo hizo Simón Bolívar el día que pronunció aquella famosa frase durante un asedio contra tropas españolas: "Españoles y canarios, contad con la muerte". Pues eso. A lo mejor es que no somos los mismos.
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