R. SÁNCHEZ, Pto. de la Cruz
Una estafa piramidal conocida como las células de la abundancia, la burbuja, la rueda de la fortuna o las bolas solidarias, entre otras muchas denominaciones, se extiende ya por los municipios de Tenerife. EL DÍA ha tenido conocimiento de la celebración de reuniones en un guachinche del Valle de La Orotava en las que decenas de personas han aportado ya 100 euros por cabeza convencidas de que terminarán cobrando 800. Este timo es muy conocido en otras zonas de España como Madrid, Barcelona, Baleares o Gran Canaria, donde causó un importante revuelo mediático hace meses. El timo consiste en convencer a los asistentes a alguna de las reuniones que se convocan de que si aporta una cantidad (que varía entre los 100 y los 10.000 euros) podrá multiplicar por ocho su inversión en un plazo muy corto de tiempo. El mecanismo es aparentemente sencillo: un grupo de personas entra en un juego en el que aporta dinero y busca nuevos aportadores que, a su vez, alimentan la bola con más inversores incautos. El aportador inicial va subiendo de nivel a medida de que aumentan las inversiones y, supuestamente, termina cobrando mucho más de lo que puso. Duros a cuatro pesetas. No hace falta saber demasiadas matemáticas para determinar que si una persona pone 100 euros y recibe 800, existirán otras siete personas que habrán perdido su dinero. Cada persona que cobra obtiene sus ganancias de lo que aportan nuevos incautos. Para que los participantes no se queden sin su dinero, cada vez que alguien cobre deberán aparecer ocho nuevos jugadores. De esta manera, el sistema tiene un crecimiento exponencial en la cantidad de personas que han de acceder al timo (De 1 a 8, de 8 a 64, de 64 a 512, de 512 a 4.096, de 4.096 a 32.768, y así hasta el infinito). Con este tipo de crecimiento, el sistema de las células se viene abajo bastante rápido y mucha gente pierde. Sólo tienen el cobro asegurado los que inician la célula o bola. Quienes entran en este timo deben buscar a dos personas, que a su vez deben buscar a otras dos, y ya van cuatro, que enseguida se convierten en 8, 16, 32, 64... El número de implicados crece rápidamente, a costa del círculo familiar y de amigos de los estafados. Además, quienes caen víctimas del engaño inicial se convierten enseguida en cómplices necesarios de la estafa y en captadores de nuevos incautos. Esta práctica es ?un fraude a la Hacienda y un delito de estafa tipificado en el Código Penal?, según declaró en mayo de 2008 a Canarias 7 el delegado en Canarias de la Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios (Ausbanc), Jerónimo Barrera.
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