EFE, Barcelona
Los cambios en la presión atmosférica pueden ser el detonante de un ictus, según un estudio del hospital del Mar de Barcelona sobre la relación de los fenómenos atmosféricos con esta patología, ocasionada por una alteración de la circulación de la sangre en el cerebro.
El estudio, publicado en la revista Cerebrovascular Diseases, se puso en marcha al observar que los ictus no se reparten de forma homogénea en el tiempo, y que en algunos días concretos las urgencias aumentan de manera significativa, según hizo público el centro.
En el trabajo, coordinado por Jordi Jiménez-Conde, se estudió si había alguna relación entre los ictus y los fenómenos atmosféricos, y para ello se estudió a 1.286 pacientes con ictus atendidos entre 2001 y 2003 en el hospital, a los que se dividió en dos grupos: los que sufrieron una hemorragia intracerebral y los que padecieron un ictus isquémico.
Este segundo grupo, según el tamaño del área del infarto y la localización del vaso afectado, se dividió a su vez en infartos lacunares, que son de tamaño pequeño en forma de laguna y que afectan a arterias pequeñas de las partes profundas del tejido cerebral, y los no lacunares, que no reúnen estas características.
Además, se recogieron datos meteorológicos de estos tres años del Observatorio Fabra sobre la presión atmosférica, humedad relativa, temperaturas máximas, mínimas y medias, y las variaciones de estas medidas respeto al día anterior.
Tras analizar todas estas variables, los investigadores han observado que en general los ictus tienen una ligera asociación con la presión atmosférica, pero especialmente con sus variaciones.
Los autores del trabajo aseguran que los ictus isquémicos no lacunares se relacionan con las caídas de presión atmosférica y los hemorrágicos con los aumentos de esta variable.
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