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25/nov/08 07:24
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El trabajo humano, principio de vida

El recrudecimiento de la pobreza y la desigualdad, la falta de seguridad para formar una familia o las innumerables dificultades de los jóvenes a la hora de emanciparse. Estos son algunos de los síntomas que, aunque a menudo asumidos como inevitables, alertan de un fallo en la concepción de la propia existencia. "La evolución del trabajo ha desembocado en una situación en la que, además de las características situaciones de injusticia, se ha generado un problema antropológico que dificulta el poder vivir: el poder ser humano". Así lo expresa Alfonso Alcaide Maestre, militante de la HOAC de Sevilla y editor del libro "El trabajo humano, principio de vida", fruto de las reflexiones del Departamento de Pastoral Obrera (Comisión de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal) y publicado por EDICE. Este libro se presentó el jueves, 20 de noviembre, en la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna.

Motivado por una honda preocupación en el hombre, como "camino primero y fundamental de la Iglesia" (Redemptor hominis, 14), parte de la constatación -según relata Alcaide- de una especie de materialismo económico-científico que lo mercantiliza todo. Frente a ello, se propone un proyecto de humanización, "proceso mediante el cual el hombre se descubre como Hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, y se decide a vivir su vida en coherencia con la nueva identidad personal-humanitaria que le ha sido revelada en Jesucristo", como señala el grupo de expertos que, coordinados por Antonio Algora, obispo de Ciudad Real, participa en el libro. Su tarea fundamental, apostilla el editor, es "amar y construir la comunión en libertad".

Esta búsqueda de un proyecto para conseguir que el hombre sea cada vez más plenamente humano también atañe a los no creyentes, por lo que se invita a reflexionar de forma dialogante sobre la aparición de un nuevo conflicto social -o de la llamada cuestión social-, de marcado carácter antropológico.

Las necesidades, el hacer y el impulso vital, las tres fuerzas contenidas en la propia naturaleza, son las herramientas con las que construir este proyecto. Las necesidades son contempladas en este estudio como fuerzas que posibilitan la humanización o deshumanización. En este sentido, muestra cómo la sociedad potencia las materiales, consideradas como carencias, pues eso le permite diseñar el prototipo de consumidor. Mientras, las culturales y espirituales, dirigidas a la humanización, carecen de importancia porque no son objeto de mercado. A partir de lo expuesto, el Departamento de Pastoral Obrera de la CEE afirma en este libro que las necesidades serán verdaderamente humanas si son históricas, abiertas, universales, sostenibles y funcionales.

Marina de Migue y José Ángel

Hernández Duarte

(Taco, La Laguna)

Siete vacas flacas

Me acuerdo del sueño que descifró José en Egipto al faraón. España ha tenido 7 vacas gordas y ahora vienen las vacas flacas, mejor dicho, esqueléticas. La gente todavía no se da cuenta de lo que nos va a caer encima a los canarios si seguimos colonizados, pues la consecuencia de los disparates económicos de la metrópoli la vamos a pagar nosotros.

Si los españoles van a tener necesidades y Europa no envía fondos, porque también está en crisis, España va a sacar de su última colonia en África todo lo que pueda, y que no se hagan ilusiones los políticos de CC pues los partidos extranjeros españoles, PSOE y PP, van a ayudar a su país en perjuicio de nuestra nación aún colonizada. No hay que concebir falsas esperanzas de que nos va a salvar el turismo europeo y español, porque Alemania e Inglaterra están en franca recesión, y no digamos nada de la metrópoli.

O todas las fuerzas vivas canarias toman conciencia de esta realidad y nos dedicamos a luchar por imponer nuestra República Federal, es decir, nuestra nación independiente, o nos hundimos para siempre y nuestras siete islas se quedarán más flacas que las vacas del faraón.

L.B.D.

Crisis

En los medios de comunicación convencionales, periódicos, incluso en la propia calle, constantemente se habla de una gran crisis mundial que supuestamente nos afecta a todos y parece mantener al planeta en una inestable situación al borde de un temido abismo.

Sin embargo, si alzamos un poco la vista más allá de nuestro propio egocentrismo y empáticamente la proyectamos sobre ese mundo que nos rodea y que nunca vemos, o mejor dicho al que no solemos prestarle atención, encontraremos las mismas situaciones crónicas de ayer que persisten inmutables. Prestando un poco de atención, podemos ver a los mismos niños de ayer trabajando en los mismos puestos en los que lo seguirán haciendo mañana, incluso en mitad de esta crisis que supuestamente nos afecta a todos. El pasado 12 de junio se celebró el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. En el mundo existen más de 218 millones de niños trabajadores y con dificultades para acceder a la educación. Hoy cruelmente podemos decir sin temor a equivocarnos que por causas evitables miles de personas apagarán su esperanza, miles de refugiados seguirán olvidados como los conflictos armados abiertos que un día les robaron su libertad, los derechos humanos siguen relegados a cuestiones de las últimas páginas de las agendas políticas, y por supuesto estamos tan lejos como ayer de alcanzar los Objetivos del Milenio, ese trocito de esperanza con el que algunos Estados intentan lavar sus conciencias.

Esto pasaba ayer, pasa hoy y nadie habla de crisis. Claro, la decadencia del ser humano no puede registrarse numéricamente, y por lo tanto no puede decirse que se encuentre en crisis. Hoy los insostenibles excesos del sistema financiero neoliberal han creado una crisis estructural del capitalismo. Wall Street, la City de Londres ven peligrar su hegemonía mundial y todos pasivamente creemos que estamos en crisis. Puede que el capitalismo tenga los días contados, que se alarmen sus seguidores y beneficiarios. Los de abajo, los dueños de unas economías que dependen de su trabajo diario y no de las rentas del trabajo de los demás, los Estados que no pasaron por el aro del capitalismo, y esas personas que creen que otro mundo es posible no deben alarmarse, sino seguir caminando como lo han hecho hasta ahora hacia ese horizonte común, en el que cada día creen más personas, y por qué no, tal vez hoy se encuentre un poco más cerca.

Damián López López

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