MARGA MARRERO, Tenerife
Cuando las palabras reciclar, ecología o emisión de gases ni siquiera formaban parte del vocabulario popular, el Puerto de la Cruz, por iniciativa del alcalde Paco Afonso, organizó en 1982 el primer Festival de Cine Ecológico y de la Naturaleza de Canarias que se celebró hasta 1995. Después de trece años, el Ayuntamiento de la ciudad turística retomará este certamen, precisamente en el ejercicio en el que las emblemáticas salas del Chimisay han cerrado sus puertas.
Pese a que la alcaldesa portuense Lola Padrón anunció en la campaña electoral su intención de resucitar la muestra, no fue hasta el pasado viernes, fecha en la que el Ministerio de Cultura anunció una partida de 50.000 euros para este proyecto, cuando se concretó su materialización.
Parece acertado recuperar la iniciativa en este momento, cuando el cambio climático y el desarrollo sostenible constituyen temas centrales en las agendas políticas y sociales. En este nuevo entorno de recorte presupuestario para el próximo año, el Ayuntamiento del Puerto afrontará la organización de este evento, que comenzó su andadura en mayo de 1982 con tres objetivos: promocionar el cine y la cultura, sensibilizar a los ciudadanos sobre los problemas medioambientales y, por último, promocionar el Puerto de la Cruz en el exterior.
El experto en cine Alfonso Eduardo Pérez Orozco se puso al frente de esta iniciativa durante sus diez primeros años de vida, en los que se proyectaron 500 largometrajes, de los que 100 fueron estrenos mundiales y 200 nacionales. En la primera década del certamen participaron más de 500 profesionales del sector cinematográfico al tiempo que lo visitaron unos 300 ejecutivos de la industria. En total, se estima que en esos dos lustros pasaron 60.000 espectadores por los cines Chimisay y Timanfaya.
Tippi Hedren, Tony Curtis, Luis García Berlanga, Imanol Uribe, María Barranco, Juanma Bajo Ulloa, Gabino Diego, Alfredo Landa y José Luis Garci fueron algunos de los personajes que visitaron la ciudad turística para ser partícipes de este certamen en el que se estrenaron filmes como "El oso", de Jean-Jacques Annaud, y "El gran azul", de Luc Besson, en 1988; "Abyss", de James Cameron en 1989; "El río de la vida", en 1993, dirigida por Robert Redford, entre otras producciones.
Como cualquier otro evento de este tipo, el certamen contaba con actividades paralelas como concursos de fotografía, talleres y conferencias; sin embargo, su crónica interna revela que sus organizadores tuvieron que enfrentarse a una precariedad organizativa y financiera en casi todas sus ediciones.
En un principio pretendía fomentar el debate y la reflexión en torno al cine, la cultura y la ecología y, en el último año que se celebró (1995) ya se decía que la "ecología era una prioridad social". Además, cabe recordar que a partir de la séptima edición comenzó a llamarse Festival Internacional de Cine Ecológico y de la Naturaleza de Canarias, pues antes era del Puerto de la Cruz. Ese año se organizaron actividades en Santa Cruz, Arrecife y Las Palmas.
El director de la muestra narra en el libro "XII años de la nueva conciencia", editado en 1993, que esta iniciativa fue una apuesta arriesgada, al decantarse por el tema de la ecología como eje central. El responsable recuerda el "paulatino" abandono del certamen por parte del público más joven que, si bien al principio de los ochenta acudían al Puerto en sus ratos de ocio, en los noventa dejaron de hacerlo. Pese a que se vivieron años de esplendor, como cuando en 1983 la activista alemana de Los Verdes Petra Kelly estuvo en Tenerife, lo cierto es que la capacidad organizativa y financiera de la muestra dejó que desear en ocasiones.
La muestra recibió también el espaldarazo de reconocidos creadores canarios, como César Manrique que diseñó los carteles para las ediciones VIII, IX y X; mientras que en los dos años posteriores fueron Gonzalo González y Martín Chirino los responsables de esta labor.
La muestra vio su final en la décimo tercera edición. Según parece, las causas de su conclusión se deben a diversos motivos como las constantes críticas de la oposición, entonces ocupada por Coalición Canaria y Partido Popular, que achacaban al equipo de gobierno el derroche económico para este proyecto en relación a la escasa promoción que se hacía de la ciudad. Además, varios sectores criticaron también que el festival se había "desviado" de su planteamiento original, pues según parece en sus últimas ediciones se invitó a personas que nada tenían que ver con el cine.
Testigo directo
El cineasta canario Teodoro Ríos, testigo directo de la historia de este festival cinematográfico, comentó que uno de los problemas a los que se enfrentó el certamen fue la constante falta de presupuesto que no permitía "traer a las grandes estrellas que la organización siempre prometía y que se suponía iban a promocionar el Puerto de la Cruz en el mundo".
El director de cine criticó también el hecho de que la dirección "no contara con la participación de los creadores canarios, que en aquel entonces tampoco eran tantos"; no obstante, esta situación cambió unos años después y, de hecho, en 1988 se estrenó "Guarapo" en el capitalino cine Víctor dentro de las actividades promovidas por este festival.
A juicio de Ríos, cuando el festival finalizó en 1995 tan sólo tenía dos salidas posibles: aumentar su presupuesto y cambiar la temática ecológica o, por contra, continuar con su filosofía inicial y reducir el ámbito del certamen a un nivel más técnico, ya que "tanto antes como ahora se produce muy poco cine que tenga que ver con el medio ambiente".
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