INDEPENDIENTEMENTE de ser el nombre de una bonita, pujante y querida ciudad de la península Ibérica, es el apelativo implantado para un tradicional barrio de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. El más arriba, del compacto de la urbe, a principios del siglo XX. Con casas terreras, señoriales y mansiones, ocupaba el margen derecho del Puente Zurita y su significativa presencia como colectivo en las señas de identidad del chicharrero han sido constantes a lo largo de los años.
Ahora se encuentra como un paciente de una larguísima intervención quirúrgica -mira que han estado años, demasiados, hurgando en los intestinos de sus calles principales con los consecuentes perjuicios para comerciantes y vecinos-, que están a punto de suturar con la activación de la vía barranquera y que en algunas cuestiones ve claramente la mejoría y en otras se nota igual, o peor que antes de operarse. Saliendo de la anestesia, como quien dice. El barrio aún se está autoanalizando, porque cuando antes no caminaba ahora ve que puede correr, pero, claro, le sigue doliendo la barriga, con lo que se le quitan las ganas.
Vamos por partes. La llegada, a su verita, del tranvía y la próxima apertura de las vías de conexión interna por debajo del barranco, más su acceso en el puente por la zona del Greco, sí que le han aportado y aportarán una salida simplificada al cuello de botella en el que se hallaba y que produce la montaña del Mirador de Los Campitos. El beneficio en la comunicación es espectacular e indiscutible la activación circulatoria e integración de la zona, hacia arriba y hacia abajo en el núcleo.
Lo que sigue estando igual, y de ahí el flato, es el tema de la inseguridad, la carencia de espacios y el tema del aparcamiento, entre otros. El barrio de Salamanca se encuentra también en su particular lucha contra las cinco antenas de telefonía móvil instaladas por lo bajini, y la AAVV La Arboleda ha presentado alegaciones al decreto que regula las telecomunicaciones.
Desgraciadamente esos asuntos son de difícil solución, algunos de por viejo. Muchas casas antiguas han sido sustituidas por edificios nuevos, con mayor masificación poblacional y las vías siguen siendo pequeñas y diseñadas para suburbio. Dobles filas, esquinas y el ¡perdón, fue un momentito! son el pan de cada día en la selva de actividad y bullicio. Otras bastantes construcciones se encuentran en ruina, con ocupaciones no deseadas y perenquenes o elementos rebotados por aquí y por allí. "¡Que passssoóh, colega!". El otro día, un hombre que parecía estar bajo la influencia de bebidas alcohólicas o sustancias estupefacientes se arrojó al paso y cuando el tranvía circulaba en sentido La Laguna-Santa Cruz, a la altura del barrio de Salamanca.
Con la carencia de espacio ciudadano tampoco hay nada que hacer. No es la primera vez que los vecinos del barrio de Salamanca critican lo que entienden como tala indiscriminada de árboles. En el entorno del colegio de la zona de José Antonio o Secundino Delgado, se denunciaron auténticos "arboricidios". A estirar las patas a la placita de la Iglesia, es lo que hay; al Club Oliver y ya, pa'bajo, al parque de La Granja o al García Sanabria pa'pasear al perro. Por el vecino Barrio Uruguay, trinque a la parienta y con el tranvía se recorre medio mundo. Porque toda la zona de chalets ha crecido muchísimo, sin aceras y con los canes defensivos ladrando y no hay un mísero rincón ni para tirarle un par de pelotitas al animal -conste que digo al perro-.
La cuestión es que la referencia y población del Barrio de Salamanca, uno de los de mayor solera y tradición, siguen siendo fundamentales para el futuro de Santa Cruz.
infburg@yahoo.e
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD