ACABO de leer un corto pero interesante artículo sobre el arte de mirar hacia otra parte, con perdón por la rima siempre desaconsejable en prosa. ¿Puede el país soportar a tres millones de parados? Resulta evidente que a día de hoy, sí; mañana -un mañana que podemos fijar en seis u ocho meses- posiblemente, no. Y añado posiblemente sólo para no ponerme excesivamente categórico. Cuando empiecen a acabarse los subsidios de desempleo, que antes o después se acabarán, la situación puede tornarse en bastante explosiva. Sobre todo porque entonces habrá bastante más de tres millones de desocupados. En cuanto a Canarias, me permito recordar que las previsiones de la CEOE-Tenerife, realizadas hace unos meses, señalaban 225.000 parados en el Archipiélago para los primeros meses de 2009. Negros pronósticos que se están cumpliendo con precisión matemática.
Mientras tanto, como las técnicas de esa citada ceremonia de la distracción están perfectamente establecidas, a Josep Piqué le montaron un pollo el otro día en la Universidad Complutense de Madrid. Ocho o nueve energúmenos se pusieron un mono anaranjado y una bolsa negra, de las usadas para la basura, en la cabeza. Vestidos, en definitiva, como los presos de Guantánamo, vociferaron hasta la ronquera para tildar a Piqué de fascista, asesino y algunas cosas más. La idea de que decidieran meter la cabeza en una bolsa de basura me pareció adecuada; a fin de cuentas, recoger las inmundicias, también las intelectuales, es el fin para el cual fueron fabricados tales objetos. Porque, siendo un poco serios, ¿cabe calificar de otra forma a quienes aprovechan un recinto universitario para ejercitar la más iracunda intolerancia?
Siempre me ha caído simpático Josep Piqué. No lo niego. Cualquiera que haya militado en el comunismo más ferviente, como fue su caso, y haya acabado primero como ministro de Aznar y luego como miembro del PP, deja tras de sí un irresistible halo de curiosidad. Algunos, inclusive dentro del propio partido conservador, lo consideran un golfo político al que Aznar le resolvió un problema y luego lo desterró, en plan castigo, a la periferia catalana. Hoy en día, sobra repetirlo porque se ha dicho muchas veces, Piqué está dedicado por completo a la empresa privada. No se merecía la intransigencia de un puñado de cretinos precisamente en un lugar -la Universidad- donde debería imperar lo contrario. Discrepar es legítimo y hasta mentalmente sano. Si se quería acusar al ex ministro del PP de haber permitido la escala en España de los vuelos de la CIA, o si se deseaba rebatir cualquier actuación política suya perpetrada en el pasado, bastaba con oír lo que iba a decir y luego refutar sus palabras una por una. Pero eso no sale en la televisión.
Sin embargo, como no se trata de debatir sino de desacreditar, lo que procedía era montar el numerito. No creo que a Piqué le haya importado mucho. Hace tiempo que está acostumbrado a bataholas parecidas, sobre todo en su Cataluña natal. Ahora toca conseguir que la gente no piense en la que tenemos encima y, sobre todo, en la que nos aguarda a la vuelta de las Navidades. Por eso hay que hablar de vuelos y armar revuelos. En definitiva, no será la bronca a Piqué la última que veamos en las próximas semanas.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD