A. MEL, Guía de Isora
"El pueblo ha cambiado" es la frase más repetida entre los más veteranos de Chirche y Aripe. Paulina Dorta Alonso, María Dolores Rodríguez González y Manuel Rodríguez Díaz vivieron otros tiempos en estos dos rincones de la geografía isorana que se convierten en Bien de Interés Cultural. "Mucho trabajo y mucha miseria vivíamos antes", reconoce Paulina, quien, a sus 93 años, vuelve la vista atrás para recordar aquellas tardes con los tocadores de guitarra, un baile en las casas, "que antes no estaban encaladas ni eran tan cómodas", y los momentos con los amigos de la juventud. También María Dolores, de 73 años, recuerda su niñez y juventud. "Con 11 años ya cuidaba las cabras de mis padres, aunque también jugábamos con muñecas de trapo. En cambio, no pude ir por mucho tiempo a la escuela y aprendí a trabajar el tomate y también a ayudar en las tareas de la casa y el campo", explica.
Para los hombres, también fue una época de trabajo duro y sacrificado. Manuel, que entre risas dice tener unos 30 años, pero en realidad son 85, dedicó su juventud a trabajar en la carretera de la cumbre, como muchos otros hicieron en esos años, y también estaba encargado de llevar las cabras y los animales de un lado a otro buscando los mejores pastos. "Dependiendo del tiempo íbamos para la costa o para la cumbre, siempre buscando comida para el ganado", explica Manuel, que no olvida que también se trabajaba mucho el campo.
"Teníamos poco y había que trabajar todo el día", señala. "Nuestras labores se centraban en el campo, los animales y la casa y lo de estudiar quedaba a un lado, aunque hay que reconocer que muchos de nuestros mayores eran muy sabios sin tanto estudio y sin apenas saber leer y escribir en muchas ocasiones".
Tradición olvidada
Pese a que desde hace varios años, la zona de Chirche y Aripe recoge las costumbres más ancestrales del lugar en el Día de las Tradiciones, los veteranos de ambos pueblos reconocen que "la juventud de hoy en día no conoce nada sobre lo que pasaba antes". Saben que es una buena idea esta iniciativa "que permite a las nuevas generaciones conocer cómo se trillaba, se lavaba y otros muchos aspectos, pero todavía haría falta más, puesto que si se llegara a un momento crítico, serían muchos los que tendrían que volver a vivir de la tierra y el ganado".
La trilla y el agua
El campo fue una de las fuentes de alimento para los vecinos de Chirche y Aripe hace años. Con más de 14 eras y numerosos hornos de teja, en estos dos pueblos se plantaban toda clase de cereales -centeno, cebada, trigo-, incluso lentejas, papas y otros productos. "Las eras se llenaban y gracias a la lluvia se vivía del campo", explica Manuel. También María Dolores recuerda que se recogían las almendras, se trabajaba mucho el tomate y tampoco se olvidaban otros productos que eran fundamentales en la cocina.
Uno de los bienes más escasos con el que se encontraban las generaciones anteriores en Chirche y Aripe era el agua. Este preciado líquido, que antes no llegaba a las casas como lo hace hoy, a través del grifo, un hecho que nos parece de lo más corriente en la actualidad, había que ir a recogerlo a los orígenes. Manuel recuerda cuando se preparaban los canales para alguna de las galerías y "había que hacer filas para recoger el agua y llevarla a casa". "Se iba a lavar fuera de casa porque antes no teníamos las comodidades que hay ahora y los jóvenes desconocen todos los sacrificios que nosotros hacíamos", explica Paulina, quien asegura que "ahora hay de todo y los jóvenes no se preocupan, pero antes teníamos que luchar diariamente para seguir adelante".
Todos coinciden en las penurias que se pasaban hacen años y en las comodidades que se han ganado con el paso del tiempo, pero también reconocen que "antes se era feliz con menos y ahora la gente no se conforma con nada", y confían en que los más jóvenes retomen esas tradiciones que han caracterizado a estos dos rincones de Guía de Isora.
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