1.- La crisis económica, tantas veces negada por Zapatero , nos atrapa y ETA sigue matando, pero ellos, los del Gobierno, incapaces de sacarnos de uno y de otro atolladero, siguen ahí. Parece como si el país hubiera embobecido y España fuera a convertirse en Venezuela, con un presidente perpetuo y un Gobierno tan perpetuo como el presidente. Cada vez tenemos más de república bananera y menos de nación europea, progresista y con ganas de cambiar el futuro y, si hace falta, el mundo. Los socialistas continúan mintiendo desde sus poderosos puestos y una derecha incapaz, pacata y antigua se debate por ponerle zancadillas; en vano, porque los otros son más vivos, más ágiles, y se las saltan. Han acabado con todo, como siempre, han echado por tierra algunos valores -los de siempre- y nos han metido en un monumental lío cuya atención pretenden derivar hablando de Guantánamo, de los vuelos de la CIA y de otras zarandajas.
2.- Aquí, en las islas, también resuelven fácilmente sus propios despropósitos: envían a Juan Fernando López Aguilar a decir la parida de la semana y por hacerlo tan bien le han puesto a encabezar la lista al Parlamento Europeo. En el Parlamento Europeo, Juan Fernando va a cobrar, entre sueldos y dietas, más de 15.000 euros mensuales. Si está allí unos añitos, el sueldo será para siempre, hasta que se muera. Imagínense ustedes; así cualquiera no se convierte en exegeta del jefe. Yo bailo hasta por bulerías con una prebenda como la dicha.
3.- Y es que nadie hace nada gratis. Todo el mundo cobra. Para ellos, para los políticos en el poder, no existen las crisis económicas porque antes de que se cumpla el último día de mes ellos ya tienen el dinero en sus cuentas. Es la ventaja de trabajar para Papá Estado y, además, mandando. El imbécil es usted y el imbécil soy yo, los hombres y mujeres de la calle, los que nos tenemos que ganar el dinero con el sudor de la frente. Somos nosotros los que soportamos todo el peso del Estado, desde políticos a jubilados, pasando por funcionarios ociosos enamorados del café. Díganme si no es para echarse al monte porque yo estoy a punto. Me he pasado la vida trabajando para que otros vivan de puta madre a mi costa. La tragedia de la desigualdad no sólo está en África sino debajo mismo de nuestros pies.
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