EL SOCAS CANARIAS dejó escapar, el pasado viernes, un triunfo que hubiese sido muy importante para seguir ilusionándose con repetir la buena campaña realizada en el ejercicio pasado y que le valió el reconocimiento como uno de los equipos revelación.
Tras una buena racha de victorias el partido se presentaba propicio para consolidar posiciones de "play-off" y dejar de mirar hacia abajo y pensar en metas mayores.
Con la premisa de que nada debe haber cambiado en los objetivos de la entidad tras ese choque, lo cierto es que no sucedió así. Y duele más cuando piensas que, a falta de poco más de diez minutos, nadie podía imaginar un desenlace como el ocurrido. Sangrante parcial en contra, imposible de frenar porque piensas más en que se te está yendo un partido que tenías controlado que en cómo arreglar el desaguisado. Cuando el problema es anímico y de concentración, la situación se suele antojar irreversible. Al final, un resultado con mucho castigo.
A la conclusión del encuentro se empiezan a verbalizar las causas de la derrota y los protagonistas coinciden en falta de concentración, en desprecio deportivo hacia el rival o vanidades propias cuando el marcador parecía sentenciado.
El máximo responsable deportivo se coloca en primera fila, en un ejercicio que le honra, y asume la culpabilidad del tropiezo. Quienes le conocemos sabemos que no lo hace de cara a la galería. Alejandro seguro que en los tres minutos finales del partido estuvo pensando en las causas, manejadas por él, que podían estar originando ese inesperado giro que estaba tomando el encuentro. ¿Los excesivos minutos seguidos de Detrick en los dos primeros cuartos le habrían fatigado para tener capacidad de asumir liderazgo en momentos críticos? ¿Rectificar el cambio, en el último cuarto, de Rufián por un desacertado Bustamente? ¿Haber detenido la producción ofensiva de Blair con una defensa diferente?
Pero no es menos cierto, y no pretendo ejercer el corporativismo, que cuando en jornadas anteriores hemos salido encantados con el resultado y con la magia de esa cancha, la aportación imprevisible de algunos jugadores ha sido determinante. ¿Qué fue de Álvaro Calvo en ese último cuarto? ¿Dónde estaba Jaime? ¿Qué oposición ejerció Morón ante un determinante Jason Blair? ¿Qué criterio sostuvo Bustamante en el juego de ataque de su equipo? ¿Y si José Coego anota alguno de los tiros fáciles que hizo tras la captura de varios rebotes ofensivos?
Evidentemente no estoy censurando que no hayan asumido su culpabilidad en la derrota, me consta que ha sido todo lo contrario y así se desprende de sus manifestaciones. No obstante la contundente respuesta del técnico no debe desviar las sensaciones al entorno, las responsabilidades en los errores hay que repartirlas.
El entrenador volvió a dar muestras de ser el jefe del vestuario, él sabrá cómo manejarlo para que lo del viernes quede, en pocas semanas, en un accidente deportivo.
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