ÁLVARO MORALES, Pto. Cruz
Resulta casi imposible hacer un perfil de Isaac Valencia sin que surjan de las trincheras los que lo veneran y los que se sitúan en sus antípodas ideológicos, los que lo presentan como referente y los que lo creen un peligro por su visión del desarrollo. Probablemente haya mucha gente capaz de abstraerse de la información de que disponga de su trayectoria, incluso si es profusa, y esbozar una semblanza equidistante y hasta cierto punto neutra, aunque se crea que la subjetividad resulta inevitable. A sus detractores les brindó el pasado sábado una nueva y excelente ocasión para atacarle en el congreso de CC, que lo ha hecho famoso a escala nacional por unos días por su advertencia de la "invasión mora". Como en otros casos, la mejor manera de rastrear la trayectoria y psique de tan admirado como detestado personaje consiste en explicar precisamente cómo lo ven los que lo conciben como un alcalde modélico (casi un mesías salvador, del pueblo llano, paternalista y bonachón) y los que creen que, con él, la Transición a la democracia en la Villa ha hecho un triste paréntesis (más bien un agujero negro, y esto sí que no es racismo). Esta semblanza realza sus sombras, por lo que cambiaría mucho desde otras ópticas. Aun así, este texto tampoco le despertará mucho interés, ya que, en una de sus frases lapidarias, "mis votantes sólo ven la tele y no leen periódicos, que son flor de un día".
En su cosmovisión, Valencia tiene tantas cosas claras (y así habla), como contradicciones y cambios sin escrúpulos. Igual que abochorna a muchos al hacer famosa a La Orotava por su aberrante y definitoria intervención en el congreso de CC y de días posteriores, en los que incluso se superó, los que lo conciben como un peligro lo alaban por proponer suelo para que la Villa acoja a menores inmigrantes justo cuando algunos garachiquenses, con su alcalde al frente, renegaban de la historia emigrante del canario (olvidando su propio monumento) y rechazaban a unos infelices que pudieron esquivar el traicionero Atlántico y llegar al primer mundo. ¿Es Valencia racista? Incluso en el caso de que no, ya importa poco con el daño que ha hecho al alimentar un discurso xenófobo y demagógico, por desgracia, muy arraigado.
Pero "Saso", que así se le conoce (se dice que se lo puso su madre), es capaz de mejores vaivenes con su populismo integrista. En su ya famoso discurso (por supuesto, y como casi siempre, improvisado, sin papeles y que terció por ahí como podía haberse ramificado hacia las virtudes del vino o los estanques), presentó a Canarias como una colonia española. Eso sí, se olvidó de las juras de bandera (sin estrellas verdes, por supuesto, sino muy rojas y gualdas), las paradas militares y los honores al Ejército u otras autoridades españolas que ha impulsado. Para muchos, esto no es contradictorio, sino coherente con la trayectoria de AIO, ATI y CC. Para otros, es puro cinismo cuando hace todo lo posible para que empresas españolas (como una universidad privada) se instalen en "su" Villa. Además, éstos recuerdan enseguida su cara casi de lágrima cada vez que suena el himno nacional (español, por supuesto; el "Arroró" es pa' dormir la romería) durante unas fiestas que, como tantas otras cosas, cree casi suyas, con un fundamentalismo "villero" que le impide ponerse un traje de campesino en detrimento del uniforme, perdón, del traje "típico" (que, en realidad y según algunos estudiosos, procede de Icod el Alto y que se popularizó tras la Guerra para mejor caja de cierta empresa).
Se cree tan dueño de lo que respira en la Villa que igual que se gasta mil millones de pesetas en reformar y poner lujos en el consistorio, aunque el municipio estuviera a la cola en viviendas de promoción y su política social y cultural (que no festiva) no fueran precisamente modélicas, igual que hace ese despilfarro para presumir de museo, recibe en esa su segunda casa (o primera, muchas veces se confunde) a una delegación del Chipre "turco" que casi se convierte en conflicto diplomático por simple ignorancia. Y hablando de casas, ya se ha olvidado que, tras una investigación local, se constató que la ampliación de su vivienda en El Calvario fue ilegal, sólo que el delito había prescrito.
Su alergia a reconocer errores (nunca ha aceptado que haya podido equivocarse en algo, lo que lo describe) y su poder camaleónico lo llevaron a justificar el destrozo que, entre otros, hubiese hecho la diagonal de los históricos lavaderos de San Francisco porque representaban "la miseria del pasado que no debía recordarse", para luego elogiar la reforma.
La iglesia, como Florencia
Por supuesto que, tras tantos años, tiene aciertos, pero a sus detractores les cuesta destacarlos si reparan en sus sombras, quizás con la excepción de su firme defensa del Norte (aunque con una visión del desarrollismo que creen suicida). Desde fuera, muchos elogian el municipio porque lo ven "muy cuidado y precioso". Pero, claro, muchos orotavenses enseguida les responderían que Valencia es uno de los principales enemigos del patrimonio histórico. Incluso lo que podría entenderse como excepción, como la reforma de la iglesia de La Concepción, originó polémicas que lo definen: cambió el techo escamado por la pintura roja de la impermeabilización porque, así, "era como Florencia". Más allá de que se pinte la fachada de casas que, en algunos casos, por dentro se caen, Valencia es un enemigo de la conservación ("la foto fija", que dice él). He aquí otro ejemplo sangrante: muchos alaban el Jardín Victoria, pero desconocen que lo hecho en ese recinto masónico y único en el mundo no sólo es una atrocidad patrimonial, fruto de la ignorancia o, lo que es peor, del miedo o repudio a otras visiones religiosas y filosóficas, sino un auténtico desperdicio turístico por no difundir su auténtico valor. Ah, eso sí, "está precioso", cuando, en realidad y para muchos, es una extensión más de sus pobres manías vegetales.
