NACHO MARTÍN, S/C de Tfe.
Ni las reuniones de último momento lograron ayer evitar una de las mayores paradojas que se pueden dar en una democracia parlamentaria: que los grupos que apoyan al Gobierno, incluidos los miembros de éste que son diputados, voten en contra de la posición de ese Ejecutivo en la tramitación de una iniciativa sin que nada ocurra. En este caso la iniciativa era la que había presentado la federación Ecologistas en Acción para limitar drásticamente la construcción en Canarias de nuevas plazas alojativas de carácter turístico.
El proyecto, que tenía el respaldo de 45.000 firmas, venía avalado por un informe gubernamental a favor de admitir a trámite un texto que, pese a todo, consideraba que podía causar importantes perjuicios a las arcas de la Comunidad autónoma. A la hora de la verdad, sin embargo, nacionalistas y conservadores, que sustentan al Ejecutivo, votaron en contra, pero lo hizo incluso su presidente, que fue quien propuso dictaminar en favor de la tramitación. Toda una paradoja con explicaciones para todos.
Para los socialistas y los proponentes, se trata de una incoherencia manifiesta entre el presidente del Gobierno, Paulino Rivero, y los grupos que lo mantienen en el poder que habría obligado al primero a ceder para no escenificar dicha división. Según esta tesis, la falta de apoyos de Rivero lo obligaría a presentar su dimisión inmediata.
No es ésta la que manejan nacionalistas y conservadores ni el Ejecutivo. Para ellos, el informe se manifestaba a favor de admitir la proposición de los ecologistas si se tramitaba conjuntamente con la denominada Ley de Medidas Urgentes para evitar una contradicción con esta norma.
Las diferencias entre esos grupos y el Gobierno habrían sido de matices y siempre en CC, donde un grupo de cinco diputados habría forzado la búsqueda de un acuerdo infructuoso con los socialistas, una negociación liderada por José Miguel González. El ofrecimiento se basaba en el principio de un voto unánime a favor del proyecto si el PSC consentía después en tramitarlo posteriormente de forma conjunta con la Ley de Medidas Urgentes.
La aparente contradicción intentó ser salvada por el propio Rivero, que convocó a los medios de comunicación tras celebrarse la votación en la que se dio carpetazo a la iniciativa para explicarse.
El presidente defendió que su rechazo final al proyecto ecologista se debía no a la oposición de quienes lo apoyan, sino a la postura de los socialistas quienes, con su negativa a acumular ambas leyes -para lo cual era necesaria la unanimidad-, habrían imposibilitado la votación favorable por parte del resto de la Cámara.
"Es una cuestión de racionalidad parlamentaria -dijo-. El Parlamento tiene ahora mismo dos leyes orientadas al mismo fin y lo lógico es que no se debatan por separado", añadió.
Más allá fue el portavoz de los nacionalistas en la Cámara, José Miguel Barragán, quien calificó de "chiste" el argumento de los socialistas de que la votación evidencia la falta de apoyos del presidente.
Tras recordar que en otras ocasiones los diputados de CC y PP han votado en contra de un informe del Gobierno -como en la iniciativa para regular las antenas de telefonía móvil-, aseguró que "si no iba a tramitarse la ley de manera conjunta, no íbamos a aceptar".
En la misma línea, el diputado popular Miguel Jorge Blanco incidió en que el documento emitido por el Gobierno "es más amplio de lo que dicen el PSC y los ecologistas y aconseja votar a favor si se dan unos condicionantes que no se han dado", añadió.
Para los socialistas, en cambio, la situación que se produjo ayer en el salón de plenos es de una "gravedad extrema". El portavoz, Blas Trujillo, puso un ejemplo: "Imagínese que el presidente del Gobierno -en referencia a José Luis Rodríguez Zapatero- insta a votar a favor de un proyecto de ley y su grupo vota en contra. Al día siguiente se le pediría la dimisión", aseguró.
Utilizando el paralelismo entre ambas situaciones, Trujillo defendió que Rivero se habría quedado con "las vergüenzas al aire" al no contar "ni siquiera con el apoyo de su grupo", lo que dejaría en evidencia que "quien maneja los hilos es el señor Soria -el vicepresidente del Ejecutivo-", añadió, para mostrarse convencido de que la votación supone que el presidente "está contra las cuerdas".
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