¡SÍ! VIENE el derby. El partidazo del siglo -como todos- y lo que conviene es darle el envoltorio consecuente con un juego deportivo, que una vez más y por muchos años, enfrenta a las dos escuadras y masas sociales más solventes y capaces del deporte rey de nuestras siete islas. ¡Ánimo, Tete!
Al fin y al cabo, el fútbol es una exteriorización más de la competencia. Es muy bonito y sano que nuestras dos aficiones animen sin cesar a sus equipos que cada una chorreando en su lugar y cantando o berreando desee la máxima diferencia por arriba del rival. Sin traspasar esos límites, los deportivos en este caso y siempre entendiendo al vecino, que lógicamente barrerá pa'su lado. Después, si hace falta un buchito vino o una garimba, como el que más. Mariquita tú o mariquita yo, es igual. Los jugadores, hasta el tope de su mayor esfuerzo, procurarán defender sus colores y demostrar la superioridad en el campo, proporcionando a las gentes blanquiazules (o amarillas -qué desgracia más grande-) esa tremenda alegría. Así debe ser, habrá segunda parte y tercera y cuarta... Decía Williams Shakespeare que el destino baraja las cartas y nosotros elegimos. Una combinación de planificación, entorno coyuntural, saber hacer las cosas, fichar bien, esfuerzo y fuerza individual de los componentes. Grupo, estrategia, picardía, reflejos y suerte en el terreno de juego. Sobre todo, mucha suerte.
Como conjunto, el CD Tenerife parece revestido de un mejor equipamiento técnico y en desmarques, paredes, toques y despliegues muestra hasta la fecha mayor brillantez. La UD Las Palmas ofrece síntomas indudables de capacidad de sacrificio y constancia machacona. Es de esperar que ambos se atengan únicamente a las reglas del juego y no busquen la patada fácil o el conflicto barriobajero de la impotencia, cosa que, por cierto, es recurrida -como mal ejemplo- frecuentemente por los políticos locales. Qué pena.
Es obvio que quiero que triunfe el CD Tenerife, es más, con el equipo que teóricamente hemos armado debemos ser los campeones de la Segunda División. Meterles una felpa a la UD. Las Palmas; la verdad por delante. Aun así, de corazón les deseo que terminen subcampeones de la división de plata. ¡Vale! y que suban también, porque este duelo sin duda es de la élite y de Primera tirando pa'rriba. Como en todo lo demás, la realidad del Archipiélago puede ser mucho más ambiciosa y de horizontes que los arbustos de los sustos en que nos meten y en los que nos metemos. Quizás hay demasiado mar de por medio, pero lo principal es la brisa del Atlántico central y eso se nota en las diferencias, no se finge.
Partiendo de esa base, sabemos que el balompié sólo es un deporte, que muchas veces depende de que la bolita entre, del jodido poste o del siempre criticable y recurrido árbitro. Once señores en camisetas y calzoncillos con publicidad de la Caja y del Cabildo, persiguiendo un trozo inflado de un derivado del petróleo "made in Paquistán" e inmersos en una histeria colectiva de abrazos y muestras de júbilo cuando el mencionado material llega y traspasa unos palos con una red de pescadores por atrás. Una competición entre sectas urbanas que ondean banderas y venden colores y formas de hacer las cosas. Pseudofilosofías de un paisaje de fanáticos iluminados.
Los jugadores y el destino pasajero tienen la palabra. El que de los dos gane, aspirará.
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