RAÚL SÁNCHEZ, Icod
Una gran obra como el anillo insular de carreteras causará impacto ambiental a su paso por Icod de los Vinos, pero ningún estudio técnico se ha parado a evaluar el impacto emocional y familiar de esta nueva vía rápida, que lo tiene. Y si no, que se lo pregunten a la presidenta y portavoz de la Plataforma Icodense por Nuevas Alternativas al Anillo Insular, Alejandra Pérez, cuya familia perderá bajo el asfalto un total de cinco viviendas habituales, varios terrenos cultivados y un estanque de agua de riego, todo situado en El Reventón. Su caso es ejemplar, pero no único, ya que la familia de la secretaria de este colectivo, Silvia Gómez, perderá otras cinco casas y varios terrenos.
Alejandra Pérez representa mejor que nadie a esas "más de 775 familias atravesadas por el anillo insular", separadas de su entorno y de sus seres queridos por una infraestructura viaria concebida, paradójicamente, para cohesionar la Isla.
La nueva carretera se llevará por delante las viviendas donde actualmente residen unas 15 personas de la familia de Alejandra, la mayoría con más de 50 años de edad: las dos casas de sus tíos Marcos Felipe y Benigno Pérez, así como parte de sus terrenos anexos; la vivienda de su padre, Eugenio Pérez; de su prima María, y de su abuela Ana Florencia Delgado González, una mujer de 77 años de edad cuya salud se ha resentido ante la perspectiva de abandonar para siempre su casa. Además, su tío Moisés se queda sin huerta y su tío Martín perderá un terreno y un gran estanque de agua.
Alejandra afirma que esta vía "se lleva toda nuestra vida, edificada alrededor de la casa que hizo mi abuela y que aún hoy nos sirve de punto de encuentro. A su alrededor viven siete de los diez hijos que le quedan y tres van a perder, junto a ella y otros familiares, la casa".
"Los terrenos son todos de la familia y los hermanos han ido construyendo unos junto a los otros porque, para la gente que somos del campo, la familia es importante", subraya.
A su juicio, las valoraciones económicas de las viviendas y terrenos afectados son "ridículas e, incluso, ofensivas". A modo de ejemplo, Pérez cita la casa de su padre: "Una vivienda terminada de tres plantas, con más de 200 metros cuadrados construidos, por la que ofrecen, incluyendo el terreno, una indemnización de 160.000 euros".
La presidenta de la Plataforma niega que nadie les haya ofrecido, de momento, permutas de terrenos, tal y como anunció recientemente el Cabildo de Tenerife. Unas permutas que, según Pérez, "consistirían en cambiar terrenos de los altos de Icod por fincas en La Guancha. Con una oferta así es lógico que nadie haya aceptado el cambio y no precisamente por la crisis económica".
"En mi familia nadie cambiaría su terreno por unos euros, porque la gente de campo sabe que vender sólo se vende una vez -recalca-, y que estas huertas a nosotros nos producen beneficios directos".
"Nada por escrito"
"Al principio se comprometieron a cambiar casa por casa, pero en cuanto han visto las dificultades que hay para encontrar terrenos disponibles, han empezado a echarse para atrás. Últimamente nos dicen que nos busquemos nosotros un terreno y que fabriquemos, que ellos nos pagan un alquiler durante dos años como máximo, pero es que encima no quieren dar nada por escrito y las palabras se las lleva el viento", lamenta Pérez.
La portavoz de esta familia icodense considera que su ayuntamiento "juega a dos bandas" y "tampoco se compromete a ayudar a las víctimas de las expropiaciones". Según Pérez, "el consistorio ni siquiera se compromete a aliviar los gastos de los permisos y licencias de obras para los expropiados. El abandono es insólito. Para que entiendan de lo que hablamos, baste decir que mi abuela tiene una parcela junto a su casa donde se podría reconstruir su vivienda, pero el Ayuntamiento de Icod le deniega el permiso alegando que hay dificultad de acceso".
"Nosotros no podemos irnos a la ciudad a vivir de alquiler, somos gente de campo y nuestra vida es ésta. ¿Qué van a hacer mis tíos o mi abuela con sus cabras, sus conejos, sus gallinas, sus perros, su yegua, sus barricas de vino o el lagar? Todo eso no se puede llevar a un piso", lamenta Pérez.
"No sólo nos piden que renunciemos a nuestras casas, sino a toda nuestra vida, a nuestra forma de vida. Mi abuela nació en La Cruz del Camino, en los altos de Icod, ¿cómo la vamos a meter ahora en un piso sin sus animales y sin su huerta?", se pregunta Alejandra.
"Mi abuela está asustada y triste, no come bien, no duerme bien, no para de pensar qué será de ella. Toda esta situación, esta presión brutal de las administraciones sobre unos pobres ciudadanos la tiene actualmente ingresada en el Hospital de La Candelaria. Y ella no es la única, hay mucha gente mayor que a causa de estas expropiaciones sufre depresión porque no se ve con fuerzas para empezar de nuevo", detalla.
En su opinión, el daño que causará el anillo insular entre Icod y El Tanque será "mucho mayor que el del gran incendio de 2007, porque lo que van a destruir ahora no es como los pinos, esto no tiene repuestos".
"Lo peor es que todo este daño se va a causar por una carretera que ya tenemos. Van a expropiar 80 metros de anchura para crear una vía rápida de dos carriles, no una autopista; una vía que podría hacerse ampliando y mejorando la actual", indica Pérez.
La presidenta de la plataforma asegura no entender "el temor que les produce a algunos la actual carretera, la misma que hemos recorrido todos los días mi marido y yo durante los 15 y 13 años que hemos trabajando en el Sur, hasta que nos han dejado en el paro".
A pesar del negro panorama que afronta su familia, Pérez reconoce que existe un rayito de esperanza en forma de terrenos disponibles: "Hace casi dos meses nos dijeron que el constructor que había comprado un terreno de un tío nuestro, que está cerca de las casas que nos van a tirar, ahora estaba dispuesto a negociar con el ayuntamiento. Para nosotros es la única alternativa existente, así que le dimos el visto bueno. Han pasado dos meses y en el consistorio nos dicen que aún no la han presentado al Gobierno de Canarias. Incomprensible, porque allí querían hacerse 18 casas y ahora parece que nadie tiene prisa". Mientras, su familia espera con el "anillo" al cuello.
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