NO de nuestros más apreciados colaboradores, cuyo nombre no citamos porque él no nos has autorizado a ello, nos ha enviado varios documentos relacionados con Canarias y con la tercera isla del Archipiélago. De nuevo recurrimos a la descripción que hace el súbdito inglés Thomas Nichols, comerciante de azúcar, conocido hispanista y perseguido por la Inquisición española que lo consideraba un hereje. En su obra "Descripción de las Islas Afortunadas", traducida y editada por el historiador Alejandro Cioranescu, señala este autor que la "Isla de Canaria tiene de largo más o menos tanto como de ancho, y comprende unas doce leguas de largo? Algunos han escrito que esta isla se llamó Canaria por los muchos perros que hallaron en ella". Se refiere, naturalmente, a canes, no a los actuales perros de la ira que nos atacan constantemente porque publicamos verdades que no les gustan a ellos, y porque abogamos fervientemente por una soberanía sin dilaciones para nuestro Archipiélago. De eso hablaremos después. Continuemos ahora con lo escrito por Nichols.
Añade este comerciante, refiriéndose siempre a Canaria, que "La isla es ahora la más importante de todas, no por su fertilidad, sino porque allí residen la Justicia y el Gobierno de todas las demás". Cierto que entonces se consideraba como la más importante por ser sede de organismos administrativos, no por motivos geográficos y sociales.
En cuanto a la aridez de Canaria, nada hay que explicar; desde hace siglos su paisaje está dominado por secarrales carentes de belleza. Explica Thomas Nichols que "después de la lluvia o de mal tiempo, puede uno caminar llanamente en zapatos de terciopelo, porque el suelo es arenoso". Todos sabemos que un terreno arenoso no es nada productivo.
RADICALMENTE opuesta es la descripción que hace Nichols de la isla de Tenerife, que califica como "la más fértil de todas en cuanto a trigo y, desde este punto de vista, es una madre o una nodriza para todas las demás en tiempos de necesidad? En ella se haya una lengua de tierra que está entre dos poblaciones, la una llamada La Orotava y la otra Realejo, de la que se piensa que no hay en todo el mundo otro lote de terrenos igual. La razón es que esta lengua de tierra produce agua dulce de los barrancos de las montañas rocosas, trigo de toda clase, fruta de toda clase y muy buena seda, cera y miel, y muy buenos vinos en abundancia, con grandes cantidades de azúcar y leña para el fuego".
Administrativamente, como decimos, era Canaria la más importante. Sin embargo, por extensión y riqueza, Tenerife ocupaba ya entonces el primer lugar del Archipiélago. Cabe señalar, por otra parte, que cuando este autor -y también otros- hablan de Canaria, no se refiere a la ciudad de Las Palmas sino a una isla. Isla a la que posteriormente se le añadió la apócope gran para enjugar el complejo de inferioridad que sentían sus dirigentes políticos.
TODO esto es historia. Evidentemente, antes de la conquista había islas que eran fértiles y otras en las que predominaban los parajes desérticos. Islas, en cualquier caso, pobladas por seres humanos, que de pronto se vieron sorprendidos por velas que se aproximaban desde el horizonte. Velas de barcos en los que se acercaban hombres vestidos con corazas, que empuñaban la cruz en una mano y la espada en la otra. Las décadas siguientes fueron de masacre, genocidio, esclavitud, sometimiento de hombres y mujeres, niños y niñas, que luego fueron vendidos como esclavos cual si fueran animales en un mercado público. Ese fue el fin de un pueblo noble y pacífico; un pueblo formado no por salvajes, como han pretendido hacer creer los conquistadores españoles para disfrazar su crimen, sino por personas que tenían una estructura familiar y social bien definida.
