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El dolor de muelas

16/nov/08 07:32
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LA CRISIS económica produce en la vida pública española un efecto parecido al dolor de muelas: no es lo más grave que puede ocurrir, no tiene por qué producir efectos letales, pero cuando se padece es imposible pensar en otra cosa. La persistencia de José Luis Rodríguez Zapatero en su deseo de estar en la fotografía de la reunión de Washington ha acentuado entre nosotros aún más esta concentración monográfica de la atención.

¿Es todo esto razonable? No lo sé. Sé, en cambio, que es inevitable: la crisis es muy seria, nos afecta de lleno, en algunos aspectos como el empleo nos golpea más que a otros países, muchas de las medidas indispensables para hacerle frente escapan a nuestro control y dependen de decisiones que se adopten en instancias internacionales. Y, por si todo esto fuera poco, muchos españoles que han vivido unos años por encima de sus posibilidades se resisten a reconocer la realidad, que sólo aceptarán cuando no tengan más remedio, y entonces no deberá sorprendernos que, en lugar de reconocer sus errores o considerarse víctimas de una desgracia, pensarán que son objeto de una injusticia y se sentarán a esperar a que alguien los saque del agujero en vez de arremangarse y ponerse a trabajar para resolver sus propios problemas.

Lamentablemente, no estoy exagerando. España es uno de los países en que más arraigada está la mentalidad que considera que el dinero llueve del cielo como un maná derramado por Papá Estado, que el dinero público no es de nadie (la ex ministra Carmen Calvo dixit), y que el Estado lo obtiene milagrosamente en vez de extraerlo coactivamente del bolsillo de los ciudadanos.

Intervencionismo

Por fin, Rodríguez Zapatero consiguió la que el ingenio popular llama la "Sarko-silla" en la cumbre de Washington. Esto se escribe cuando todavía no ha pronunciado su discurso de siete minutos previsto en la reunión, así que no se sabe si se confirmarán las filtraciones gubernamentales que apuntan a un discurso ideológico que se basaría en la reivindicación de más intervención de los Gobiernos en la economía de sus países y un canto a la resurrección de la socialdemocracia, dando por finiquitada la era de las libertades económicas, o si, por el contrario, se alineará entre los que consideran que la crisis no se debe al mercado libre, sino a las malas prácticas que lo han pervertido, dando lugar -entre otras cosas- a la fabricación de paquetes de activos opacos infectados de créditos incobrables, que nadie sabe en qué Bancos del mundo han acabado su trayectoria. Unos créditos-basura otorgados a destinatarios insolventes, que fueron alentados en Estados Unidos no por los gobernantes más partidarios del mercado libre, sino por los más intervencionistas, como Bill Clinton, por poner un nombre propio inequívoco.

Por la forma en que inicialmente el Gobierno quiso acometer su política contra la crisis financiera en España, las perspectivas son más bien sombrías. En efecto, la idea inicial de Rodríguez era que las ayudas billonarias a los Bancos y las Cajas fuesen también opacas, sin que los ciudadanos supieran cuánto se daría a cada cual, ni a qué destino se aplicarían. Cuando el Partido Popular puso el acento en la imprescindible transparencia que hay que exigir a todas estas operaciones, la reacción de los presuntos destinatarios de las ayudas ha sido de rechazo a aceptar ese dinero (o esos avales, o esos préstamos, que todavía no se sabe en qué consistirá la ayuda concretamente). Incluso el mayor Banco español se ha adelantado a abrir una importante ampliación de capital, acudiendo a sus accionistas y al mercado en general en busca de esa inyección de liquidez que necesita, con tal de no tener que explicar a qué va a destinar el dinero.

Miscelánea

Pero, ¿ha ocurrido algo más, aparte de la crisis económica que ya nos ha puesto al borde mismo de la recesión, y bajando? Desde luego que sí: gallegos y vascos viven ya la trepidación propia de las antevísperas electorales, con la consabida reaparición de la ETA en el escenario, tratando de condicionar los comicios autonómicos; Izquierda Unida sigue sin líder tras la retirada de Gaspar Llamazares; vuelven los rumores de tensiones internas en el PP acerca de la idoneidad de Mariano Rajoy como el hombre capaz de derrotar a Rodríguez; los tribunales continúan amparando el derecho de los padres de familia, que en número creciente plantean objeción de conciencia para que sus hijos no cursen las asignaturas de Educación para la Ciudadanía que el Gobierno pretende imponer como obligatorias; como todos los años, los medios han protestado por los escaños vacíos en el debate presupuestario del Congreso? Sin embargo, todo esto queda oscurecido por la crisis y sus consecuencias, que en España se manifiestan en forma de expedientes de regulación de empleo (eufemismo de destrucción de puestos de trabajo y aumento dramático del paro), desplome del consumo, frenazo en los beneficios empresariales y demás indicadores negativos que se llevan la parte del león en los medios.

Posdata

Casi por sorpresa, el Consejo de Ministros del viernes anunció la aprobación de un proyecto de Ley de reforma del Código Penal -y van?-, que pretende endurecer las condenas por terrorismo y pederastia, y crear dos nuevos tipos delictivos: el de corrupción entre particulares (que muchos creíamos que ya existía y se llamaba delito de soborno, pero que, por lo visto, al ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, no le parece suficiente), y un nuevo delito de piratería. Todo parece indicar que estamos ante una nueva reforma espasmódica al hilo de los últimos acontecimientos, como el secuestro del pesquero "Playa de Bakio" en aguas somalíes, el llamado "caso Mari Luz" y demás. Otra vez. Parece que seguimos sin aprender.

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