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EDITORIAL

Las bases de la soberanía canaria

30/nov/08 03:29
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No comprendemos cómo tantos individuos, de uno y otro estamento, se han permitido acusarnos de racistas y xenófobos, cuando nuestra actitud sólo ha sido la de prevenir. Si se aplicase a todo el mundo el mismo rasero con que se nos ha medido a nosotros, los primeros racistas, xenófobos y enemigos de los subsaharianos serían los miembros de la cruz roja, la policía nacional, la guardia civil y las policías locales, pues habitualmente utilizan mascarillas y guantes para protegerse de posibles contagios. En esa línea preventiva estamos nosotros. Debemos cubrirnos ante una situación que haga imposible nuestra supervivencia. Siempre se ha dicho que la caridad bien entendida empieza por uno mismo. El propio evangelio establece que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, no más ni menos que a nosotros mismos.

TODOS somos criaturas de Dios. Por esa razón debemos amar y atender, de la mejor forma que seamos capaces, a quienes llegan a nuestras costas en penosas condiciones. En este punto conviene una reflexión, por otra parte muy adecuada para un domingo. Un día, hace ya algún tiempo, un periodista que nació pobre y que se ha hecho muy rico -su patrimonio supera los mil millones de pesetas- a base de amenazas a políticos y empresarios que se dejan amedrentar por su pluma, nos acusó de racistas y xenófobos. En su afán por destruir el prestigio de esta Casa y de José Rodríguez, editor y director de EL DÍA, incluso azuzó campañas de todo tipo contra nuestra línea editorial y también contra algunas informaciones, absolutamente imparciales, que habitualmente publicamos en nuestras páginas sobre la llegada de subsaharianos. Cabría suponer que si nosotros somos los malos y el periodista en cuestión es el bueno, alguna vez habría acogido en una de sus propiedades a quienes llegan desamparados a las costas de Tenerife. No ha sido el caso. Es decir, una vez más estamos ante el irrefutable aserto popular de que una cosa es predicar y otra dar trigo. Eso sí, con la torticera circunstancia de que esta persona no ha predicado la bondad, sino el odio contra nosotros.

LO peor es que este desaconsejable individuo no está sólo. Lo siguen sus secuaces, que no son muchos pero sí ruines. Entre todos ellos empujaron en su momento al Parlamento de Canarias a realizar una declaración infame contra la libertad de expresión e información. Y aquí, un necesario punto y seguido. Nos parece bien que Tenerife sea la sede de un centro de excelencia de la ONU para el desarrollo de África, tal y como recogíamos en nuestro periódico el pasado jueves, porque es nuestra Isla el actual lugar de arribada del mayor número de cayucos. Las Palmas siempre ha querido acaparar todos los organismos relacionados con el vecino continente. Prueba de ello es que en esa ciudad está la Casa de África, o la Casa África, sin preposición, como se denomina oficialmente a esta institución. ¿Hasta cuándo va a seguir permitiendo tales agravios el Gobierno de Paulino Rivero?

EL presidente del Ejecutivo canario es una persona que hoy por hoy goza de nuestra confianza; mañana, no lo sabemos. Todo depende de su actuación y de sus aciertos. Pensamos que el señor Rivero es otro de los atenazados por la Constitución española. Nos parece bien que la respete. También nosotros lo hacemos. Respetamos la Carta Magna española antes de que el propio presidente canario se haya declarado igualmente obediente a ella. Pero la respetamos por imperativo legal, ya que se trata de una Constitución impuesta por criterios que nos son ajenos. La Constitución española, que esta semana cumplirá treinta años de vigencia, fue aprobada por el voto de millones de españoles que no quieren perder una finca colonial situada al sur de sus costas, y a mucha distancia, llamada Canarias. Las otrora Islas Afortunadas. Por eso hemos dicho, lo repetimos hoy y lo manifestaremos cuantas veces resulte necesario en el futuro, que acatamos y respetamos la Constitución, pero no la aceptamos. ¿Qué valor tiene el hecho de que la Carta Magna española establezca la españolidad de Canarias? Ninguno. O, si alguien lo prefiere así, el mismo que si a los constitucionalistas se les hubiera ocurrido establecer que el Principado de Mónaco es una comunidad autónoma de España. ¿Por qué se empeña entonces usted, don Paulino, en decir que Canarias debe desarrollarse como nacionalidad en el marco de la Constitución española? Esto no es posible porque la única aspiración legítima para nuestras Islas es la de país soberano.

