Parece que aun fue ayer cuando comenzó el curso escolar y ya tenemos a la vuelta de la esquina las vacaciones escolares de Navidad. Aunque estas vacaciones siempre tienen un ambiente y un espíritu más cordial y entrañable. Como todas las vacaciones escolares, o académicas, van precedidas por lo general de algo más prosaico: la entrega de notas. Pienso que estas calificaciones son de capital importancia, porque tanto a los alumnos como a padres y profesores les dan una idea del rumbo que puede llevar el curso, y todavía se está muy a tiempo de corregir la posible derrota o desviaciones, para llegar a junio con éxito.
No cabe la menor duda de que una de las claves del éxito escolar de nuestros hijos está en la buena relación o armonía entre padres y profesores. José Antonio Marina y María de la Válgoma -profesores con años de experiencia docente- dicen en su libro "La magia de leer" que "la capacidad educadora de la escuela depende en gran parte de la actitud de los padres. El niño tiene que sentir en casa el aprecio y respeto por los maestros". Esto, a mi modo de ver, aplicable para los institutos de Secundaria y, si me apuran un poco, en la actualidad, hasta para la universidad.
En la formación de los chicos y de las chicas -aunque a partir de ahora voy a utilizar el genérico- debieran participar padres y profesores. Los padres son los principales educadores de sus hijos, sobre todo en los aspectos formativos y en la creación de hábitos como personas, o la educación en valores; ahora está más de moda decirlo así, pero en la práctica viene a ser lo mismo.
La labor de los profesores (o de los maestros) se debiera centrar más en la instrucción y en el aprendizaje de sus alumnos; sin perder de vista esos otros aspectos formativos o más educativos, aunque en éstos más bien lo deben hacer como colaboradores de los padres, sin pretender sustituirlos. Su tarea está más en aquellos aspectos técnicos de la enseñanza, entre los que se encuentran: determinación y secuenciación de los objetivos, contenidos y criterios de evaluación; aunque de todo ello deben tener informados a los padres, e incluso a los alumnos, los profesores deben tener una legítima autonomía, porque son profesionales. Los buenos profesionales de la enseñanza (los buenos maestros) siempre tienen en cuenta que la educación es ciencia y arte, y que exigen una responsabilidad compartida con la familia.
Lo dicho justifica la necesidad de recuperar la confianza y el respeto mutuo entre padres y profesores -no me cansaré de insistir en ello- para colaborar y trabajar de acuerdo los unos con los otros. Esta mutua confianza es, a veces, también necesaria para evitar influencias nocivas que también inciden en el proceso educativo, que son parte del ambiente que rodea a los chicos, como sus amigos, determinados programas de televisión, internet...
Como sugieren los profesores antes citados, los chicos en casa deben notar que se valoran, se respetan y se tienen en cuenta las indicaciones de sus profesores. Tengo la experiencia de que el rendimiento y el comportamiento escolar de los alumnos mejora cuando ven que hay una buena colaboración y entendimiento de sus padres con sus profesores. Y los profesores se sienten respaldados y agradecidos en su labor.
Tal vez sea el momento de empezar un diálogo que nos lleve a un entendimiento amable y eficaz con los profesores de nuestros hijos, sobre todo con los tutores. Siempre que se entregan calificaciones, tratar de buscar culpables si los estudios de los hijos no han ido como nos hubiera gustado, ¡no! No se trata de eso sino de ver conjuntamente qué es lo mejor para el chico o la chica. Tengo la seguridad de que el profesor o el tutor nos va a sugerir lo que vea conveniente para el bien del hijo, que nos va a ayudar para aceptar al chico como es; y que van a llegar a un acuerdo sobre qué hacer para que vaya mejorando.
Si con respecto a las notas, todo ha salido como era nuestro deseo, también se debiera visitar a los profesores, puesto que es un detalle de elegancia y delicadeza darles las gracias y felicitarles en estas fechas. Aunque con toda seguridad, serán ellos también los que terminarán felicitando a los padres y agradeciendo su colaboración.
A los profesores, a los padres y alumnos les deseo ¡muy felices vacaciones navideñas!
* Orientador familiar
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