Bienales y críticos, líbrenme de todo mal
Me dirijo a Vds. con el ánimo de transmitirles mi sincero estupor, tras muchos años dedicada a mi humilde trabajo. Esto que les contaré es pura realidad, aunque parezca ficción y en mi vida profesional jamás me había sucedido algo igual.
Primer capítulo: como hacedora creativa (artista plástica) me dispuse a realizar un conjunto de piezas, para una pequeña instalación con el propósito de presentarlas a la bienal regional de artes plásticas 2008.
Segundo capítulo: el día señalado como fecha de recepción, primer peldaño. La persona que acusa recibo no sólo me pregunta de manera incómoda y soez si me las llevo de nuevo, ya que se había abierto el plazo y disponía de un mes para hacer entrega de las mismas. Le replico y reitero que prefiero dejarlas de una vez, pues mi estudio dista varios kilómetros de Santa Cruz. Pasaron días y semanas sin saber nada de tamaño magno evento. Entre las compañeras de oficio, ilustres ilusas que enviaron también, nos preguntábamos si habríamos sido seleccionadas, ya que no se dignaron si quiera llamar a los autores para comunicarles el fallo. Transcurre el tiempo y llega el afamado día de la inauguración. Sobreentiendo que, tanto yo como mis compañeros, no habíamos tenido la "fortuna" de ser escogidos al leer la prensa y no figurar en ella. También me fue imposible asistir al susodicho acto inaugural. Pasaron los días, y al no recibir notificación alguna, determino pasar por las oficinas que el Organismo Autónomo de Cultura posee en la antigua recova.
Tercer capítulo: el día 26 de noviembre me dispongo a pasar por dichas oficinas para interesarme por el retiro de mis piezas. Las describo y les cito el lema que adjunté a las mismas. Para mi sorpresa, la dulce y ecuánime persona me comunica que mi obra había sido seleccionada. Confusa le expreso que en ningún momento se me había notificado tamaño privilegio. Había un apartado en la planilla donde en su momento escribí las indicaciones para que se me avisara. Teléfono en un sobre adjunto. Quedé atónita ante tanto despropósito, mas aún el destino me reservaba algunas sorpresas. Al llegar a la bienal donde participo sin haberlo sabido y faltando cuatro días para la clausura veo la primera pieza, y al acercarme al fondo de la sala, las seis piezas de la instalación en tres peanas y contra la pared. Fui reaccionando lenta y abruptamente, invadida por la indignación y con el semblante demudado. Acerté a decir: "¡Muy mal montada!".
Cuarto capítulo: luego de salir de allí me encuentro con linda personita que me comenta: "Leí sobre la bienal y hablan muy mal de tu trabajo", el cual ya lo conocía. Yo, que venía de ver lo que hicieron con mi propuesta plástica, ¿era posible? Pues sí, porque además el hombre, el crítico, "el inefable", se tomó el trabajo de descuartizar mi obra con jactancia pseudointelectual. Y les aclaro, estoy preparada para recibir cualquier comentario sobre mi trabajo, pero esta crítica ha de ser fundamentada y con criterios sólidos. La gratuidad en el juicio, la prepotencia pretenciosa y el pensamiento débil de opinión inmediata sumado al lenguaje falaz únicamente llevan a la malicia, que en nada es constructiva.
Señoras y señores, tras esta deleznable experiencia he decidido no enviar a ningún otro concurso, bienal, o feria de prebostes, al menos, en Santa Cruz de Tenerife. No me presto más para sus salones bluf. A ustedes no les interesa la cultura, ni quienes trabajamos en ello.
Matilde Cánepa González
Gracias, don Adrián
Entre los recuerdos que conservo de mi abuelo, Joaquín Amigó de Lara, se encuentra una entrevista que le realizó en su día el periodista, historiador y aparejador Adrián Alemán de Armas, precisamente dedicada al Colegio de Arquitectos Técnicos de Tenerife, de la que mi abuelo fue fundador y presidente.
Tras el hallazgo, aproveché el descanso de una de sus clases para comentarle a mi profesor de Historia de la Comunicación, el propio don Adrián, la ilusión que me había hecho saber que entre esos recuerdos existía un documento en el que eran partícipes dos de las personas más importantes de mi vida: por un lado, mi abuelo; y por otro, Adrián Alemán de Armas.
Cuál fue mi sorpresa cuando, al recordarle la existencia de esta entrevista, don Adrián no hizo más que esbozar un sonrisa y decirme:" ¿Sabes que el hecho de ser historiador se lo debo a tu abuelo?". Fue entonces cuando este ilustre personaje de la sociedad tinerfeña comenzó a relatarme la historia de la manera en la que él solía hacerlo.
Según me relató este insigne lagunero, mi abuelo le ofreció en su día marcharse a la Península para asistir a unas conferencias sobre Historia de la arquitectura, un hecho que se repitió en varias ocasiones y que tanto marcó al, por aquel entonces, aparejador, que decidió ingresar en la Facultad de Historia de la Universidad de La Laguna, convirtiéndose años después en, además de arquitecto técnico, ilustre historiador de, entre multitud de cosas, del patrimonio y el urbanismo de La Laguna y del resto de Tenerife.
Hoy, lamentablemente, no puedo hacer otra cosa más que llorar su pérdida y evitar pensar en que ya nunca más lo volveré a ver paseando por las calles laguneras a las que tanto dio y a las que tanto amó. Sin embargo, me queda de él algo muchísimo más grande que cualquier otra cosa. Conservo de él su recuerdo. Conservo de él el estar presente en sus clases en la Facultad de Ciencias de la Información, donde cada tarde, cuando llegaba la hora de recibir sus enseñanzas, me hacía ver cada vez más el porqué de querer ser periodista, el optar por esta profesión, que como él decía, al igual que tantos otros, es la profesión más bonita del mundo.
Joaquín La Roche Amigó
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