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Guanajada de "culichiches"

El Centro de Congresos Magma de Adeje acogió ayer el VI Congreso Insular del Partido Popular, una "magmífica" muestra democrática de la capacidad que tiene la clase política para rasgarse la carne a costurones y luego quedar ellos, y ellas, tan favorecidos, y favorecidas, en la fotografía del cartel.
22/nov/08 07:45
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H.G., Adeje

Ayer fue el primero de los dos días de la fiesta de la renovación de los populares de Tenerife, aunque algunos parecían más desconocidos que populares, a tenor de la actitud de los candidatos a la Presidencia insular, Cristina Tavío y Ángel Llanos, que sólo estaban separados por un pasillo sobre el que parecía levantarse una enorme muralla imaginaria, suficiente para ignorarse entre sí. Así, sólo faltó que el presidente del comité organizador, Carlos Tarife, presentara a los contrincantes desde el escenario. ¡A la derecha, con 70 kilos y bajando, Cristina Tavío! ¡A la izquierda, con un puñado de avales en el bolsillo, Ángel Llanos!

Las ochocientas personas presentes, de ellos 667 eran compromisarios, no se contagiaron de la tranquilidad que irradiaba una fotografía aérea del Teide, y eso que Tarife hizo esfuerzos por animar al personal cuando explicó que la cartulina verde era para votar sí, la roja para abstenerse y la blanca, para votar no. No aprendió la lección de Barrio Sésamo que decía: Verde, pasar; rojo, parar.

El inicio del congreso se auguraba tranquilo, tal vez porque nadie se imaginaba que desde el inicio el presidente del comité local del PP anfitrión, el adejero de adopción Andrés Montiel, iba a animar el tiempo previo a la presentación de las candidaturas. Lo que parecía que iba a ser una cuestión de trámite, como la presentación del informe del tesorero, se tornó en otro contratiempo, en esta oportunidad para Cristina Tavío, la presidenta saliente, y más tarde entrante.

Una vez se constituida la mesa del congreso, tomó la palabra Montiel, quien cuestionó a "gandules y culichiches", sin nombrar a nadie. Pero el adejero cogió carrerilla. Le cantó el riqui raca a la presidenta Tavío y censuró a "otros que desvirtúan el trabajo realizado" por ella. Para evitar dudas dio más pistas sobre a quién iba dirigido su discurso: "Siempre es bueno un niño travieso, lleno de celos y rabia, que reclama que se le preste más atención".

Aún así, no se quedó tranquilo y el público comenzó a incomodarse. Primero por el "peso" de las palabras y luego por su negativa a abandonar la tribuna hasta terminar de leer su discurso. El propio orador fue elevando el tono de su discurso. Casi en tono dictatorial, Montiel exigió que se dejaran de dar pataletas y hacer guanajadas, y apostó por que todos trabajaran desde la libertad, la democracia y la responsabilidad.

Y siguió con su censura a la prepotencia y arrogancia, a las malas formas y las artimañas. "Dejemos nuestras ambiciones personales y falsas promesas". Con el público enfadado, especialmente el medio centenar de compromisarios que se mostró afín a Llanos, Montiel dijo que alguien estaba infectado por un virus, sin precisar si se había contagiado, para ya imponer, sin pistola en mano, eso sí, que "o deponen su actitud de división o pido que se levanten y abandonen la sala ahora".

El hombre, que parecía dispuesto a hundir a Llanos, no hizo referencia a que le dieran la extremaunción y eso que, a punto de cantar el "Juntos como hermanos", dijo que cree "en Dios y en la Virgen del Rocío, pero no en los fantasmas". De este modo terminó de enervar a la sala, máxime ante los intentos del presidente de la mesa del congreso que emuló a la perfección a Antonio Castro cuando es incapaz de poner orden en el Parlamento.

Montiel puso el listón muy alto. Pero aún hubo más? después de él y Félix Sierra, vicesecretario del Sur del PP, Cristina Tavío había conseguido marcar dos goles a Llanos. Pero el candidato tenía a su líbero.

Así, Luis Villegas, tesorero insular del PP, sorprendió al plenario cuando pidió el voto negativo para el informe económico de la labor realizada por Tavío, quien depositó en él la confianza para auparlo a ese puesto de la dirección insular. Pero hoy Villegas está con Llanos.

El tesorero dijo que el equipo de Tavío, del que él también formaba parte, no ha cumplido con la obligación de transferir a cada comité local la parte que le corresponde de cuantas cuotas están domiciliadas en bancos. Pero aún hay más: El grupo del PP en el Cabildo no contribuye desde hace un año y medio a paliar el gasto de la Insular, tampoco se han elaborado presupuestos para las elecciones locales de 2007, ni las nacionales de 2008 ni las anteriores europeas. Pero tampoco se destinó dinero a la implantación territorial del PP y a abrir sedes y contribuir al gasto de la estructura. Tampoco para Nuevas Generaciones. Eso fue lo que dijo el tesorero.

En el crujir del plenario, Cristina Tavío dijo que ese informe no era el elaborado por la Insular. Era la opinión de Villegas, al que achacó no tener información. También tomó la palabra Pablo Matos, miembro nato de la dirección por su condición de diputado, y pidió a la mesa que explicara si se iba a someter a votación el sorprendente informe del tesorero o la gestión insular, pues como miembro del comité ejecutivo insular dijo desconocer esa realidad.

El presidente sometió a votación el informe de Villegas y, si eso era la antesala de los apoyos que recibiría Llanos más tarde, se auguraba una victoria aplastante de Tavío, pues los compromisarios se desmarcaron de forma abrumadora.

Posteriormente, en su turno de palabra, la secretaria insular, Candelaria de la Rosa, tuvo que salir al paso como pudo del desplante de Villegas. Alguien le hizo llegar el informe que supuestamente tenía que haber leído el tesorero y hasta obvió actualizar el masculino por el femenino cuando dijo Candelaria que se sentía satisfecha de haber sido el tesorero en el equipo de Tavío. Del dinero no se supo nada, sólo que la Insular tiene contratada a la jefa de prensa, que las cuotas de los afiliados suponen el 59% de la fuente de ingreso, las aportaciones de los cargos públicos el 17%, el dinero destinado de la regional y la nacional, un 12% cada uno.

Intentando enmendar la plana, el presidente de la mesa dijo que se sometería a votación ese informe que tenía que haber leído Villegas, que se aprobó por mayoría frente al estupor reinante en el ambiente. Y es que con compañeros de dirección como éste no hace falta enemigos.

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