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MARÍA DEL PINO FUENTES ARMAS *

Las etiquetas de Ana

1/dic/08 07:21
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Es Ana, pero podría ser María o Lola, cualquier nombre vale para la protagonista de estas líneas, una mujer que presume de ser "fashion" y de ir a la última, es decir a color por estación, confundiendo siempre moda con elegancia y poder adquisitivo con clase.

Si va de verde no es por ser el color de la esperanza, al contrario, envuelve en un chal de este tono sus soledades y se deja la etiqueta de la composición en uno de los extremos. Así descubrimos que usa fibras sintéticas, que la prenda en cuestión forma parte de una de las cadenas de distribución más populares, de esas que compran sus productos en países donde se sobreexplota y maltrata a niños y mujeres. Eso sí, Ana condena el abuso infantil y reivindica el papel de las féminas en la sociedad actual.

El día que lleva el color lila o los tonos rosas no es por solidaridad con las mujeres afectadas por cáncer de mama o las que son objeto de malos tratos. Es por el deseo de hacer destacar su tez morena, algo fácil de lograr si envuelve su corto cuello en un "foulard" liviano el cual, como siempre hacen "las divinas" sin clase, lleva la consabida etiqueta con la reseña de la marca comercial, esta vez de tela y doblada sobre sí misma, en un tono que contrasta con la geografía de la prenda en sí. Ana es fumadora social y apenas repara en las indicaciones que aparecen en la cajetilla de tabaco.

Botón y etiqueta de composición, con las advertencias de lavado y secado, forman un maridaje frecuente en su vestuario. Vienen cocidos en las costuras, se perciben sobre sus formas y claman a gritos por unas tijeras que les corten el cordón umbilical de la pieza de ropa a la que permanecen unidos. Esta tarea que suele llevar a cabo la señora de servicio precisa de la orden y del conocimiento previo de la dama en cuestión, la cual adolece de esa cultura social que marca que: "el ver o adivinar las etiquetas es sinónimo de mal gusto". Todo es posible si, como Ana mi protagonista, se usa pegamento para subir el dobladillo de los pantalones, léase por ejemplo cinta adhesiva de doble cara, o se pasea con los jerséis llenos de hebras sueltas.

El "rouge" de labios que no falte, en abundancia, aunque en los zapatos de tacón inversamente proporcionales al tamaño de la protagonista aparezca en la suela la etiqueta de la composición del mismo, la del precio y la del precio de oferta, pues esta mujer ataca las rebajas en busca de piezas extravagantes con las que completar lo que pomposamente llama "fondo de armario", ignorando que este concepto habla de líneas clásicas, colores sobrios y prendas básicas que rayen la intemporalidad; texturas suaves, sin estampados ni abalorios llamativos, con la uniformidad y el equilibrio como lemas.

Es evidente su ignorancia, pues no aplica la buena norma de quitar al calzado y a cualquier elemento del vestuario la etiqueta. Da igual que sea colgante, cosida, adhesiva o bordada, no es elegante ir de mujer anuncio y mucho menos de "fashion" hortera en rebajas. La suela del zapato no se enseña nunca, pero hay que observar especial cuidado si en la zona del arco del pie han colocado la etiqueta fluorescente de rebajado. Un algodón con alcohol hace milagros.

Me consta que tiene pocas ocasiones de hacer vida social, por eso el día en que un caballero la ayudó en mi presencia a quitarse la chaqueta, observé aterrada la etiqueta con los botones de repuesto cosidos, algo que se veía tanto o más que los pliegues de mal planchada y el descocido del forro. Evidentemente toda huella de glamour había desaparecido, dando paso a una imagen de descuido propia de la vulgaridad que siempre le había supuesto. Es lo que tiene ser alguien en una sociedad primaria, máxime si se alardea de poder, que siempre se está en el punto de mira.

El abuso de escotes en la vida laboral también es una etiqueta que cuelga entre dos pechos. Invariablemente los ojos del interlocutor se van hacia ese punto de unión de las dos prominencias mamarias, valorando su textura, tamaño, forma, y olvidándose de los valores intelectuales de su poseedora. Prima el comportamiento animal y el acento de provocación de la fémina en cuestión. Aquello de "lo que se han de comer los gusanos que lo disfruten los humanos", está bien para ir de ligue a los bares de separados o de marcha de sábado, pero si quieres que te respeten por tu supuesta capacidad intelectual y buen hacer, evita ir pidiendo guerra en un país de soldados armados. La buena profesional o ejecutiva no vende carne ni compra afectos baratos, no sale de cacería entre semana ni pone junto a su firma el lema de mujer desesperada.

Glamour y elegancia no son compatibles con las "etiquetas", sea cual sea la naturaleza y situación de estas.

* Titulada Superior Universitaria en Relaciones Institucionales y Protocolo

 

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