Sin embargo, los canarios de hoy tenemos que aguantar a políticos como Luis Mardones, así como a toda la caterva de timoratos, amantes de la españolidad de estas Islas y teóricos del nacionalismo que lo acompañan. Personajes y personajillos que se hacen llamar nacionalistas, pero que no dan un paso mínimo para lograr nuestra soberanía. Está claro que no les importa el crimen que se cometió con los guanches, ni tampoco el bienestar presente y futuro de los canarios. Les concierne sólo su prosperidad personal. ¡Desvergonzados! ¿Cuándo dejarán de mentirle al pueblo canario estos falsos nacionalistas? Las Islas, lo repetimos una vez más, poseen riquezas inmensas, por mucho que lo nieguen cuatro godos deleznables infiltrados en la prensa de Tenerife. Riquezas tangibles y potenciales que, desgraciadamente, sólo benefician a la Metrópoli. Madrid, eso también lo repetimos, se lo lleva todo. Luego, como mal menor, los políticos canarios acuden a la capital del Reino que nos coloniza para mendigar migajas. En esta labor quiere continuar Ana Oramas.
INDUDABLEMENTE, ya no somos las Islas Afortunadas. Lo fuimos antes de la Conquista, pero no ahora. Jamás puede ser afortunado un pueblo sometido. Por eso urgimos a los nacionalistas de verdad, esos que aman auténticamente a su tierra, el planteamiento de nuestra situación colonial en Madrid, en Bruselas y en Nueva York si fuese preciso internacionalizar nuestra demanda de libertad. En ese momento empezará a amanecer en Canarias. Un amanecer a la esperanza política en el sentido expresado por Barack Obama, presidente electo de Estados Unidos, y no según el himno de la Falange Española; que nadie piense mal. Hoy nos quedamos con el "socialista Obama" para que los perros de la ira no nos llamen fascistas.
EXISTE otro motivo importante para ser un país soberano cuanto antes, con bandera y asiento en la ONU. Lo señalaba el pasado jueves Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife, médico de prestigio y un patriota auténtico. "Al principio fue de una manera solapada, sólo sustentada por pretensiones que quedaban en el aire y que eran una cantinela constante, pero las circunstancias habían cambiado; las desidias se habían adueñado de una tierra que no había sabido encontrar su esencia histórica y ya los marroquíes con descaro y contundencia encarrilaban de manera decidida su viejo empeño de ocupar los territorios de las Islas, que, por razones geográficas y hasta genéticas, dicen les pertenece", comienza el artículo de Ayala, titulado Un cuento marroquí (que bien pudiera ser). "Y por ese motivo Canarias continuó poblándose de manera desmesurada, llegando a convivir, a mal convivir, con miles de magrebíes, de subsaharianos y europeos con los canarios que se habían quedado en minoría. En algunas islas, como Fuerteventura y Lanzarote, abundaba más el personal foráneo que el primigenio". Más adelante escribe Ayala en su artículo que "el Estado español había abandonado a las Islas. Lo que no era de extrañar porque a lo largo de su historia siempre había hecho lo mismo. Salió pitando de Cuba, Puerto Rico y Filipinas; y no digamos nada del Sahara Occidental, dejando a un pueblo a los pies de los caballos. Marruecos se encontraba fuerte, y más aun con el apoyo de los Estados Unidos y de los presidentes de raza negra que se habían propuesto reafirmar su poderío, y que tenían cierto resabio con el viejo poder del hombre blanco, que los había machacado a lo largo de sus vidas por lo que querían romper definitivamente los grilletes de una esclavitud que llevaban aún impresa en su conciencia colectiva, cuya égida se inició con Obama".
Qué proféticas palabras. Juan Jesús Ayala habla de un hipotético referéndum celebrado en 2070 en Canarias, para rubricar definitivamente la anexión de las Islas a Marruecos. Nosotros, como señalamos en nuestro comentario del viernes, pensamos que esa anexión no se demorará tanto tiempo. Ocurrirá en cuanto el rey de Marruecos se lo pida a Estados Unidos, en pago por los servicios prestados como gendarme del Imperio en esta zona del mundo, ¿Y qué hará entonces España? Sin duda, como bien dice Ayala, salir corriendo. Lo mismo que ha hecho siempre.
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