1.- Apunta el alba, Niña Piedad , en La Orotava mientras duermes tus recuerdos en un orfanato de no sé dónde. Huérfana sin serlo, pequeña, pues tu madre biológica ha vuelto a caer en el precipicio y tu madre de verdad derrama lágrimas confundidas con estos días de lluvia. Qué sabes tú de leyes y de jueces que anteponen la norma a la lógica y a los sentimientos. Qué sabrás tú de las leyes que construyen personas mayores que no entienden a los niños de siete años que quieren abrazar a quienes les han dado amor; sólo a esos. Qué sabes tú de policías en la puerta y de gruesos mandatos escritos a ordenador con membrete de la Justicia. ¿Qué Justicia, Niña Piedad? ¿La que te arrebata de los brazos de tu madre de verdad y te entrega a los de una mujer que sólo te parió? ¿Esa es la Justicia que imparten los mayores? Empezarás dentro de nada a saber que este mundo está completamente loco y perdido, que los valores ya no sirven, que los comportamientos se han bestializado, que la droga ha acabado con los restos de la cordura. Que los jueces aparcan los sentimientos para aplicar algo que se llama "ley" y que no vale para todos los casos. Al menos no vale para el tuyo.
2.- Nadie se acuerda de ti, Niña Piedad; ni siquiera te llamas Piedad sino vete tú a saber. Malvives arrinconadita en un lugar de acogida sabiendo que ahí fuera hay una familia que te quiere y que desea rescatarte. Y te preguntas el porqué no te abren la puerta. Y no encuentras explicación, como no la encuentro yo, como no la encuentra nadie. Mientras, esos señores tan feos a los que llaman políticos hablan en la tele; hablan de ti, pero no hacen nada por paliar tu dolor. Lanzan discursos que ni tú ni yo entendemos diciendo lo que hacen y lo que no hacen. Pero, Niña Piedad, lo que tú deseas es volver con la familia que un día te acogió; con tu madre de verdad, no con la madre que te parió.
3.- Este artículo, Niña Piedad, no servirá para nada. Pero pienso mucho en ti. Pienso en cómo lo estarás pasando, en lo que serás de mayor, en el mundo que te espera, en la sociedad en la que tendrás que vivir, si antes no sucumbes a todos los desalientos que, a los siete añitos, te ha traído esta cochina vida. Pienso en lo brutos que somos desde los jueces y fiscales a los periodistas, pasando por los que se dicen legisladores. ¿Leyes para qué, para esto? Resiste, si puedes, Niña Piedad. Y un beso.
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