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EDITORIAL

Ni el ?Gran? ni un nacionalismo constitucional

7/dic/08 07:22
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ILUSTRAN nuestro editorial de hoy un mapa y la reproducción de un texto. Ambos elementos son altamente significativos para demostrar que no hemos errado al elegir los dos pilares básicos que sustentan, desde hace meses, nuestra línea editorial. El primero es un mapa antiguo con una inscripción en latín que reza, traducida al castellano, "Islas Canarias, conocidas por otro nombre como Afortunadas", pues es eso lo que significa alia, deformado con el paso del tiempo en el alias de uso corriente hoy en día. Sin embargo, el detalle más importante de este mapa está en la denominación que recibe la isla tercera, identificada correctamente como "Canaria", y en absoluto como Grand Canaria, Grande Canaria o Gran Canaria. En principio, se trata sólo de un mapa más; uno de los muchos que avalan no sólo nuestras tesis sobre el auténtico nombre de la isla redonda, sino la autenticidad histórica acerca de una denominación. ¿Qué tiene de particular este mapa? Pues, ni más ni menos, que ilustra un almanaque de 2008, distribuido por el propio Gobierno de Canarias. Le bastaría al Ejecutivo autonómico -le bastaría también al Parlamento de Canarias, si es que a sus señorías les queda algún tiempo para hacer algo más que censurar la libertad de expresión y subirse los sueldos- con consultar no sólo este mapa, sino otros muchos para reconocer, no por la razón de la fuerza sino por la fuerza de la razón, que el "gran" es una engañifa. ¿A qué espera usted para reaccionar, don Paulino? ¿No comprende que la perpetuación del falso "gran" es un elemento que desune a los canarios?

Reproducimos también, como decíamos al principio, un texto perteneciente a un discurso pronunciado por David W. Fernández en el Concejo Municipal de Caracas hace algunos años. En él se recoge una frase, que se ha hecho célebre, de la Proclama de guerra a muerte firmada por Bolívar en junio de 1813: "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables". No es la única vez que Bolívar diferencia claramente a los canarios de los españoles en esa misma proclama. De hecho, la propia alocución va dirigida "a los españoles y canarios". Dicho texto incluye frases como "Un puñado de españoles y canarios, pretende con demencia detener el veloz carro de nuestras victorias...", así como "Nuestra benignidad, sin embargo, os convida nuevamente, españoles y canarios, a gozar de la felicidad de existir entre nosotros en paz y armonía". Más adelante afirma el libertador que "todos los españoles y canarios que se han presentado a nuestro ejército, han sido conservados en sus destinos y son tratados como americanos". Por otra parte, el texto que reproducimos también subraya la referencia a "las otras colonias de España: las islas Canarias y Filipinas" que hace Simón Bolívar en el Congreso de Panamá, celebrado en 1824.

Sabemos que esto no convencerá del estatus colonial de Canarias a los amantes de la españolidad de este Archipiélago, a los timoratos y a los nacionalistas teóricos. Sobre todo a estos últimos, entre los que destacamos hoy a Javier González Ortiz, reelegido presidente de CC en Tenerife. Afirmó el señor González Ortiz, a preguntas de Ricardo Peytaví en el programa Fin de Semana de EL DÍA Televisión, que CC no aspira a la soberanía porque no es un partido independentista sino nacionalista. ¡Qué mentecatez! Se equivoca, don Javier. Usted, y los que piensan como usted pese a que presumen de defender estas Islas, no son nacionalistas sino mercantilistas. Han engañado al pueblo miserablemente, pero no podrán prolongar el embuste mucho tiempo más. Cuando lleguen las próximas elecciones, sólo tendrán los votos de sus familiares y de los amigos a los que han enchufado. No se olvide de esto, señor González Ortiz, mientras siguen ustedes con la melopea de la reforma del Estatuto para que no nos salgamos de la Constitución española. Acatamos la Constitución por imperativo legal, pero no creemos en un nacionalismo constitucionalista porque es imposible. ¿Tan corta es su inteligencia política que no entiende esto?

