¿QUIÉN persigue a quién? Acaso sea esta la pregunta de hoy en día. Quizá sea la cuestión que nadie se atreve plantear desde hace mucho tiempo. ¿Duda alguien que no se puede denostar a una persona por ser homosexual, alta, baja, gorda, enjuta, con el pelo teñido de colorado o canosa, de izquierdas, de derechas, progre, casposa, etcétera? ¿Duda alguien que la Constitución española, esa ley de leyes que todos estamos obligados a cumplir aunque a algunos no nos guste, establece la inequívoca igualdad de todos los ciudadanos con independencia de credo, ideario político y cuantas diferencias individuales puedan existir? Si esto es así, y desde luego es así, ¿a cuenta de qué esa declaración solemne del presidente del Gobierno de Canarias para que se denuncie sin contemplaciones cualquier discriminación por orientación sexual?
Si se ha establecido que no resulta admisible ninguna diferencia de derechos entre hombres y mujeres, así como entre homosexuales y heterosexuales, lo que procede es aplicar la ley y castigar al infractor. Lo demás resulta cargante por repetitivo. Y si lo que se pretende es establecer una discriminación positiva, que se diga abiertamente. En algunos estados de Norteamérica se ha hecho con las personas de color, tradicionalmente discriminadas incluso décadas después de abolida la esclavitud. Con preferencias a la hora de acceder a determinados empleos públicos, o a percibir ayudas sociales, se pretendía resarcir a importantes sectores de la población por las injusticias del pasado. ¿Los resultados? Pues, casi siempre dudosos. En muchos lugares han sido los propios negros quienes se han negado a tales beneficios. La mayoría de ellos sólo quiere el trato igualitario que le corresponde a cualquier persona.
¿Aspiran los homosexuales españoles a esta discriminación positiva para soslayar injusticias del pasado? No lo sé, aunque lo dudo. Gandules, pícaros y aprovechados de cualquier índole hay en todos los bandos. Pero abundan más las personas honestas que sólo desean un trato de acuerdo con la legislación vigente, y que se les permita vivir en paz. Lo contrario nos llevaría a una pregunta aun más inquietante que las anteriores: ¿ha de tener alguien ventajas por ser homosexual? Si alguien pretende que sea así, que lo diga abiertamente. Insisto en ello, porque esta es la madre del cordero.
Por lo demás, si al presidente de todos los canarios le preocupa el bienestar de los ciudadanos sin exclusión alguna, hay muchos campos en los que puede prodigar su buen hacer de gobernante. Verbigracia, podría empezar por que no existan distinciones en el acceso a la sanidad, en el sentido de que quienes no pueden pagar un médico privado sean atendidos con igual prontitud que aquellos con capacidad para acudir a un especialista de pago. Y lo mismo cabría decir de la educación o el acceso a la vivienda, por citar únicamente un par de temas adicionales. En definitiva, hay muchos problemas que no se resuelven poniendo una bandera coloreada a la puerta de un ayuntamiento, un cabildo o una consejería del Ejecutivo autonómico. Aunque el señor Rivero no necesita que le recuerden estas cosas. Las conoce perfectamente. Al igual que conoce, como cualquier político, la importancia de desviar la atención cuando no se puede resolver lo realmente urgente.
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