CON MEJOR o peor suerte en el devenir de los veintitantos días de vida útil, o de trabajo ídem, diciembre ya está aquí, fiel a la cita anual de un sinfín de regocijos y compromisos con el mundillo de relaciones -dícese- de sociedad. Por lo tanto, démosle una vez más la bienvenida, y si les apetece, aunque las Navidades vengan de mano de la recesión, "caña a la tarjeta de crédito", Zapatero proveerá, no les quepa duda.
Pero, hablando de un asunto con más glamur, me comentan que Cristina Tavío, la continuista en las lides de dirigir (o mandar) el PP tinerfeño, tiene intención de dar un buen escarmiento a Ángel Llanos, y cuanto antes, no vaya a ser que "otros insubordinados" salten a la palestra el día menos pensado. Muy bien por Cristina, "Manu militari", llegarás a ocupar la cartera del "ejército de Pancho Villa". Sin embargo, pasa olímpicamente de los que arroparon al "Pibe de Ofra" en la aventura de descabalgarle de la grupa. Me asombra la astucia de Cristina, vaya; ahora resulta que el rapapolvo se lo lleva el cabeza visible. Con el resto ni se atreve; no vaya a ser que la estampida haga "pupa" en las filas de la organización. De cumplirse la saña de defenestrar a uno de los buenos, el partido no va a salir del "menudeo de concejales" que cosecha cada cuatro años; y no más. Yo tampoco estoy de acuerdo, llegado el caso, con los que dicen que "hay que hacer lo posible por estar arriba y defenestrar al que intenta abrirse camino". Eso no, en absoluto.
Porque a pesar de que Llanos cometiera el error de apurarse a tomar las riendas del partido, viendo lo que hay (con excepciones, claro) por las alturas, y siendo como es un trabajador a piñón fijo, me parece de lo más normal que diera el paso. Sin embargo, no es lógico ni conveniente que traten de desbancarlo del PP, por supuesto que no, eso al partido le supondría un retroceso en votos y militancia.
A los concejales del PP en el Ayuntamiento de Santa Cruz se debe que la gaviota continúe el vuelo alto y sereno. Con errores, con aciertos, o los sambenitos que quieran adjudicarle. Pero sin olvidar que el PP ha tomado impulso; ahora se habla de los populares, de la Sociedad de Desarrollo, de impuestos que antes no se cobraban, incluso de festejos con otros aires, o de escoltas para proteger al 2º de a bordo. Y, además, bastantes "cadáveres políticos" tiene el PP en su haber como para seguir con la mala costumbre de aislar a la gente; ya está bien. La presidenta del PP debe ocuparse de otros asuntos. Por ejemplo, rescatar a los afiliados inactivos, o el gesto de solicitar de la Cámara una reducción del sueldo que hace posible renovar su fondo de armario. Es lo menos que cabe esperar de una "mujer guerrera" que no tiene inconvenientes en servir a la patria como Dios manda. Y estoy seguro de que no caerá en el olvido; o que un día será objeto de un homenaje merecidísimo. Así que le conviene portarse bien. De lo contrario, y como dice el refrán popular, "en el pecado va la penitencia". O como enseñó Ortega: "No es lo que hicimos o dijimos ayer, sino lo que vamos a hacer mañana". ¿Me explico?
Naturalmente, hay que frenar los impulsos y no crear malestar entre los que ven otros caminos y posibilidades, sencillamente, porque hay que dar paso a los demás. Ni tampoco se es un líder por hablar más fuerte o apurarse a trabajar más y estar en todo. He conocido a personas de sobradas cualidades, de simpatías, de gancho, pero que no necesitaban hacerse valer. Sin duda, condición indispensable (sine qua non) en los líderes, o sea, pasar desapercibido. Lo contrario de los que van dando de qué hablar, pendientes de salir en la foto o de aparecer en la televisión; pero que no predican con el ejemplo de escuchar y dejar hablar; o porque no pueden estar sin demostrar que son más sabios y refinados que el que acaban de conocer en el vestíbulo (hall). Bueno, uno sabe ya lo que hay en el día a día de los tiempos que le ha tocado vivir, ya por envidias, competencias o tonterías de niñatos/as? que pretenden alcanzar la cima del poder y el bienestar capital, pero que, en definitiva, son víctimas de los halagos de un sinfín de aduladores que tan pronto están como abandonan.
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