Sería bueno, o al menos no sería excesivamente malo, que un día de estos Juan Fernando López Aguilar dejase a un lado la crítica ácida para aportar una solución. Aunque sólo fuera por despiste. ¿Le ha oído alguien al Terminator una propuesta concreta para algún problema específico relacionado con estas Islas? Si es así, le rogaría al afortunado que alumbrase mi desconocimiento al respecto. Podría decir que cada día resulta más evidente la vacuidad de ideas del secretario general de los socialistas canarios. Podría decirlo, pero faltaría a la verdad. Lo cual es una manera cursi, y también al uso, de manifestar que estaría mintiendo. La realidad, la patética y dura realidad, es la continuamente constatada dificultad de López Aguilar para resolver problemas; algo directamente proporcional a su capacidad para descalificar al contrario. Al contrario y a sus propios correligionarios, cuando alguno le lleva la contraria. Ignoro si eso es lo único que sabe hacer, pero no le conozco otra faceta.
La última salida de tono del irascible político canario ha sido calificar de "indigna" la actitud del Ejecutivo regional con los menores inmigrantes llegados a las Islas de forma ilegal. Sí, ilegal; no de manera irregular, sin papeles y otras eufemísticas monsergas habituales para expresar una caridad que no tenemos ni siquiera con nosotros mismos. Afirma López Aguilar que el Gobierno de Canarias considera a estos menores como "una carga insoportable para las arcas de la Comunidad, o como un problema". Menos mal que a partir de ahora ya no serán ni una carga ni un problema; exclusión de posibilidades que nos lleva a considerar su llegada como una auténtica bendición.
Engañar a los demás no es fácil pero resulta posible; engañar a muchos siempre suele ser bastante más difícil. Engañarse a uno mismo, en cambio, constituye una treta extremadamente fácil; lástima que también sea el más pernicioso de todos los engaños. En primer lugar porque nos impide que planteemos los problemas con imparcialidad; un paso imprescindible para resolverlos. De hecho, un problema bien planteado es un problema medio resuelto.
La llegada de menores no acompañados es un drama que no han provocado las autoridades españolas y del que, en consecuencia, no tiene la culpa el Ejecutivo canario. Sí supone una responsabilidad -y, además, una responsabilidad grave- del Gobierno autonómico atender a estos niños y adolescentes, insensatamente embarcados, a veces de manera forzosa, en cayucos y pateras para que, o bien trabajen en España y envíen dinero a sus familiares nada más llegar, o bien establezcan una condición de arraigo que luego permita reagrupaciones familiares; es decir, más inmigración irregular con marchamo de legalidad. Esta es la realidad. Si alguien conoce otra, que me la explique. Realidad que conlleva a esa ya citada responsabilidad del Gobierno autonómico. Un deber inexcusable, insisto en ello, que constituye un problema y una carga económica. El que sea soportable o no podemos discutirlo, habida cuenta de que en España ya todo es discutible. Incluso las soluciones que nunca le he oído al señor López Aguilar ni para este, ni para ningún otro asunto.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD