QUERIDOS estudiantes de periodismo, asimilados e incluso semianalfabetos: sería infinitamente complicado tratar de definirles exactamente lo que es una tertulia. Difícil, porque las formas y maneras de cada una de ellas, ¡con las maneras y formas de cada uno de sus tertulianos!, conforman un conglomerado infinito. De ahí que las clases de tertulias puedan ser innumerables.
Yo, osado como siempre, me voy a atrever a tratar de reducir ese infinito a cuatro (4) tipos en la seguridad de que los que me estén leyendo podrían clasificar otros tantos y? así sucesivamente. Vamos allá pues con estos modelos: a) de especialistas, b) política, c) del corazón o rosa y, por fin, d) la tertulia, tertulia; la aséptica y natural.
A las tertulias a las que acudo como participante siempre "ruego" al moderador y a los demás tertulianos que no politicen los temas, pero fracaso estrepitosamente. Y en las que actúo como conductor o moderador "exijo" lo mismo, pero? fracaso igualmente. Y es que la política se mete en todos los sitios; es imposible evitarla desgraciadamente. Por eso, para no picar yo también, dejemos lo político para la segunda parte.
En la división anterior habrá que hacer algunos apartados. Así, la de especialistas habremos de subdividirla en dos: la seria y la cómica. La seria es a la que acuden personas enteradas en la materia, a los que se les nota una vasta cultura y amplios conocimientos que provienen del estudio y la experiencia. La cómica es la compuesta por tertulianos cuyos conocimientos vienen de haberse enchufado a Internet un par de horas antes del debate. Sin comentarios.
La tertulia política resulta más complicada porque hay que subdividirla como mínimo en tres apartados: a) la compuesta exclusivamente por políticos, que suele ser aburridísima; b) más lo es aún si los que acuden son los portavoces de los diferentes partidos, porque la defensa de su grupo la hacen apasionada y vehemente, más que nada, para la posterior felicitación de sus jefes y la palmadita en el hombro de los militantes y, c) la más creíble es la formada por personas con ideología propia -bueno fuera que no-, pero sin militancia alguna. Gentes totalmente independientes, libres y felices de poder decir lo que les venga en gana, dándoles igual alabar o criticar indistintamente a la izquierda, a la derecha, a los extremos o al centro... si es verdad que éste existe.
Y así se produce una confrontación dialéctica sincera en la que los temas surgen espontáneamente y con frescura. Porque da la sensación de que los micrófonos se han trasladado a la cafetería o plaza en la que se han reunido unos amigos que, con más o menos conocimientos de "casi todo", hablan y discuten con naturalidad lo que piensa cada uno sin la preocupación de que a su término nadie les ponga "nota".
Curiosamente, las tertulias "rosa o del corazón" no necesitan ninguna subdivisión: ¡todas son iguales! La única y sutil diferencia estriba en cual de ellas daña más la intimidad del matrimonio; mejor si es pareja de hecho. O cuál descubre más la vida privada del individuo. Cuál es más morbosa o cual es más cruda y soez. En definitiva, cuál de ellas tiene más mala leche? rosa.
Y sonrojado me quedaría, todo hay que decirlo, si al poner mal a políticos y portavoces no hablara de un "elemento" casi peor. ¿Y cuál es ese raro animal? Pues aquellos otros - y lo pongo en plural- que después de haberse despachado bien en la tertulia pública van corriendo a la "privada" del bar, la sociedad o el cenáculo a ver qué le dicen sus amigos. Y hasta me atrevería a decir que estos son más peligrosos, porque mientras los políticos y portavoces están acostumbrados a pasar de todo, a los segundos les afectan los comentarios.
Comentario aparte merece dos nuevas especies de contertulios -también en plural- que se denominan "aguantantes" y "abandonantes". Dándose la paradoja de que los pertenecientes al segundo grupo son a los que más se les llena la boca de democracia y libertad de expresión.
Y ojo, faltaría más, con los directores, conductores, moderadores e inmoderadores de las referidas tertulias, porque ellos pueden ser los peores de todos por su actitud irónica, ineducada, flácida, cobarde, pasota o demasiado enérgica. Pero eso... no debo estudiarlo yo. Eso les corresponde a ustedes, radioyentelevidentes, por si les apetece coger un lápiz y ponerse a escribir.
Y como se me ha pasado el tiempo, dejo los debates y la vanidad para la próxima semana. Gracias y perdonen ustedes.
* I P C (Inmoderador y peligroso conductor)
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