E. PRESS, S/C de Tenerife
En la actualidad, en el Hospital Materno Infantil de Gran Canaria se producen entre 7.500 y 8.000 partos, de los cuales tan sólo entre un 8 y un 10 por ciento son naturales, mientras que un 60 por ciento de madres todavía pide la epidural, según explicó el jefe del Servicio de Ginecología del hospital grancanario, José Ángel García, durante una ponencia que tuvo lugar ayer en el XXI Congreso Nacional Sección de Medicina Perinatal, que se está celebrando en la isla de Tenerife.
En este hospital canario, que está entre los tres hospitales españoles que menos cesáreas practica, se le ofrece a la madre la posibilidad de elegir qué tipo de tratamiento desea recibir durante el parto. "Esta circunstancia era impensable hace tan solo cinco años", apuntó García, quien dijo que este llamado plan de parto pactado con la madre se respeta "siempre y cuando la madre no tenga factores de riesgo importantes o bien sufra complicaciones durante el parto".
"En algunos hospitales españoles, como el de Castellón, se ofrecen casas de maternidad para que las madres tengan a sus hijos en un perímetro cercano al hospital para que en caso de complicaciones la distancia resulte fácilmente salvable", señaló el jefe de Ginecología.
"Hablar de parto natural no quiere decir volver al pasado, sino recuperar la capacidad y la confianza en la propia naturaleza y tampoco quiere decir renunciar a la tecnología, sino adjudicarle el lugar que le corresponde", afirmó el jefe de Servicio de Ginecología del Hospital Materno Infantil de Gran Canaria, José Ángel García, quien añadió que la introducción paulatina del parto natural en los hospitales "esta humanizando los paritorios, porque parir no es ninguna enfermedad".
En los años 60 los partos eran mayoritariamente domiciliarios, asistidos por una matrona o acompañantes, lo que provocaba unas elevadas tasas de mortalidad y morbilidad. Por esa razón, a medida que España fue desarrollándose, se trasladó el parto a los hospitales donde se podía controlar el riesgo del paciente para reducir considerablemente los índices de mortalidad pero, al mismo tiempo, "se perdía confort y en cierta medida se deshumanizaba un acto que al fin y al cabo no es una enfermedad, sino un proceso natural más en la vida de una mujer", según García.
Una vez que la mortalidad materno-infantil entró en rangos aceptables para un país desarrollado como España, la tendencia actual es "volver a un parto natural", afirmó el propio García, que matizó que "hace falta un cambio de mentalidad entre los profesionales sanitarios y las madres para que este modelo se generalice".
El debate entre parto medicalizado y natural en realidad "no tiene por qué existir", indicó el especialista, "ya que se utiliza el que mejor convenga según la situación". No obstante, apuntó que el parto medicalizado presenta "algunos inconvenientes frente al otro modelo; en primer lugar, el parto medicalizado evita el contacto de la madre con el bebé, lo cual no resulta beneficioso para ninguno de los dos; además, provoca mayor dolor y mayor uso de la epidural y mayor número de cesáreas".
Los partidarios del parto medicalizado argumentan que el parto natural resulta menos costoso y creen que por eso se está favoreciendo en los últimos años.
Según García, el parto natural "resulta incluso más costoso que el medicalizado por el personal que requiere para poder ser desarrollado".
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