Tenerife Norte
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Cacharros y tablas

El ruido metálico amenizará hoy la noche en municipios como el Puerto de la Cruz y La Orotava, mientras las tablas se deslizarán a toda velocidad hasta el domingo en las calles más empinadas de Icod de los Vinos y Garachico. Es la víspera de San Andrés, cuando el vino nuevo llega con estruendo.
29/nov/08 02:26
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R. BARRETO, Pto. de la Cruz

En las postrimerías de noviembre abren las bodegas y se prueba el vino nuevo de la vendimia. La víspera de San Andrés toma hoy las calles y plazas de los municipios norteños donde se repite ese ritual del arrastre y deslizamiento de las tablas y cacharros en Icod de los Vinos y el Puerto de la Cruz, donde la tradición está bastante arraigada y cuenta con un significativo respaldo institucional. Sin embargo, esta expresión de la cultura popular se extiende al resto de los municipios de las comarcas del Valle de La Orotava, Acentejo, Daute e Isla Baja.

La víspera de San Andrés discurre en el Puerto de la Cruz en torno al arrastre de las ristras de latas que se confeccionan previamente en los centros escolares, en las casas o en la gran carpa que se instala en la plaza del Charco, con el asesoramiento de animadores y monitores de la Universidad Popular Municipal Francisco Afonso Carrillo y el área de Cultura.

Según la leyenda popular, el arrastre de los cacharros y el deslizamiento de las tablas tiene su origen en que San Andrés, que "era cojo, llegó borracho y cargado de cacharros el último día del mes y no el primero como el resto de los santos". Otras fuentes aseguran que San Andrés cogió tan fuerte cogorza que se quedó dormido y hubo que despertarlo al ruido de los cacharros que los niños le habían colgado en sus ropas. Y, según se indica en el informe del área de Cultura portuense, "no falta quien dice que el arrastre de los cacharros fue empleado para ahuyentar la plaga de la langosta".

Sin embargo, esta tradición tiene su origen en una costumbre de los bodegueros que pervivió hasta el siglo XX. Una vez que el mosto había fermentado y reposado unos diez días en la barrica, se pasaba el vino a un tonel limpio, lo que posibilitaba la venta y la exposición de los caldos. Para la limpieza de las barricas los bodegueros utilizaban agua salada, pues ésta elimina los ácidos incrustados en su interior, por lo que descendían desde las bodegas hasta la costa.

Por esas fechas, antiguamente, los toneles rodaban por las calles, dando lugar a que los bordes metálicos sonaran al deslizarse sobre los adoquines, y, a veces, se empleaban unas tablas a modo de corazas para evitar que se dañaran. Con seguridad, el anuncio más característico de la apertura de las bodegas y la cata de vinos era el ruido producido por los toneles rodando por las calzadas hacia el muelle.

La tradición de correr los cacharros se remonta al primer cuarto del siglo XX. Hay referencia de personas que corrían el cacharro en los años treinta de la pasada centuria.

El cultivo de la vid llega a las Islas con la conquista, y poco después, ya se exportaban excelentes caldos, como los famosos malvasías, hacia América y Europa. Tenerife fue el principal centro de producción vinícola de Canarias, alcanzando su máximo esplendor en el siglo XVII. El Puerto de la Cruz representó un papel fundamental en la exportación de vinos a Europa, sobre todo, en el siglo XVIII, a partir de la destrucción del puerto de Garachico por la erupción volcánica de 1706.

En El Sauzal los carros adquieren un protagonismo singular, sobre todo en Ravelo. Las parrandas animan las bodegas, tabernas y guachinches en Santa Úrsula, La Victoria, La Matanza y Tacoronte, en torno al buen vino, las castañas y el pescado salado. Los cacharros animan las calles de municipios como La Orotava o el Puerto.

Las actividades en la víspera y festividad de San Andrés en Garachico se suceden en casi todos sus barrios. La Caleta de Interián es el lugar donde se celebra con mayor esplendor, pues el apóstol es el patrón de la localidad.

Garachico, posiblemente, sea una de las localidades donde se concentran más tradiciones. El correr de las tablas se practica desde siempre en San Juan del Reparo y más recientemente en Los Reyes, mientras que en Genovés son los carros (tablas con ruedas) los que cobran fuerza estos días. Las vías del casco urbano son recorridas cada año en la "víspera del santo", por una chiquillería arrastrando sonoros cacharros, que previamente han confeccionado buscando formas caprichosas, con más o menos arte, en el taller que monta la Concejalía de Juventud.

A estas tradiciones, se une el estreno del vino nuevo o apertura de las barricas, costumbre que se mantiene tanto en la zona costera como en las medianías del municipio. A los nuevos caldos se les "acompaña" con diferentes platos, entre los que cabe destacar las castañas guisadas con pescado, las garbanzas con chorizo, las sardinas saladas o las viejas "jareadas", representativos ejemplos de la gastronomía popular.

Las calles del Plano, Hércules o San Antonio, en Icod de los Vinos, son puntos de una tradición que se mantiene cada año y se perpetúa en el tiempo debido al entusiasmo de las nuevas generaciones de jóvenes que no dudan en sortear los riesgos y deslizarse por las empinadas vías, con su tablas de madera, que se precipitan hacia una especie de colchón gigante formado por decenas de neumáticos que amortiguan el golpe.

Desde hoy y hasta mañana, domingo, se sucede el arrastre de las tablas en las vías de Icod de los Vinos y comarca.

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