Y lo mismo con el Atlante y con múltiples casas con valor que, o ya no existen, o siguen en peligro. La reforma de la iglesia de San Agustín tardó años, poniendo en riesgo sus valores; la sala Teobaldo Power (la del discurso) sigue igual 15 primaveras después de anunciarse su reforma. El Plan del Casco deja fuera casas protegidas e incluye patios de manzana que nadie comprende, salvo que sea para justificar más edificabilidad, desvalorizando múltiples viviendas. La participación ciudadana, los presupuestos participativos o las comisiones de barrios le suenan a comunismo libertario. Los ecologistas o proteccionistas son "los cuatro de siempre" que no aceptan los resultados electorales, por mucho que las sentencias les den la razón. Pero, claro, para muchos, "la Villa está preciosa". ¿No será que la Villa ya era muy preciosa antes?
Ante esto, sus defensores inmediatamente dicen, con razón, que por algo le votarán. Sin embargo, rara vez ahondan. Valencia no fue alcalde del 79 al 83. Fue edil de Urbanismo gracias a que, tras empatar a 8 ediles con UCD, la izquierda (PSC y UPC) creyó mejor la opción de Francisco Sánchez (AIO, luego ATI) que la de los herederos en buena parte del franquismo. Sin embargo, y esto es una de las claves, ¿en dónde ubicar ideológicamente a muchos miembros de aquella AIO, fruto en parte de justificadísimos movimientos vecinales de los barrios que reclamaban servicios dignos (agua y luz) tras siglos de desprecio y olvido? Valencia lo explica de forma inmejorable: "Muchos nos dimos cuenta de que, con la democracia, mucha gente no quería ni izquierdas ni derechas, y creamos AIO". ¿Está Valencia en esa entelequia llamada centro? Muchos dirían que sí, otros recuerdan que no hizo nada contra el franquismo (más bien al contrario) y los hay que señalan que buena parte de sus votos proceden de capas sociales bajas. Sin embargo, y tras convertirse en alcalde en 1983 por la marcha de Sánchez y el voto del PSC, Valencia se ha tornado en el peor enemigo electoral de la izquierda y la derecha, que no pasa de dos ediles. Incluso algunos declarados ultraderechistas lo adoran.
Pero, si ese perfil lo sitúa más bien a la derecha, ¿por qué tanto voto de capas sociales que deberían optar por otras fuerzas? Aquí radica otra de las claves. Aunque ATI no gobernó en solitario hasta 1987, en los dos primeros mandatos se extendieron los servicios. Todos los partidos, incluida AP, apoyaron, qué menos, esta justicia histórica, pero sólo él supo aparecer como el salvador ante muchos. Las asociaciones de vecinos, con algunas excepciones, pasaron a convertirse para muchas personas en correas de transmisión de ATI. En la zona alta, no simpatizar con CC significa, poco menos, que estar en contra de los intereses de los tuyos y, por tanto, resulta casi heroico discrepar. Uno de los lemas en 1987 lo resume perfectamente: "Para ser un buen villero, votar ATI es lo primero". Además, Valencia siempre ha definido su política como "social y cristiana". Se jacta de presentarse como "auténtico socialista" por lo que "ha hecho" en la medianía y los empleos que ha propiciado o asignado. Su cristianismo más que practicante (lo de las bodas de homosexuales, para él, no cuenta) quedó de manifiesto cuando, en los comicios de 1995, llegó tarde a un debate televisivo con el resto de candidatos porque, para él, "lo primero era asistir a una procesión.
La Costa Azul francesa
Más allá de polémicas como la frustrada urbanización de El Rincón ("El Parlamento se ha bajado los pantalones", dijo en 1992 al aprobarse la ley); más allá de su desidia hacia las mejores playas del Norte; de lo que supusieron para las pymes las grandes superficies (por las que sigue imputado por un presunto delito de prevaricación y tráfico de influencias); la desaparición del expediente de Leroy Merlin; el apoyo a grandes constructores; más allá de un PGO que, para algunos, triplicará la población; sus faustosos gastos en fiestas y protocolo; sus célebres frases sobre que "la platanera es sinónimo de esclavitud", que "los campos de golf son terrenos cultivados como cualquier otro", "que se podría recuperar el verde pintando las azoteas de ese color" o que "el Valle debe ser como la costa azul francesa", todo esto no le dice casi nada a numerosos orotavenses que creen que le deben servicios básicos y su trabajo o el de algún familiar por estar empleados en las grandes superficies (aunque se cobre poco), en empresas privadas con servicios adjudicados o porque han cobrado hasta 120 euros diarios en una de las constructoras locales (por lo que esperan que le hagan caso y se construya el túnel hasta Güímar). Se sienten profundamente representados en sus palmaditas por la espalda, su caridad cristiana, sus saludos desde su coche, su discurso simplista y teatral, su voz, expresiones y risa inconfundibles o al presumir de "mago analfabeto", aunque se desconozca que nunca ha trabajado la tierra, que fue profesor en Aparejadores y que, por méritos y familia, siempre ha vivido holgadamente, algo bastante alejado de los verdaderos magos. Por supuesto, y pese a todo, siempre nos quedará la palabra de Saso. Y qué palabra.
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