Según datos facilitados por el Ministerio de Sanidad, el número de abortos en España durante el año 2007 fue de 112.138. Un 10,38% más que en 2006. El principal motivo declarado fue el riesgo para la salud física o psíquica de la madre, con 108.690 casos. Estos datos se han publicado mientras una subcomisión parlamentaria se halla reunida para estudiar la reforma de la ley del aborto.
Ante estas alarmantes cifras, es fácil deducir que la actual ley del aborto es un "coladero" para que las mujeres que lo deseen puedan abortar impunemente con el respaldo legal. Por lo tanto, la nueva ley que se pretende redactar no ha de constituir un mayor coladero para despenalizar el aborto o, lo que es peor, hacerlo desaparecer del Código Penal, aunque es previsible que así sea, pues la citada subcomisión parlamentaria carece de la necesaria credibilidad representativa de todas las sensibilidades de nuestra sociedad, ya que en ella se echan en falta representantes de organizaciones pro vida, pro madres, confesiones religiosas, etc., que algo podrán aportar. Su ausencia parece indicar que no se pretende analizar en profundidad la cuestión del aborto, la problemática que subyace, las causas que lo producen, la proposición de ideas o soluciones nuevas, muchas de ellas por explorar, sino, más bien, se pretende ver en qué modo, de qué manera, cómo y cuándo es posible ampliar y ejercer lo que falsamente se defiende como un supuesto derecho de la mujer. Para ello, basta ver que la composición de esta "comisión de expertos" ya desvela la dirección inicial del trabajo y hacia cuál parece ser la tendencia de la decisión final: una generosa ley que permita a las mujeres matar impunemente a un ser inocente sin que sea necesaria una razón.
Una ley de plazos como la que se pretende redactar para facilitar más aún -si cabe- el aborto no solucionará el grave problema de la concepción involuntaria, del embarazo imprevisto y su "solución" mediante el aborto. Las iniciativas que han de tomarse deben ir encaminadas en tres direcciones: la primera, ofreciendo una eficaz formación afectivo-sexual a los adolescentes y jóvenes, de modo que adquieran adecuada y responsablemente algo tan importante como es su capacidad de amar, su afectividad y sexualidad. En segundo lugar, pasaríamos al caso en que, si a pesar de esa formación, una mujer se viera en la situación de un embarazo no deseado, en la circunstancia que fuera, la sociedad debería contar con personas e instituciones adecuadas capaces de proporcionar a esta mujer asesoramiento, acogida y ayudas necesarias. Por último, sería necesario profundizar en políticas tendentes a proteger la maternidad y también la paternidad, la protección y cuidado de la mujer gestante, la protección y tutela del nasciturus, así como una mayor cobertura, centros de atención y ayudas económicas, laborales, sociales, etc., a las familias con hijos, especialmente en los primeros años de vida de estos, que son precisamente, los que suponen para las familias un gran esfuerzo en todos los sentidos: farmacia, guarderías, colegios, ayudas en el hogar...
En el debate del aborto no sólo hay que considerar el conflicto personal, social, laboral, psicológico, familiar, etc. que un embarazo no deseado produce en la mujer, sino también el nuevo ser humano en gestación, que suele ser el gran olvidado o despreciado. Un ser humano concebido que tiene derecho a tutela y protección. Por consiguiente, la "comisión de expertos" debe velar para que nuestra sociedad sea capaz de proporcionar medios y caminos que protejan tanto a la madre como al niño. El derecho a la vida del niño gestante es un derecho fundamental y de primer orden que es preciso tutelar. No resulta ético eliminar una nueva vida con el aborto como medio anticonceptivo para solucionar un problema que puede encontrar solución por otros caminos respetuosos con la vida. Por ejemplo, donándolo en adopción.
Eliminar o contribuir a eliminar un ser en el útero materno, en el principio de la vida, con leyes permisivas, no es más que un síntoma de violencia, de embrutecimiento de la sociedad y de decadencia de una nación. Desde que se despenalizó el aborto en España, hasta ahora, se han destruido más de un millón doscientas mil vidas. ¿Es esto progreso?
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. Avda. Buenos Aires 71, S/C de Tenerife. CIF: A38017844.