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JESÚS LÓPEZ MEDEL *

Las batallas de los crucifijos

7/dic/08 07:22
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Han hecho bien nuestros cardenales en afirmar que no hay "guerra de crucifijos". Y no la puede haber, porque la Cruz es signo de paz. Eso lo debieran saber los historiadores, los teólogos, los políticos, y algún juez que otro. Ahora -una vez más- ha surgido, como luego resumiré, a lo sumo una batalla sobre los crucifijos. Y las batallas hay que darlas, para que se puedan ganar. Y ése es el "leitmotiv" de estas líneas.

No hace mucho, el teólogo agustino P. Jesús Álvarez, en las lecciones de Teología de la parroquia de San Juan Crisóstomo, de Madrid, explicaba los tres primeros siglos del cristianismo, con gran número de persecuciones. Pese a la "discusión" de San Pedro y San Pablo, que nos la ha puesto de actualidad la exposición de Rembrant en el museo del Prado, con una inigualable pieza pictórica, los cristianos primitivos europeos no podían estar, como se quiere ver ahora, relegados a las sacristías, porque carecían de iglesias. Sí, catacumbas. Condenas a muerte. Pérdida de la ciudadanía romana. Así tres siglos, hasta que aquel momento estelar, a partir de Constantino, el cual como su hermano Magencio también perseguía duramente a los cristianos. Era lo políticamente "correcto", como se dice ahora. Cuando la rivalidad de ambos hermanos por el poder del Imperio, en la gran batalla de Maguncia, Constantino alcanzó la victoria. Quien, según la tradición, debió ver en el firmamento una estela iluminada por estas palabras "In hoc signum vincit" ("Con este signo, vencerás"). Era una cruz. Llegó la paz. Llegaría en el año 312 el edicto de libertad religiosa. Y la expansión, por todo el mundo, con el signo de la paz.

En la etapa en que nosotros tuvimos el honor y la responsabilidad, por vía sindical, de la gestión-sobrevivencia primero, luego puesta en forma, de la enseñanza no estatal, por los años 1971-75, como consecuencia de la "revolucionaria" Ley General de Educación, de Villar Palasí -al que nadie recuerda ahora-, y de la que hubo de convencer al jefe del Estado, por su trascendencia y efectos, pusimos énfasis en la idea de "participación de los padres en la educación", que venía explícita en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por mi parte, en mis trabajos de filosofía jurídica, el tema de la familia me fue siempre grato y así lo expresé en varios libros, como "Meditación sobre la reforma educativa", 1974, y "Hacia un nuevo derecho a la educación", 1995, como el discurso de ingreso en la Real Academia de Doctores, que fue contestado por Fraga Iribarne. ¿Qué queremos decir con esto?

Que el Consejo Escolar se creó con la idea de una participación de los padres. En la Ley de 1970 ya se emplazaba, con valentía entonces, en la propia norma, la asignatura de la religión quedaba, por vez primera, salvo en la II República, que la prohibió, como optativa. Por lo tanto, en los casos de centros no regidos por religiosos, en los supuestos de materias que pudieran dejarse a merced de los padres, y no alterasen las Leyes Fundamentales, y luego la Constitución, el Consejo Escolar debería ser oído, y sus acuerdos válidos.

Lo ocurrido en el centro Picavea de Valladolid, una minoría de padres, frente al Consejo Escolar, insta la petición de quitar el crucifijo. Y un tribunal al amparo de una "aconfesionalidad" del Estado, judicializa el tema. Lo saca del propio contexto escolar, que es donde debió dirimirse. El crucifijo se estima "peligroso" para la convivencia escolar, y entra en la posición laicista del Estado. En una comunicación al último congreso de "Católicos y Vida pública" expuse, como jurista, la ponencia "La laicidad positiva". Los argumentos están allí, y son públicos. En el recurso de la Junta de Castilla-León, se apuntarán estos u otros. Lo que me interesa es subrayar que el Consejo Escolar tiene que ser oído, y sus decisiones por mayoría reglamentaria deben ser las orientadoras en ese caso concreto. Mejor eso que lo que ocurrió hace años, en otro centro, frente a la autoridad gubernativa: los padres aconsejaron que sus hijos portasen crucifijos, para situarlos en sus pupitres, en las solapas o en el pecho.

Una sentencia anacrónica en la occidentalidad europeista. Bien ha hecho en recurrir la Junta de Castilla-León. Les quedaría a los padres el camino de Estrasburgo. En la Italia de Berlusconi no hubiera hecho falta.

* Académico. Jurista

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