PARA CUALQUIER PAÍS, largo o corto, sobre todo si la estructura geográfica o geológica es irregular, el transporte es fundamental. Aunque no mucho tiempo, porque mi isla, La Gomera, tiene poco más o poco menos territorio que todas las demás. Sé, desde pequeño, lo que es transitar o vivir en puntos alejados de esa misma geografía, a los que había que ir y venir a pie hasta las poblaciones mayores y de vida más regular o gran población, en que todo es distinto a una zona rural. Naturalmente, hasta que no tuve la edad suficiente no me sumé a los recorridos en el interior de la ínsula, siempre por la tierra firme, y, a veces, por veredas realmente peligrosas, donde siempre tenía que ir acompañado de una persona mayor. Con uso de razón, a veces me costaba creer que tantas personas, muchas de ellas de edad, podían hacer aquellas caminatas a sitios lejanos, a veces por caminos intransitables, con cestos o cajas de bastante tamaño, donde transportaban las frutas y producciones de las fincas, para vender en las poblaciones u otros caseríos. Eran pocos los que utilizaban burros o mulas en el transporte. Los carros de mulas o, más tarde camiones, tuvieron que esperar por las veredas apropiadas o las carreteras. Lo demás, todo a hombros o, las mujeres, en la cabeza. Y la vuelta a la finca, por el mismo camino, con menos peso, naturalmente, pero por pendientes más inclinadas. Iba con mi abuelo materno a las fincas que tenía en diferentes lugares la familia, aquellas desde las cuales nos traían productos de las huertas casi todos los días.
En La Gomera, el campo se comunicaba en muchos lugares de la isla por la vía marítima. Había un modesto servicio de botes o falúas a motor, que traían la mercancía hasta el muelle de la Villa de San Sebastián o al pequeño muelle de Playa de Santiago, de Valle Gran Rey y de Hermigua y de Agulo, que contaban con sendos pescantes, pero la mayor parte de la carga se transportaba a hombros y en bestias. Además de los servicios marítimos oficiales y de los cargueros que traían mercancías y llevaban fruta, con el tiempo llegaron a La Gomera las líneas de Fred. Olsen, que introdujeron el turismo en la Isla y multiplicaron la llegada de carga por parte y parte. Últimamente, la crisis afectó los servicios de Fred. Olsen y los fruteros casi se retiraron totalmente. Una empresa privada adquirió una embarcación ligera y montó servicio entre Los Cristianos, San Sebastián, Playa de Santiago y Valle Gran Rey, que hace un magnífico servicio a bajos precios y realiza un necesario y fácil servicio a las familias de los usuarios. Este barco está en discusión porque la autoridad marítima le prohíbe, sin causa, el servicio. Las autoridades gomeras luchan contra esta injustificada medida, que castiga principalmente a los gomeros y a los beneficios de la Isla Colombina precisamente en esta época de crisis.
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