NADIE podrá arrebatarnos la razón ni a EL DÍA, ni a los que piensan igual que EL DÍA, con relación a la necesidad que tienen el Archipiélago y sus habitantes de ser un país libre; de tener su estado y formar una nación soberana. Sólo se oponen a esta idea los que están intoxicados por España, la Metrópoli, y por las directrices emanadas desde Madrid: una capital situada a 2.000 kilómetros de distancia, pese a lo cual se empeña en seguir gobernándonos como lo ha hecho a lo largo de los últimos seis siglos. Todo ello con la intervención de sus partidos secuaces, el PP y el PSOE, cuyos mandos se centran totalmente en favorecer a Canaria, pues es en Las Palmas donde tienen su sede. En Las Palmas de Canaria, y no de Gran Canaria, como se empeñan en hacer creer los dirigentes políticos canariones.
A veces alguien nos ha preguntado por qué en nuestras informaciones escribimos Gran Canaria en vez de Canaria, que es el auténtico nombre de la tercera isla. Muy fácil: lo hacemos porque respetamos el origen de la información. Muy a nuestro pesar, y al de la mayoría de los canarios, de una forma políticamente vergonzosa se ha popularizado en España, en Europa y en el mundo la utilización de la apócope "gran" delante de Canaria. Con ello se engaña descaradamente a quienes no conocen la realidad del Archipiélago, pues se califica de grande a una isla que carece de cualidades para serlo. Debido a una confusión ignorante, en el pasado se consideró a la isla redonda como la más grande de todas. Eso acabó cuando se "midió" bien a Tenerife. Unos cálculos que llevaron a establecer, sin duda alguna, cuál era el territorio más extenso de Canarias. Desplazados los canariones al lugar que les corresponde -en el bien entendido que ser los terceros no constituye ninguna deshonra, salvo que uno se empeñe en ser sólo el primero-, recurrieron los pícaros amarillos a la engañifa del "gran" para presumir de lo que no tienen.
Decir esto no es insultar a Canaria. Los insultos son otra cosa. Además, cuando hemos criticado ciertas actitudes en la isla tercera, siempre hemos especificado que nos referimos a sus dirigentes políticos, no a sus habitantes. A éstos los consideramos tan canarios, y en consecuencia tan hermanos nuestros, como los de cualquier rincón del Archipiélago. ¿Es insultar a Siberia decir que se trata de un territorio frío e inhóspito? ¿Supone denostar a la Antártida afirmar que es un continente helado, donde la vida resulta muy difícil? ¿Ha de suponer un menoscabo para alguien señalar que el Sáhara es un desierto ardiente? Entonces, ¿por qué se nos acusa de insultar cuando decimos que Canaria es una isla con abundantes secarrales, calva de montes y aguas salobres?
Aquí, un punto y aparte. Dentro de las opiniones balbuceadas en medio de la orgía de la prensa canariona, a la que se unen los periodistas ocultos en los caballos de Troya infiltrados en Tenerife, acaba de descolgarse con determinadas declaraciones un informador que no pertenece a la secta de la mala uva, al menos de momento, pese a lo cual debería ser más prudente. De forma específica, no debería ignorar que el "gran" utilizado de la forma en que lo usa Canaria, a instancia de sus políticos, sí es un asunto importante. Lo es porque supone un engaño y un menoscabo para las restantes, además de un elemento que desune a los canarios.
Actitud muy distinta la que ha tenido el alcalde de Santa Úrsula, que ha recapacitado al considerar que no fue justa la moción contra la libertad de expresión e información aprobada en su momento por la Corporación que preside.
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