Por otra parte, recuperamos, como recordatorio para nuestros lectores, dos párrafos del artículo publicado el jueves por nuestro colaborador Infante Burgos. Bajo el título "Constitución ambigua", describe este columnista: "Se supone que se trata del conjunto fundamental, de normativas supremas (o máximas) del ordenamiento jurídico del Estado español. La Constitución nace en 1978 durante el proceso histórico denominado Transición, que tiene lugar como consecuencia de la muerte, el 20 de noviembre de 1975, del anterior jefe del Estado, Francisco Franco, y que precipitará una serie de acontecimientos políticos e históricos que terminarán con la abolición final del anterior régimen franquista, que dura desde 1939 hasta 1975, sustituyendo la dictadura por un sistema democrático con la forma política de monarquía parlamentaria". Y añade acertadamente: "Es una Constitución ambigua, es decir, una Constitución que admite diferentes lecturas. Esta ambigüedad tiene su origen en la necesidad que hubo de poner de acuerdo sobre la norma fundamental a partidos políticos de ideologías muy dispares y lograr así lo que se llamó el consenso constitucional".

Estamos totalmente de acuerdo. A diferencia de lo que dice González Ortiz, y otros falsos nacionalistas como él, esa imprecisión de la Carta Magna española ha propiciado equívocos, desde luego, pero también ha allanado un retorcido camino para maquillar situaciones. Por ejemplo, disfrazar a Canarias de autonomía con el fin de ocultar su infame realidad colonial.

No le demos más vueltas. La necesidad de que Canarias sea un país soberano se sustenta en cuatro puntos que hemos repetido en múltiples ocasiones, pero que enumeramos una vez más por su gran importancia. El primero es la obligación que tenemos, como canarios, de honrar la memoria de los guanches; un pueblo pacífico que fue vilmente masacrado por los conquistadores españoles. El segundo, la capacidad de estas Islas y de sus habitantes para constituir una nación libre, con representación en el mundo. La riqueza del Archipiélago, tanto la actual como la potencial, es ilimitada. La suficiente para que Canarias llegue a ser una de las naciones más ricas e importantes del planeta. En tercer lugar está el mandato de descolonización, recogido en la resolución 1.514 de las Naciones Unidas, cuyo plazo concluye en 2010. Por último está el peligro de una pronta anexión por parte del Reino de Marruecos. Dirán quienes nos atacan que el cónsul magrebí en Canarias ha desmentido esa posibilidad. Ahora bien, ¿tiene alguna importancia en las decisiones del rey alauita lo que diga, afirme o niegue uno de sus cónsules?

Al respecto, uno de nuestros colaboradores nos remite una interesante noticia publicada el 29 de noviembre -hace tan sólo unos días- por un periódico español de tirada nacional. En ella, Carmen Franco, hija del dictador y hoy duquesa de Franco, afirma que su padre siempre mostró una fuerte resistencia ante las presiones de Hasán II para que le entregara el Sáhara. Pensaba que si cedía a las pretensiones marroquíes, luego pediría Ceuta y Melilla, y posiblemente hasta Canarias. "Le importaba mucho, muchísimo", manifiesta Carmen Franco. "Mi padre no era partidario de ceder ante Marruecos en cosas que él sabía que no eran de Marruecos, porque no existía ni el reino cuando el territorio ya estaba bajo la influencia de España, y los marroquíes nunca llegaron al Sáhara. Los saharauis vivían en tribus nómadas. No se consideraban marroquíes para nada".

Pese ello, la oligarquía española aprovechó la agonía de Franco para entregarle el Sáhara a Marruecos, aunque el Gobierno español, y el propio Príncipe de España, habían dicho que jamás saldríamos de ese territorio. ¿Haría lo mismo con Canarias un débil Gobierno como el de Zapatero? Mucho nos tememos que sí.

 

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