VARIOS motivos sustentan esta afirmación. Motivos, o bases, de nuestra soberanía, que hemos enunciado en múltiples ocasiones y que enumeramos una vez más. En primer lugar, Canarias era una tierra libre antes de la cruel invasión que diezmó a sus primitivos pobladores. Los conquistadores españoles esclavizaron a los guanches supervivientes del genocidio y se apoderaron de sus riquezas. Luego, mediante la venta de los esclavos, llenaron aún más sus arcas con el infame comercio de personas. Gentes que ni siquiera eran de color. No respetar la libertad de unas criaturas libres, porque Dios quiso que libres nacieran y libres vivieran en sus floridas tierras, fue una de las muchas aberraciones cometidas por los países europeos. Práctica a la que no fueron ajenas las tropas regulares de Castilla, acompañadas por mercenarios y otras personas de baja ralea. En definitiva, la consumación de una vil doctrina: te aniquilo para quedarme con tus riquezas y tu territorio. Un segundo factor es la distancia que nos separa de España y de su capital. Es absurdo que un Archipiélago pegado a un continente -apenas cien kilómetros nos separan de África- sea propiedad de otro que está a 1.400 kilómetros. En estas condiciones, nadie con capacidad de raciocinio puede justificar que Canarias sea territorio español. El tercer motivo, base o circunstancia para aspirar a nuestra soberanía son nuestras riquezas. Durante siglos -lo recordábamos hace pocos días en un comentario- España se enriqueció con el oro y la plata que rapiñó de América. Centenares, miles de galeones transportaban a la Península los bienes esquilmados de los pueblos colonizados, cuyos ciudadanos eran esclavizados muchas veces por los conquistadores para que trabajasen en las minas hasta morir de agotamiento. Hoy, si bien de forma más civilizada porque los tiempos son otros, Canarias sufre el mismo despojo a manos de los godos que se llenan los bolsillos con lo que producen las Islas a las que sojuzgan.

TAMPOCO podemos olvidar, como cuarta base para acceder a nuestra soberanía, la ambición de Marruecos. La protección que tendríamos como país libre sería inmensamente superior a la que nos podría proporcionar España, si ese fuese su deseo. Y decimos esto porque estamos convencidos de que un Gobierno débil, como el de Zapatero, nos entregaría a la monarquía alauita apenas presionase un poco Rabat. Lo ocurrido con el Sáhara es un ejemplo elocuente en sí mismo. Hoy ningún país puede invadir a otro con impunidad. Esa sería nuestra mayor garantía. No olvidemos que todas las Islas, con excepción de El Hierro y una parte de La Palma, están en la zona económica exclusiva de Marruecos. Sin embargo, como la inclusión de una parte del territorio supone la integración del resto, tanto El Hierro como esa zona excluida de La Palma pasarían automáticamente a ser territorio marroquí. En definitiva, Marruecos puede reclamarnos en el momento que le parezca oportuno sin otra opción para los canarios que la de vestirnos con chilaba, salvo que seamos una nación soberana.

ANTES de acabar, un apunte no por muy repetido menos importante. Groenlandia ha aprobado en referéndum su independencia de Dinamarca. En el caso de Canarias, esa consulta sobra. Con un pueblo narcotizado por la Metrópoli podemos imaginarnos cuál es el resultado. En nuestro Archipiélago sólo cabe aplicar la resolución 1.514 de las Naciones Unidas, y la fecha tope es el año 2010. No lo olvide, don Paulino, cuando vuelva a referirse al marco constitucional español para la nación canaria.

ADENDA: Escrito este editorial, nos enteramos de que la Fiscalía de la Comunidad Autónoma de Canarias admite a trámite la denuncia motivada por unos versos de carácter humorístico, escritos por un aficionado a los ripios, y que pasaron inadvertidos para nuestra sección de Cultura.

Sigue en la página 26

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