ES LO QUE HA DEJADO de ser, por voluntad propia, Ani Oramas en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Y digo Ani no por irrespetuoso, sino porque siempre la he tratado así desde que coincidimos en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife corriendo el año de 1983, ella por ATI y yo por el PSOE. Trato que deviene del afecto a que se hizo acreedora y que tanto mi esposa como yo le seguimos dispensando en la distancia.
El pasado 17 de noviembre, con un emotivo discurso en un repleto salón de plenos, anunciaba oficialmente su renuncia al acta de concejal, y por tanto al cargo de alcaldesa, después de casi diez años de ejercicio en el mismo. Cargo que ha desarrollado, desde mi particular punto de vista, con muchísimas luces y alguna sombra (que espero poder dialogar con ella en otro momento). La perfección no está al alcance de humano alguno. Por tanto, de ella tampoco. Pero la balanza de su ejecutoria inclina el fiel profundamente en lo positivo. Y creo que de esa forma se lo reconoce la ciudadanía.
Algunos personajes (o personajillos, según se mire) cegados por el odio y el rencor, han tratado de proyectar oscuridad sobre la diafanidad mostrada por Ani en su decisión de dejar la alcaldía. Allá ellos, que en su odio y rencor padecen su propio daño, si no fuera porque de tal sentimiento y actitud pudieran devenir afectaciones para los ciudadanos que dicen representar.
Creo que ha dejado su cargo, al que tanto se ha entregado en esfuerzo y del que tanto ha recibido en sentimientos y valores, en el momento en que, como ella ha dicho, La Laguna se enfrenta a nuevos retos que han de asumir otros para desarrollarlos desde el principio. Además de rescatar para sí y para su familia ese tiempo tan importante en que los hijos necesitan la presencia de sus progenitores. No le deseo yo a Ani que algún día tuviese que escuchar algo como me ocurrió a mí cuando un día manifesté en casa mi desconocimiento e ignorancia de cosas hechas por mis hijos: "Papá, si tú no estabas". El trabajo y la entrega a actividades de comunidades, sindicato y partido me habían copado un tiempo que quizá no supe distribuir. Bien hecho, Ani, porque has tomado la decisión en el momento de no retorno y cuando, por lo desarrollado, has entendido que tus objetivos municipales se habían consumado.
Por encima de banderías políticas están, han de estar, las personas con sus valores morales, su personalidad, su carácter. Ani los tiene demostrados sobradamente: afable y cariñosa en el trato humano, fuerte y comprometida en la toma de decisiones, delegando autoridad pero no responsabilidad, que es condición necesaria en un buen mando; haciendo equipo.
Por encima de esas banderías políticas -desgraciadamente hoy y desde hace algún tiempo no se puede hablar de ideologías-, manifiesto mi respeto, apoyo y cariñoso afecto a esta menuda mujer que ha dirigido el desarrollo de La Laguna en estos últimos diez años. Ani, has demostrado también que "la esencia se vende en frasco pequeño".
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