La solidaridad es una muestra de humanidad, un signo distintivo de aquellos que reconocen como una obligación proporcionar apoyo humano y material a quien de verdad lo necesita, por el mero hecho de que es un semejante y, como tal, así lo merece. No se trata con ello de mantener una postura condescendiente sino de expresar un principio fundamental que se basa en el respeto hacia los demás y en el reconocimiento de que todos tenemos derecho a ver satisfechas nuestras necesidades.
El pueblo tinerfeño ha demostrado en numerosas ocasiones concretas su cercanía a estos planteamientos con la movilización para lograr, por ejemplo, enviar ayuda a lugares lejanos cuyos habitantes habían sufrido desastres naturales o la ejemplar actuación en catástrofes que nos han pasado mucho más cerca. Pero también nuestra gente lo hace a diario a través del trabajo que calladamente se realiza desde diversas instituciones y entidades dedicadas a ejercer una solidaridad activa encaminada a favorecer a quienes lo precisan, tanto en la Isla como fuera de ella, en materias como los servicios sociales, la protección civil, la lucha contra la pobreza o la cooperación al desarrollo.
Así, resulta muy loable la labor que realizan los integrantes de las organizaciones no gubernamentales radicadas en Tenerife, buena parte de las cuales se encuentran integradas en el Centro de Entidades de Voluntariado. Este establecimiento, que alberga una treintena de oficinas, fue habilitado en su momento por el Cabildo Insular gracias al programa Tenerife Solidario para facilitar una sede adecuada a todos aquellos grupos dedicados a llevar a cabo una tarea altruista en multitud de sectores. Todavía recuerdo con emoción las ganas y la ilusión de mucha gente para que el proyecto saliera adelante.
Hoy, las ONG tinerfeñas son capaces de cubrir una amplia variedad de parcelas en las que desempeñan un papel esencial. Sus voluntarios merecen el homenaje de todos por su afán constante de compartir su tiempo y esfuerzo con personas que, por circunstancias de la vida, deben enfrentarse a situaciones adversas que para muchos otros podrían resultar totalmente ajenas y desconocidas.
Hace unos días tuve el privilegio de desayunar con un grupo de voluntarios y representantes de entidades. Una experiencia enriquecedora para alguien que, como yo, valora a la persona como el eje alrededor del cual gira la mejor actividad política de servicio público. Su ilusión, voluntad, determinación y esperanza por un futuro mejor deberían ser un ejemplo para todo Tenerife.
Esa misma voluntad se pone igualmente de manifiesto en las instituciones públicas, como ocurre con el Cabildo, que desde antiguo mantiene programas anuales de ayuda al exterior. Se trata de iniciativas que, aunque no alcancen el relieve de otros asuntos más cercanos, poseen una importancia significativa. En función de ello, diferentes comunidades americanas y africanas han sido objeto de acciones que les han permitido dotarse de infraestructuras necesarias para mejorar la calidad de vida de sus integrantes.
La administración también dispone de organismos y empresas, como el Instituto Insular de Atención Social y Sociosanitaria (IASS) o la Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad (Sinpromi), que constituyen un verdadero referente solidario y de dedicación a colectivos que requieren un trato especial en función de sus demandas. Su labor extremadamente profesional y ejemplar debe también ser resaltada y considerada por todo lo que encierra. Pero qué duda cabe de que las ONG representan un imprescindible complemento para la labor pública que se realiza desde las administraciones.
No puedo terminar este artículo sin resaltar otra muestra patente de solidaridad: la acogida que se dispensa a los inmigrantes que arriban a nuestras costas en busca de una existencia mejor. Independientemente de las particularidades que rodean este fenómeno, la Isla dispensa una atención muy apropiada a quienes se convierten en una demostración palpable de las diferencias que es posible hallar en nuestro mundo.
Las sociedades avanzadas deberían medirse no por su actividad económica o su capacidad de asumir nuevas tecnologías, sino por el número de personas dispuestas a dar todo a cambio de colaborar, a cambio de cooperar, a cambio de nada. Son solidarios por vocación y afortunadamente en Tenerife hay bastante gente así. Va por ellos.
* Vicepresidente primero del Cabildo Insular de Tenerife
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