DECÍAMOS EN UN RECIENTE COMENTARIO que había cesado, al menos de momento, la orgía de la prensa canariona; una serpiente amarilla que porfía en arrastrarse para morder el calcañal de EL DÍA, pues jamás podrá estar por encima de nuestros tobillos. Ese "de momento" ha sido más breve de lo que esperábamos, aunque ya lo suponíamos bastante corto. Está en la naturaleza intrínseca de los perros de la ira ladrar continuamente mientras babean rabia. Señalábamos en una adenda a nuestro editorial de ayer que "la prensa canariona y sus perversos secuaces en Tenerife, que bregan a diario contra la gente de la Isla y contra nosotros, porque nos hemos constituido en defensores de Tenerife y de sus habitantes, es de una indignidad profesional máxima." El sábado hubo jolgorio general en esa prensa indigna por un motivo que adelantábamos ayer, como es la admisión a trámite por la Fiscalía de la Comunidad Autónoma de Canarias de una denuncia contra EL DÍA, motivada por unos ripios de carácter humorístico.
Nuestra primera reflexión, tras la consiguiente sorpresa, es el peso específico que parece tener una periodista, auténtica terrorista de la pluma, que ya incitó una declaración del Parlamento de Canarias contra la libertad de información y expresión de un medio de comunicación social. Da la sensación de que cada vez que esta señora o señorita -dijimos el otro día que desconocemos este extremo, y seguimos sin conocerlo- sugiere algo, se le cuadran no sólo los más excelsos representantes de la hez del periodismo isleño, sino también los dirigentes políticos canariones y sus cómplices en Tenerife. ¿Y cuál es la razón de este acoso sin cuartel?, se preguntarán ustedes. Fundamentalmente, uno sólo: nuestro éxito. Qué culpa tendrá EL DÍA, su editor y cuantos trabajan en esta Casa de la amplia difusión alcanzada por nuestro periódico
Ahora sabemos, por ejemplo, que la nota de la demanda de cierto partido ecologista contra EL DÍA fue redactada por un socialista que ha fracasado estrepitosamente en numerosas citas electorales. Corroído por el rencor de tanto rechazo popular, nos ataca para aliviar su cólera. Un pobre hombre y patético personaje. Qué le vamos a hacer. Aunque no está solo. Parece que el Partido Socialista en su conjunto nos la tiene jurada. ¿Tratan de imponer los socialistas canarios un terror peor al que en su día nos sometió el franquismo? ¿Estamos ante un nuevo régimen del miedo, cuyas víctimas son los políticos, empresarios y cualquiera que no piense de acuerdo con los cánones impuestos por Zapatero, Pepiño Blanco, López Aguilar y otros gerifaltes de la nueva nomenclatura? ¿Debemos tenerle miedo al Partido Socialista? ¿Está a la pendura nada menos que la libertad individual y colectiva, porque el PSOE moviliza a la Justicia para aterrorizar? En definitiva, insistimos en ello, ¿volvemos a los tiempos de Franco?
Hemos dicho que somos nacionalistas porque estamos plenamente convencidos de que Canarias ha de ser un país libre y soberano. Hemos dicho que somos conservadores porque nos gusta el orden, la familia, las buenas costumbres, la dignidad. Hemos dicho que somos socialistas porque desde siempre hemos abrazado el humanismo cristiano, fieles a la convicción de que toda persona ha de tener los mismos derechos y oportunidades. Pero no pertenecemos a CC, ni al PP ni al PSOE. No nos convence el nacionalismo de CC, ni nos apetece compartir las tesis de un partido como el PP que gestiona la perpetuidad de la situación colonial de Canarias, ni nos podemos alinear con un PSOE que, además de ser igual de nefasto para el Archipiélago que el PP, parece dispuesto a sumergirnos en un régimen de terror propio de la Revolución francesa.
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