F.A.F, S/C de Tenerife
El conserje y vigilante del campo de fútbol de La Esperanza, Salvador Morales Páez, denunció el acoso y la presión del que está siendo objeto por parte del concejal de Deportes, Iván Armas. El motivo de esta actitud es el enfrentamiento que Morales mantiene con la corporación fruto de un incidente ocurrido el 3 de marzo de 2008, cuando el presidente del club de fútbol de La Esperanza intentó agredirlo "por no abrir un vestuario".
Desde entonces este trabajador ha sufrido diversos episodios depresivos que le han mantenido de baja, un tiempo durante el que Iván Armas "ha estado llamándome para decirme que me reincorporara porque estaba de baja porque yo quería". Una opinión que no comparten los médicos de Salvador Morales, quienes certifican que este hombre padece un cuadro de ansiedad e insomnio, y cuyo diagnóstico es una depresión neurótica".
La clave de todo este asunto, a juicio de Morales, reside en la amistad que une a Jacinto, presidente del equipo de fútbol de La Esperanza, con Macario Benítez. Algo que él mismo pudo comprobar cuando, a raíz de su enfrentamiento, aquel le dijo que hablaría con "mi buen amigo Macario" para echarle.
Preocupado por los acontecimientos Salvador Morales se puso en contacto con su superior, Iván Armas, quien trató de concertar un encuentro entre ambos para solucionar el problema. Pero Salvador no accedió "porque estaba en juego mi integridad física".
Tras declinar el ofrecimiento del concejal Armas, Morales siguió desempeñando su tarea con un contrato "en fraude de ley", pues tras tres años de contrato se le despidió durante 28 días, tiempo tras el cual se le volvió a fichar con contratos temporales de tres meses.
En medio de todo esto, bajas por depresión y las ya mencionadas llamadas de Iván Armas para instarle a que volviera a su puesto a pesar del criterio de los médicos.
Además, recientemente Salvador Morales había contratado a un abogado experto en derecho laboralista para que tratara de remediar los continuos dislates que el ayuntamiento cometía con sus contratos de trabajo, hecho que el ayuntamiento trató de evitar con tres escritos, cuanto menos, extraños.
En el primero de ellos, fechado el 27 de octubre, el Ayuntamiento de El Rosario emite un documento en el que: "De conformidad con lo establecido en el artículo 9 del Convenio Colectivo del Personal Laboral, así como las normas vigentes, le comunicamos que su cese en esta empresa tendrá lugar al finalizar la jornada del día 14 de noviembre de 2008".
En estos momentos Salvador Morales se había quedado sin empleo. Días más tarde, el 31 de octubre, los padres del ex conserje y vigilante del campo de fútbol reciben la visita de la Policía Local para entregarles un documento en el que se le asegura a Morales que: "Por medio del presente pongo en su conocimiento que se ha procedido a la convocatoria de la plaza de vigilante, ocupada por usted, para su provisión por el procedimiento legalmente establecido, mediante concurso-oposición y por personal laboral fijo".
Plaza a concurso
Esto es, el ayuntamiento decidió que la plaza que hasta ahora había desempeñado Salvador Morales debía ser sacada a concurso público, no así "las 40 restantes. Sólo las de los tres o cuatro que no comulgamos con Macario".
Indefectiblemente, a los pocos días llegó el último escrito en el que la Corporación de El Rosario indicaba al afectado que: "Por medio del presente se le comunica que a partir del 14 de noviembre, el contrato de duración determinada por obra o servicio, que le vincula al ayuntamiento se convertirá en indefinido".
Para Salvador Morales los hechos están claros: "Al tenerme con un contrato en fraude de ley podía denunciarlos y quedarme con la plaza fija, por eso han decidido sacarla a concurso y hacerme un contrato indefinido".
Lo que desea Morales es que se haga justicia y el ayuntamiento actúe correctamente.
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