HOY NOS TOCA EDITORIAL. Los comentarios diarios son tan serios como los temas que tratamos en ellos, pues solemos referirnos a asuntos que implican responsabilidad, patriotismo canario, humanidad y caridad cristiana con los que vienen de fuera. Una actitud que no convence a los rencorosos, los envidiosos y los perros de la ira, ni tampoco a sus secuaces en Tenerife; personajes deleznables estos últimos que, lejos de defender los intereses de su Isla, tratan de derrotarla como quintacolumnistas de la ambición que practican sin descanso los dirigentes políticos canariones. Dicho esto, comenzamos.
Vamos a intentar escribirlo de la forma más clara posible: la delegada del Gobierno, Carolina Darias, política que nunca pierde la ocasión de enseñar su patita amarilla, está donde los canariones quieren que esté por su condición intrínseca de natural de la isla tercera. Cualquier tinerfeño que logre la hazaña de ocupar un cargo político en Las Palmas tiene sus días contados de antemano. No transcurre mucho tiempo sin que lo desalojen.
Recordamos al que fue gobernador civil de la provincia oriental, Bertín del Pozo Mozo. Lo echaron a patadas porque era tinerfeño. Socialista en una Administración estatal socialista, pero no de Las Palmas. José Segura tuvo más suerte, pues aguantó cuatro años como delegado del Gobierno en Canarias. Una proeza, pues no está en el ánimo de nuestros "hermanos amarillos" consentir que un puesto, cuya sede se ubica en Las Palmas, caiga en manos de un tinerfeño. Mas como el canarión si no la hace de entrada, la hace de salida, frustraron los sátrapas políticos de Vegueta que el sucesor de Segura en la Delegación del Gobierno fuese Salvador García. No podían consentir un segundo tinerfeño en este cargo, pues lo querían para uno de los suyos. En este caso, para una señora de estricta obediencia a los intereses de Canaria, que ni siquiera tiene la deferencia de venir a Tenerife para despachar en persona los asuntos de la Subdelegación del Gobierno. Lo hace por teléfono. Así demuestra que es una aventajada alumna de su jefe López Aguilar. El hombre que se cree el Cristo de la política y que, como tal, no ha venido a traer la paz sino la espada; la espada que desune a los canarios porque así, divididos y enfrentados unos a otros, son carne de cañón para los manipuladores intereses de la Metrópoli. España, no lo olvidemos, nos sojuzga mediante los dos partidos estatales radicados en el Archipiélago, y el PSOE es en estos momentos el más conspicuo de ambos. Los socialistas se han empeñado en acabar con EL DÍA y con su editor porque no le hacemos el juego ni le reímos las gracias. De nada nos vale que en su día los sacásemos de las catacumbas.
Otro ejemplo más de la parcialidad canariona lo tenemos en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, cuyo anterior presidente, Fernando de Lorenzo Martínez, persona de impecable trayectoria profesional, ha sido sustituido por un juez natural de la tercera isla. Juez, como cualquier otro, en el que depositamos nuestra confianza. Repetidas veces hemos manifestado que nos fiamos de la Justicia y respetamos a los hombres y mujeres que la imparten. A la Justicia acudimos para que nos proteja de los injustificados e injustificables ataques que estamos recibiendo. Sin embargo, los canariones creen que el TSJC les pertenece y pueden manejarlo a su conveniencia por el hecho de que su sede está en Las Palmas y no en Tenerife. Se equivocan en este aspecto los políticos amarillos, así como los periodistos y las periodistas de allá. Lo repetimos: la Justicia es ciega y en ella confiamos.
El caso es que la señora delegada del Gobierno está demostrando su aversión política hacia Tenerife. El hecho de no pasar por la Subdelegación es imperdonable. Eso sí es romper la armonía del Archipiélago. Son ellos y ellas, los canariones y las canarionas, quienes dividen a Canarias. No olvidemos que fueron dos canarionas -periodista y terrorista de la pluma una, diputada y vampira la otra- las que instigaron al Parlamento para que realizara una declaración contra EL DÍA y la libertad de expresión e información. La vampira de la sangre de los tinerfeños incluso fue la encargada de leer la soflama. Salta a la vista que les puede el odio contra EL DÍA y contra Tenerife. En fin: haría bien Carolina Darias en cambiar de actitud y corregir su falta de delicadeza con el pueblo tinerfeño. Para ello, nada mejor que quitar ese letrero hortera que ocupa todo el frontispicio del edificio de Méndez Núñez que para los santacruceros, y para todos los tinerfeños, siempre fue el Gobierno Civil. Si la ley establece que aquí ha de existir una subdelegación, basta con una discreta placa en la puerta.
Otro aspecto que queremos tratar en este editorial es el congreso insular de CC. Nos parecen bien las personas que forman la nueva Ejecutiva, entre ellas Miguel Zerolo, pero desde ahora les anunciamos que fracasarán estrepitosamente en las elecciones de 2012. No sólo por su falta de unidad, lo cual es evidente, sino también porque siguen tomándole el pelo al pueblo canario. Retrasan la inevitable soberanía porque tienen miedo a la libertad, porque están enamorados de la españolidad de estas Islas -qué absurdo- y porque no confían en nuestras inmensas posibilidades como nación soberana. De seguir por ese camino les pronosticamos que no conseguirán ni un voto, salvo el de los amigos a los que han enchufado.
En dicho congreso insular ha sido noticia Isaac Valencia. El alcalde de La Orotava siempre ha contado con nuestro afecto. Como político, cabe destacar que tiene su municipio muy cuidado. Nos desconcertó cuando, mirando hacia la izquierda, permitió que el PSOE le colase una moción contra EL DÍA y la libertad de expresión. No hemos querido que se justifique. No hemos querido oírle. Santa Úrsula sí ha rectificado. El alcalde de este municipio ha reconocido el error -inducido por una trampa de los socialistas- de atacar la libertad de expresión, y ha recuperado la dignidad del Consistorio que preside. Sin embargo, esta mácula en el quehacer de Isaac Valencia no lo denigra hasta el punto que lo dejemos en manos de las hordas políticas socialistas, ensañadas con él a cuenta de una frase supuestamente racista. Decir que determinados norteafricanos son moros no es racista, por más que se empeñen algunos a los que sí cabe tildar de sinvergüenzas. Menos mal que los jueces y fiscales actúan ateniéndose a las leyes y a la sensatez. La Justicia pondrá las cosas en su sitio porque, no lo olvidemos, el calumniador es un delincuente.
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