NO deja de ser curioso que algunos analistas opinen que una de las razones por las que el presidente Zapatero quería que Obama ganase las elecciones era por conseguir que los Estados Unidos de América ratificasen el protocolo de Kioto (a pesar de que en su momento apoyase leyes contrarias a ratificarlo en el pasado) y participasen activamente en la lucha contra el cambio climático, después de 8 años de manifiesta indiferencia y apatía de George Bush. Y resulta curioso porque no acabo de comprender cómo continuamos exigiendo a los EE.UU. que cumplan compromisos que nuestro país ignora en la práctica y que nos ha convertido en el país de la UE que más se aleja de los compromisos firmados en la ya famosa ciudad japonesa.
Para cumplir efectivamente con el Protocolo de Kioto, España no podrá superar el 15 por ciento de las emisiones de CO2 de 1990 para el año 2012 y, sin embargo, en el 2007 ya superábamos ese valor en nada menos que un 52,3 por ciento. A tenor de esta cifra, que sólo será capaz de aminorar la galopante crisis, es evidente que no estamos para dar lecciones de moral a nadie, y menos a Obama, que ha planteado un programa electoral (hay que verlo en la realidad, pero por lo menos tiene un plan) con verdaderas aportaciones en el campo de la ecología y en la reducción de las emisiones, que pretenden sacar a los EE.UU. de su histórica "adicción" al petróleo y reducir su dependencia estratégica de las importaciones de Oriente Medio y Venezuela.
El plan denominado New Energy for America (Energía Nueva para América) de Obama aspira a crear 5 millones de empleos vinculados a la investigación y al desarrollo de energías limpias y renovables en los próximos 10 años, invirtiendo más de 150.000 millones de dólares, para conseguir que el 10 por ciento de la electricidad provenga de fuentes renovables en el año 2012 y el 25 por ciento en 2025. Otros objetivos consisten en fomentar altas inversiones en energía eólica y solar, además de alcanzar la cifra de un millón de vehículos híbridos (fabricados en el país, es decir, más empleos) circulando en las carreteras en el año 2025, entre otras medidas que buscan alcanzar objetivos ecológicos y de reducción de emisiones de gases (hasta un 80 por ciento en el 2050) a través de la dinamización económica.
Se trata, en definitiva, de aplicar un enfoque keynesiano, es decir, el esfuerzo público se utiliza para impulsar la actividad económica en tiempos de crisis. No es la primera vez que se hace, lo desarrolló, entre otros, el presidente Roosevelt con su famoso "New Deal" (1933-36), con la construcción de carreteras e infraestructuras. Ahora, Obama aplica la misma receta en el campo de las energías renovables y limpias, pero con importantes beneficios secundarios, como reducir la dependencia energética, luchar contra el cambio climático reduciendo emisiones y -no menos importante- abaratando el creciente coste de la energía para sus ciudadanos.
En la España folclórica y poco seria en la que vivimos, donde priman más los discursos sin contenido que los hechos, lo más similar que tenemos es el modesto Plan VIVE (de Sebastián, mi ministro favorito) para financiar un coche "ecológico" al cambiarlo por uno viejo (15 años) y cuyos resultados están siendo especialmente decepcionantes en sus titubeantes inicios; o regalar bombillas de bajo consumo. Las comparaciones son odiosas. Y, desde luego, estos no son argumentos serios para llegar a Washington, y sacar pecho de conciencia ecológica y responsabilidad ambiental. Al menos a mí no me lo parecen.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD