VERDADES como puños las que dijo ayer el presidente del Movimiento Patriótico Canario, José Luis Concepción, en Radio EL DÍA. A lo largo de una entrevista conducida por el subdirector de esta emisora, José Moreno, Concepción manifestó lo que hasta ahora han sido incapaces de proponer los nacionalistas oficiales. José Moreno, para extraer todo el jugo del pensamiento de José Luis Concepción, fue agresivo y negativo. Podemos decir que actuó un poco como abogado del diablo, lo cual es muy frecuente en los profesionales de la prensa, la radio y la televisión. No obstante, a pesar del entrevistador, las respuestas y las razones de Concepción constituyeron, insistimos en ello, verdades como puños.
Es sin duda el presidente del Movimiento Patriótico un canario de verdad. Un auténtico nacionalista, que siente a sus antepasados y a su tierra. En consecuencia, podemos afirmar que estamos ante una persona que lucha para que estas Islas alcancen la libertad que perdieron por culpa de la vil conquista española. Coincidimos con él en que lo mejor para los canarios es lograr la soberanía cuanto antes. No sólo porque nos corresponde el estatus de nación libre, sino porque no podemos seguir escondiendo la cabeza, como hace el avestruz, ante el peligro marroquí. Si no avanzamos en la línea de conseguir que Canarias sea cuanto antes una nación con identidad propia y con bandera en la Asamblea de las Naciones Unidas, la anexión de las islas a Marruecos será pronto una realidad tan catastrófica como inevitable.
Recordamos una vez más lo dicho en su momento por un autor cuyo nombre no queremos citar: las islas son de los continentes que tienen cerca. No compartimos tal aseveración en el caso de Canarias, pero lo dicho, dicho queda. ¿Cuál es la vía para eludir tan nefasto destino? Sólo una: la soberanía. No basta con argumentar la influencia de Europa en nuestra idiosincrasia. Ciertamente poseemos ascendencia inglesa, irlandesa, portuguesa y, sobre todo, española. Esta última debido a la conquista y el dominio del Archipiélago mediante la fuerza y la traición, mediante la venta de esclavos, mediante el miedo infundido durante seis siglos en la población canaria, formada por hombres, mujeres y niños dignos que poseían una estructura social y familiar definida; todos ellos personas de Dios y, como tales, seres libres. Ese temor ha circulado por las venas de los isleños, mezclado con su propia sangre, durante cientos de años. De ahí la resistencia de muchos a optar por la libertad que nos corresponde y nos permitiría disfrutar de riquezas sin límites.
Nuestros recursos, eso también debemos recordarlo una vez más, son inmensos. Tantos, como para darle de comer a la nación española. Una Metrópoli que recauda lo que es nuestro en nuestro propio suelo, y luego nos devuelve unas migajas; esas limosnas que imploran en Madrid Ana Oramas, José Luis Perestelo y Alfredo Belda. El canario debe convencerse de que su riqueza es infinita. Unos recursos que incrementarían notablemente nuestro nivel de vida, siempre que los administren políticos honrados y decentes, con las manos y las ideas limpias. Personas que piensen en el bienestar de los canarios, y no en llenarse las faltriqueras, como hacen muchos y muchas de los que actualmente se denominan nacionalistas.
En definitiva, José Luis Concepción dio ayer una lección magistral en Radio EL DÍA. Puso de relieve que las Islas Canarias serían de nuevo las Islas Afortunadas desde el momento en que recuperásemos la soberanía. Afortunadas como lo eran antes de que llegaran los españoles, se apoderaran de ellas y secuestraran sus riquezas.
Otro asunto al que deseamos referirnos en este editorial es el relativo a la información que publicábamos ayer en la sección de Canarias de nuestro periódico. "La reforma del Estatuto definirá las nuevas competencias del Archipiélago", dice el título de la noticia sobre la que queremos llamar la atención de nuestros lectores. ¿Cómo es posible que volvamos a escuchar esta melopea sobre el Estatuto? ¿Es que necesitamos reformar algo para tener unas pocas competencias más, cuando en realidad todas son nuestras porque nos corresponden como habitantes de esta tierra? ¿Será posible que el Parlamento vuelva a divertirse con esta opereta de mala música y peor letra que es la reforma de un Estatuto inútil? Todo ello con la circunstancia agravante de que tal reforma no eliminará las tres cuestiones que más perjudican a Tenerife: la engañifa del gran para Canaria, el orden alfabético en la enumeración de las Islas y los siete picos todos iguales para que ninguno destaque, como si el Roque Nublo fuese equivalente a la gigantesca mole del Teide. En ninguno de estos aspectos será reformado el Estatuto, en gran parte porque unos pocos caguetas (palabra que está en el Diccionario de la Real Academia) tinerfeños le tienen miedo a los canariones.
Nos sentimos desamparados en la labor de defender nuestra casa. Debemos protegernos de los españoles, que nos han desvalijado en el pasado y nos siguen despojando de nuestros recursos en el presente, y debemos protegernos de los dirigentes políticos canariones, empeñados en hundir a Tenerife. Mientras tanto, sus señorías -qué sarcástica denominación- se sientan a discutir con cara seria la reforma de una inutilidad. Eso sí, cobrando sueldos y sobresueldos, mientras el pueblo pasa hambre. Porque también publicábamos ayer otra noticia que es para llorar: unos 60.000 hogares de las Islas sobreviven con menos de 500 euros al mes. Una calamidad que no parece importarles a los diputados del Parlamento de Canarias, pues no dudaron en subirse los sueldos en plena crisis. Políticos que no sirven para nada, pues su labor es inútil en estos momentos. Hablamos de sus señorías, no del Parlamento de Canarias. Diputados y diputadas que deshonran a esta institución con actos tan antidemocráticos, tan canallescos, como el despojo de propiedades a unas familias para ampliar las dependencias y tener despachos más cómodos, o el oprobioso ataque contra EL DÍA y la libertad de información. Y estos diputados y diputadas, todos ellos bien pagados, son los que pretenden reformar el Estatuto para que continuemos siendo una colonia. ¿Sabe esto el pueblo canario? ¿Sabe el ciudadano que lo tienen cloroformizado con la mentira de que no puede ser libre? Pobre canario que, atrapado en su jaula, no puede volar y gozar de ramajes y flores, de las semillas y de todos los bienes que procura la libertad.
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