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ESCAÑO CERO JULIA NAVARRO

La seguridad como negocio

19/nov/08 07:22
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En ocasiones parece que los políticos no son de carne y hueso, que no tienen familia, hijos, sobrinos, hermanos, tíos, amigos, que no salen a la calle, ni van al mercado, ni se toman una cerveza o una copa, que no ven, ni se enteran de lo que sucede a su alrededor porque son algo así como extraterrestres. Digo esto porque me sorprende la sorpresa de la clase política ante la tragedia sucedida en una discoteca madrileña en que un joven de 18 años, Álvaro Ussía, perdió la vida, presuntamente, diré lo de presuntamente para que no se querellen contra mí, a manos de los porteros de la discoteca.

Ahora resulta que el Ayuntamiento tenía unas cuantas denuncias contra la discoteca, y que quienes la frecuentan cuentan que se admiten menores y que estos beben alcohol, eso por no decir otras cosas. Pero lo que sucedía en El Balcón de Rosales es lo que normalmente sucede en la mayoría de las discotecas. Si sucede en la mayoría de las discotecas, es decir que acumulan denuncias y que entran menores, y les venden alcohol, y que corren las drogas, y si sucede es sencillamente porque los políticos no hacen su trabajo, es decir no ponen en marcha los servicios de inspección que garanticen que las discotecas son lugares seguros donde escuchar música, tomar una copa y nada más, y desde luego no lugares donde uno se juega la vida.

Para saber lo que pasa y cómo son las discotecas no hace falta hacer un master, solo salir a la calle y observar. Si lo hicieran se enterarían de que los "porteros" de la discoteca son la mayoría de las veces "gorilas", con perdón para los gorilas auténticos, sin ninguna formación, tipos "cachas" con la mano ligera. Y tampoco hace falta hacer un master para ver cómo corre la droga, o cómo beben alcohol los menores. Por eso hay que preguntar qué pasa con el Reglamento de Seguridad Privada, que no termina de salir por las presiones inmensas de las empresas de seguridad que se han convertido en un negocio redondo.

O por qué no hay unas normas comunes en toda España que regulen quienes pueden ser "porteros" de locales de ocio, qué calificación deben de tener, etc., etc., etc.

Creo que un día de éstos los políticos deberían salir a la calle, darse una vuelta y ver lo que pasa en la realidad, no le vendría mal al ministro del Interior pasear delante de los colegios, para ver cómo venden droga en las puertas, o ver qué sucede en el interior de las discotecas de adolescentes, o comprobar como en la mayoría de los locales nocturnos venden alcohol a menores.

Tampoco le vendría mal comprobarlo a los alcaldes, a los consejeros autonómicos, en fin, a todos aquellos que tienen la obligación de legislar y cuidar a la sociedad.

Esos tres porteros jamás deberían de haber podido ejercer ese oficio y la discoteca en cuestión debería de haber estado cerrada, y Álvaro Ussía debería de estar vivo. No es admisible que cuando los jóvenes salen por la noche los padres no sepan si su hijo regresará vivo.

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