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CARTA A PEPE IGNACIO ANTONIO ÁLVAREZ

Horizonte oscuro

16/nov/08 07:32
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Canarias se mantiene un mes más con los precios más altos del Estado al alcanzar el IPC en octubre un 4,3 por ciento, mientras la media nacional descendió nueve décimas respecto a septiembre último, situándose en un 3,6 por ciento. Éstas son las estadísticas oficiales. Uno, que suele ir al mercado, comprueba cada día que la carestía de la cesta de la compra supera con creces los precios de los productos básicos en las islas respecto a la Península, por lo que no me explico, Pepe Ignacio, cómo sobreviven los más de doscientos mil parados que ya hay en el Archipiélago, acentuando así la desigualdad entre los habitantes de las islas, que ya reiteraba el último informe de FOESSA sobre la pobreza y la exclusión en España.

En nuestras calles, al igual que en las de toda España, aumenta el número de marginados y excluidos que no disponen ni para tomar una comida básica al día, y viven en condiciones peores que los perros callejeros. El número de zonas chabolistas infrahumanas que rodean las grandes ciudades crece. Los poblados marginales proliferan, no sólo con canarios, sino especialmente con inmigrantes irregulares. Los comedores y albergues sociales están atascados, pese a que la Iglesia está haciendo un esfuerzo para ayudar, aún en regiones como esta, donde las aportaciones a la Iglesia a través del IRPF se han reducido en los últimos años.

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El turismo, nuestra principal actividad económica, se retrae. Unos 52.000 turistas extranjeros menos en octubre, aunque en lo que va de año haya aumentado sólo el 0,23 por ciento. Y los Presupuestos, sean del Estado o los propios de la Autonomía Canaria, tienen que irse adaptando cada día, como ya ha aceptado el propio Solbes. Esperemos que nuestra presencia en las Ferias Internacionales frene la caída del turismo.

Es decir, como siempre, la acción política va detrás de la realidad social. Hay un desfase entre la realidad cotidiana de los ciudadanos y el mundo estadístico y mediático en el que viven quienes deben resolver los problemas colectivos. Se anuncian medidas que no son más que marketing político, porque luego no se concretan, o tardan meses en beneficiar a los ciudadanos, como esas ayudas a las Pymes para enero anunciadas por el vicepresidente económico al día siguiente de haber reconocido que "los créditos no acaban de llegar a las empresas, ni a las familias", como demuestra el ritmo de destrucción de empleo en el sector del ladrillo y el automóvil y los continuos cierres de empresas pequeñas, medianas y de autónomos.

Mientras tanto, los políticos se suben los sueldos, gastan en lujos innecesarios, harto conocidos, y no cumplen con sus obligaciones, como si viviéramos en lo más alto de la burbuja inmobiliaria. Por cierto, las viviendas tampoco bajan apreciablemente de precio en nuestras islas, como en casi ninguna otra parte del territorio nacional. Apenas unas rebajas puntuales, en según qué urbanizaciones de las más de un millón de casas nuevas construidas y sin vender, que hay ya en toda España. Se advierte un aumento tímido de la oferta de alquiler, pero a precios inasumibles. No se dan garantías para los arrendatarios, y éstos se curan en salud. O no alquilan, o si lo hacen, a precios altos, y cuando las autonomías o ayuntamientos actúan de avalistas. Crece el número de casas que se alquilan por habitaciones, lo que está creando otra burbuja que se presta a múltiples abusos, aparte de incrementarse la marginalidad en esos indignos "pisos patera" que favorecen los ghetos, donde florecen la inseguridad y la delincuencia, de lo que son prueba los frecuentes y preocupantes atracos que vivimos cada semana.

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Y nuestros políticos, encantados de haber salido en la foto de la gran cumbre de Washington, pero no con representación propia, sino compartiendo silla bajo la bandera de la UE. ¿Acabaremos sabiendo cuánto nos ha cobrado Sarkozy por esa media entrada en el paraíso? La foto de ZP con Bush en la cena de la Casa Blanca será la foto más cara de nuestra historia. Alguna empresa española se irá para Francia, y ya se dice que Rusia quiere quedarse con Repsol, aunque sin enterarse el ministro de Industria señor Sebastián, quien admitió que se había enterado por la prensa.

Y es que, en tiempos de crisis, siempre hay pescadores que aprovechan el río revuelto. En Canarias ya se están comprando hoteles a precios de saldo. Porque así aumentan los amigos ricos de Zapatero, el de las mercedes. Ya ocurrió en la otra crisis económica socialista, bajo el mandato de Felipe González, con el expolio de Rumasa, todavía sin que el Estado haya pagado a los expoliados, como tampoco a los de Fórum y Afinsa.

Esta nueva socialdemocracia de millonarios -la de los Brown, los Kirchner, los Lula, los Zapatero-, que en la cumbre de Washington han pretendido resucitar al Estado, el protagonismo de lo público sobre el mercado, es lo único que saben hacer cuando tienen el poder: socializar pérdidas y privatizar ganancias. Es decir, vender a sus amigos, las joyas de la corona. Ya lo hicieron en la República, aunque ahora, la nieta del ex presidente Juan Negrín trate de reivindicar la memoria de su abuelo, acerca de aquel otro expolio de las reservas de oro del Banco de España. Mejor no moviera esas aguas cenagosas, mi hija, que puede acabar hundiendo en ellas a toda su parentela.

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Y encima tienen la geta de dar lecciones, y pedir control con trasparencia al mundo, cuando eso es lo que no aseguran en sus países estos socialdemócratas de caviar. Si hasta el propio Solbes se ha quejado de que el dinero de los fondos de rescate no llega a las empresas y las familias. Pero ¿cómo van a llegar, si los bancos no quieren acudir a la subasta, y las cajas dudan mucho de que puedan recolocar la deuda que adquieran a un precio rentable, aunque las hayan adquirido bastante más baratas que las hipotecas que pagamos los ciudadanos?

De momento, aquí, el IPC no se traslada al mercado de barrio, ni la caída del precio del petróleo tampoco se repercute en las gasolineras. Los precios de los pisos en compra y alquiler siguen inalcanzables, las colas de parados aumentan, así como el número de empresas que cierran y los ayuntamientos y otras administraciones no pagan lo que deben. Todo ello a pesar de las dádivas, con nuestro dinero, que Zapatero, el de las mercedes, anuncia que repartirá a todos, aunque tenga que aumentar el déficit público para asegurarse el voto de aquellos colectivos que piensa son "sus caladeros" aunque cada día aumenta más el cabreo en la calle. Los sindicatos ya empiezan a hablar de movilizaciones, porque la gente ya se está dando cuenta que las promesas zapateriles son sólo mentiras mediáticas que, claro está, se dicen para no cumplirse.

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