DISCUTE en Madrid el vicepresidente y consejero de Hacienda del Gobierno de Canarias la nueva financiación autonómica para estas Islas. Se habla de que el Ejecutivo autonómico quiere dejar de pagar al Estado una parte de lo recaudado por el IGIC. ¿Por qué sólo una parte? Hay que dejar de pagar todo. ¿Por qué tenemos que seguir enviando a España lo que recaudamos en el Archipiélago? ¿Por qué los bienes que se generan en Canarias, producto del trabajo de los canarios y de la riqueza potencial de esta tierra, tienen que disfrutarlos los peninsulares, como lo llevan haciendo desde hace seis siglos? Limosnas. Eso es lo que mendigamos en Madrid. Ahora resulta que los políticos de la Metrópoli reflexionarán sobre si finalmente tendrán en cuenta la ultraperificidad de estas Islas para las competencias que pueda asumir el Gobierno de Canarias. Señores del PP, del PSOE y nacionalistas de CC: ni este Archipiélago se encuentra en la ultraperiferia de nada, ni sus habitantes son ultraperiféricos, ciudadanos de segunda, españoles de tercera ni otras sandeces que ustedes se inventan para seguir lamiéndoles las botas a sus amos peninsulares. Hemos dicho muchas veces, y repetiremos cuantas sean necesarias, que Canarias es una nación soberana y que sus habitantes son, simplemente y a mucha honra, canarios.
En definitiva, José Manuel Soria, como presidente en el Archipiélago de uno de los dos partidos estatales que quieren conservarnos en la oprobiosa condición colonial, ha ido a Madrid para suplicar que nos devuelvan unas migajas de lo mucho que se han llevado de aquí. Decimos esto a sabiendas de que los perros de la ira volverán a ladrar babeando rabia. Ladran porque cabalgamos. Y ladran también, aunque cada día más patéticos y famélicos como chuchos callejeros, los cuatro godos cobijados en el vientre de los caballos de Troya que la prensa canariona ha infiltrado en Tenerife. No hablamos de los godos de Las Palmas, sino de los que han venido a nuestra Isla a comer caliente. Porque ha de saber el lector que los godos de Las Palmas, que los hay, defienden a Las Palmas; pero los godos de Tenerife, en especial esos cuatro insufribles, no defienden a la Isla que tan generosamente los alimenta, sino a Canaria. Son lacayos de Vegueta, aunque aquí se dan aires de señores. Hasta intentan impartirnos lecciones de periodismo. ¡Qué desfachatez! El caso es que en Tenerife estamos trincados por estos personajes reprobables, que merecerían el calificativo de personas no gratas.
Siempre hemos distinguido entre godos y peninsulares de bien. Estos últimos son los que quieren vivir entre nosotros, de manera armoniosa con nuestra idiosincrasia. No sabemos en qué categoría encuadrar a cierta periodista terrorista, que en su día enredó al Parlamento de Canarias para que atacara la libertad de información en la figura de EL DÍA y de su editor y director, José Rodríguez Ramírez, y que también intenta enredar a la Justicia. Parece que esta señorita -o señora; no lo sabemos- de pluma ligera ha aprendido que no es propio hablar de una "teoría pepitesca", sino de las ideas de una persona respetable como es José Rodríguez Ramírez. Un poco tarde, porque lo escrito, escrito está. Y esto, como hemos dicho en otras ocasiones, no se queda así. Esto se hincha.
Con respecto a los ataques que, según esta señorita o señora, perpetra el editor de EL DÍA contra la Constitución, nos gustaría saber si podrá demostrarlo en su momento. Constantemente estamos diciendo que acatamos la Carta Magna española por imperativo legal, pero que es preciso modificarla para que Canarias recupere su libertad. ¿Es esto una agresión a la Constitución o, por el contrario, estamos ante un embate de esta señorita -o señora- contra la libertad de expresión?
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD