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COMENTARIO DE EL DÍA

Una tinerfeña nefasta para su Isla

5/dic/08 07:18
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LES DECIMOS a nuestros lectores, para que nos conozcan bien, que somos radicalmente independientes de cualquier poder político, mediático o empresarial. Al mismo tiempo, nos reafirmamos en nuestro nacionalismo. Somos nacionalistas en el sentido estricto de la palabra. ¿Nacionalistas partidarios de qué nación? Lógicamente, de la nación canaria. Una opción que no nos impide sentirnos, igualmente, conservadores en cuanto al mantenimiento de las buenas costumbres, así como de la realidad impuesta por la naturaleza que nos ha dado Dios. Nos repugna todo lo que vaya en contra de la ley natural. Somos partidarios de la moral en todos los aspectos, hasta en el sindical y el ecologista. La moral es sólo una y afecta a cualquier faceta de todo ser humano. La moral, estadio superior de la decencia, se tiene o se carece por completo de ella. En esto no disimulamos ni somos siervos de lo políticamente correcto, porque por encima de lo políticamente correcto está la palabra de Dios y su justicia en la Tierra. Y también la justicia de los jueces y las decisiones de los fiscales. Nos desagradan, en cambio, los amantes o admiradores del socialismo marxista. Porque también somos socialistas, pero según los cánones del socialismo moderno, no del que practican Juan Fernando López Aguilar y otros secuaces suyos en Tenerife, que se vuelven locos de alegría cuando redactan una minuta contra nuestro periódico. No coincide ese socialismo rencoroso, vengativo, detestable y hasta peligroso con el socialismo humanista predicado por Cristo; el que ayuda a los necesitados por encima de cualquier otra consideración, y el que considera que los pueblos han de ser libres, pues están formados por hombres y mujeres a los que Dios creó libres.

En líneas generales, somos enemigos de los políticos que se consideran dueños del pueblo que los ha elegido. Por eso coincidimos con lo expresado ayer en su artículo "Una conciliadora venganza" por nuestro columnista Ricardo Peytaví, respecto a la actitud de Cristina Tavío. ¿Piensa esta señora, a la que no nos queda más remedio que calificar de inmoral política, que su partido es suyo, Santa Cruz es suyo, Tenerife es suyo e inclusive el Parlamento de Canarias es una finca de su propiedad? No olvidemos que la señora Tavío forma parte de la Mesa del Parlamento, la cual se permitió incumplir una Constitución a cuya defensa está obligada, para atacar la libertad de expresión y de información y, de paso, condenar al periódico EL DÍA. No le gusta a Cristina Tavío que le recordemos la infamia política cometida por sus "señorías" al subirse el sueldo mientras el pueblo pasa hambre. Su atrevimiento ha llegado al extremo de justificar esta desvergüenza como una medida impopular -lo recordaba ayer Peytaví- que no hubo más remedio que adoptar. Es Cristina Tavío, y no EL DÍA, quien debe ser reprobada por el Parlamento. Nos merece más confianza Ángel Llanos, el chico o el pibe de Ofra, como amigablemente lo han bautizado algunos periodistas. Se trata, en cualquier caso, de una persona mucho más seria que la reelegida presidenta insular del PP. Es un político que trabaja por su ciudad, por su isla y no tira para Las Palmas, aunque no ha logrado todavía que se le reintegre a Tenerife la Delegación del Ministerio de Defensa. En pocas palabras, creemos más en Ángel Llanos que en Cristina Tavío, pues al menos él no ha atacado la libertad de expresión. Pensamos que los afiliados del PP tinerfeño se han equivocado con la elección realizada. Aunque chasnera y, por lo tanto, hija de Tenerife, la señora Tavío es nefasta para esta Isla. Parece que odia a sus antepasados guanches, que tanto lloraron su derrota en el Sur que la vio nacer.

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