EFE, Washington
El Departamento de Justicia ha acusado formalmente a cinco agentes de seguridad de la empresa privada Blackwater por la matanza ocurrida en septiembre de 2007 en Bagdad, en la que fallecieron 17 civiles iraquíes, según informó ayer The Washington Post.
Los guardias, todos ellos antiguos militares estadounidenses, trabajaban como agentes de seguridad contratados por el Departamento de Estado para proteger a los diplomáticos y personal no militar de EEUU en Irak.
Con esta acusación, concluye un año de especulaciones sobre el terrible tiroteo ocurrido en Bagdad el 16 de septiembre de 2007, ocurrido cuando un convoy de Blackwater llegó a una céntrica plaza de la ciudad.
Una investigación del gobierno iraquí concluyó que los agentes abrieron fuego contra la multitud sin motivo ni provocación.
Una investigación militar estadounidense sacó a la luz que los agentes de seguridad fueron los únicos que abrieron fuego en ese tiroteo, en tanto que Blackwater dijo que su personal actuó en defensa propia.
Este incidente sacó a la luz publica el papel de las empresas de seguridad subcontratadas por el Departamento de Estado, y puso en tela de juicio la presunta inmunidad con que operaban en Irak. De hecho, tras la matanza, en la que murieron varios niños, se abrió un proceso de audiencias en el Congreso estadounidense.
Por otra parte, cuatro niños y tres milicianos suníes murieron ayer y otras dieciocho personas resultaron heridas de gravedad por el estallido de un artefacto y un ataque en Irak. Los niños, todos menores de diez años, murieron por la detonación de una bomba cuando jugaban en una cancha cercana a sus hogares, en Al Eskandariya, a unos 50 kilómetros al sur de Bagdad, según las fuentes.
Diez civiles y dos policías resultaron heridos en un ataque de un suicida que detonó la carga explosiva que llevaba adosada al cuerpo, en el barrio Al Jadra de la ciudad de Kirkuk.
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