"El ruiseñor vanidoso"
Un alegre ruiseñor,
que solícito y cumplido,
de su polluelo en el nido,
cuidaba con gran primor,
procurándole el sabor,
que tanto le deleitaba,
las semillas le llevaba,
fruta y algún gusanito,
y saciado el apetito,
con su calor lo abrigaba.
Feliz, en la sobriedad,
con sus trinos lo dormía,
y siempre le proveía
de cuanto hay necesidad,
pero ¡así es la vanidad...!
cuando buscaba alimento,
vio para dicha y tormento,
de pepitas un tesoro,
y un lecho con pinta de oro
invadió su pensamiento.
Pues la criatura
lo máximo ambicionaba,
con ingenio lo adornaba,
y esmerándose en la hechura,
en joya de gran lindura,
su humilde nido tornó
y orgulloso se creyó
ejemplar padre haber sido,
porque a su bebé querido
todo confort le brindó.
Mas, he aquí que en su ensueño,
del norte se desvió,
ya que en su afán se olvidó
de acurrucar al pequeño,
y concluido el empeño,
cuando a buscarlo volviera,
descubrió que por quimera,
cambió la realidad,
y en la fría soledad
el pichón se le perdiera.
Si alguno, con claridad,
en este espejo se viera,
es posible que no fuera
por pura casualidad,
ante la triste experiencia,
aprenda como lección,
que desmedida ambición
obnubila la conciencia
y armonice con sapiencia
realismo e ilusión.
Prof. Domingo Ruiz
Guzmán
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